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Alicia era una niña de nueve años como cualquier otra, era hija única, todo en su vida era tranquilo y feliz, excepto por aquel momento en que sus padres le daban las buenas noches, la besaban en la frente y apagaban la luz de su habitación, esos momentos en que Alicia se encontraba sola en la obscuridad eran la parte horrible de su día. Todas las noches, la indefensa niña sentía que alguien se paraba al lado de su cama y la miraba fijamente, ella alguna vez entre sueños pudo abrir los ojos y no daba crédito al ver que algo se encontraba ahí, pero cuando gritaba y entraban sus padres a la habitación, no había ni señal de la presencia de alguien, ni un juguete en otro lugar del que habitualmente estaba ni nada fuera de lo común, por lo que obviamente los padres deducían que todo era producto de su imaginación o pesadillas. El más grande temor de Alicia se daba cuando en medio de la noche, ella necesitaba pararse para ir al baño, se sentía vigilada, como a todos nos ha pasado alguna vez cuando volteamos hacia atrás por sentir que alguien nos mira, para desgracia de Alicia sus papás la reprendían si mojaba su cama, lo cual había sucedido en numerosas ocasiones.Un buen día los papás de Alicia, cansados de la situación decidieron que, para que su hija no se sintiera tan sola sería una gran idea comprarle un perrito, que fuera su amigo y le hiciera compañía, y asi fue. Al momento de entregarle al perrito a Alicia, sus papás le dijeron que cuando tuviera miedo de salir al baño o simplemente tuviera una pesadilla, bajara la mano a los pies de su cama y ahí estaría su amigo el cual le lamería la mano para darle valor y para que se sintiera en compañía. Y así fue, Alicia tomó la costumbre de que, cada vez que le daban ganas de usar el baño, bajaba la mano y sentía que Chato (así había bautizado al perrito) la lamía y con eso ella tomaba el valor necesario para ir, y así pasó un buen tiempo sin ningún problema. Los papás de Alicia no podían estar más felices con la situación, veían que su hija ya no pedía dormir con ellos, o que se quedaran en su habitación, y en toda esa semana Alicia no mojó la cama ni por casualidad.
Un día la pequeña se encontraba en su cama, ya eran alrededor de la 1 de la madrugada pero había un ruido muy desagradable que no la dejaba dormir, era el ruido de una gotera que venía del baño de su cuarto, por lo que la niña dedujo que probablemente había dejado entreabierta la llave del lavamanos o de la regadera, y como ya era costumbre, bajó la mano, sintió la lamida que siempre le daba valor y se dirigió sin problemas a cerrar esa molesta gotera, cuál sería su sorpresa y su terror al ver la horrible escena en el baño, ¡No era una gotera! al menos no de agua, su perrito se encontraba amarrado del cuello con una cuerda en el tubo de la regadera, con el estómago abierto por completo y la sangre cayendo hacia la bañera. Al voltear para intentar correr no pudo evitar ver el espejo de su baño en el cual se encontraba la siguiente frase escrita precisamente con la sangre de su perrito : " LOS LOCOS TAMBIEN SABEMOS LAMER" y, antes de que Alicia pudiera soltar un grito de terror, atrás de ella se encontraba él, la persona que la había estado vigilando por tanto tiempo. Era un hombre pálido, sin un solo cabello en la cabeza y con una camisa de fuerzas rota y sucia, era un demente que había escapado del manicomio un tiempo atrás. El loco tomó a Alicia por el cuello y justo frente el espejo, ante la mirada de horror de la pobre criatura, sacó un cuchillo y le cortó el cuello a la niña de oreja a oreja.
FIN
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