|
|
|
|
Bueno, esta es una pequeña parodia de los psicópatas de exquisitos gustos y refinada educación y de aquellos a los que no les gustan los bacalaos y las canciones del verano :)
IN CRESCENDO
La prensa, aquella mañana, decía poco más o menos que el personaje de ficción Hannibal Lecter, sería un inculto y un analfabeto al lado de este asesino en serie de la vida real.
Estaba comprando el periódico en el quiosko de la esquina de mi apartamento, como solía hacía todas las mañanas, intentaba leer algunas líneas, allí mismo, de pie, mientras recibía algún que otro empujón por los peatones que circulaban con celeridad para llegar temprano a sus trabajos.
Todo había empezado hacía un mes, cuando me incorporé al departamento de policía, lo primero que me asignaron fue retomar todos los casos que estaban estancados y ver si de alguna forma podía reactivarlos. Para ser un recién salido de la academia de policía pusieron a mi disposición bastantes recursos en forma de accesos a bases de datos, me dieron una larga lista de logins y passwords.
Una noche, me había quedado hasta tarde, leyendo una lista de todos los nombres de desaparecidos y víctimas en el ordenador. Estaba realmente furioso, ¿cómo coño pretendían que un novato, averiguara algo viendo miles de datos en una pantalla? En ese momento volví a pensar en mi futuro como músico ambulante, tocando el piano de bar en bar, de pueblo en pueblo, de provincia en provincia, sin una estabilidad económica, sin un domicilio fijo. Sí, mis padres tenían razón, lo mejor que hice fue estudiar criminología y dejar el piano a un lado, como un hobby, como me habían aconsejado muchas veces.
No sabía cómo tratar estas desdichadas listas, las ordené y separé por fechas, por el arma con se cometieron los crimenes, por edades. Y de pronto, cuando ya no sabía como manipularlas, las ordené por el nombre y el sexo de la víctima. Créanme, así empezó todo, por muy chorra que parezca.
Alejandra (1 aparición en las listas)
Alicia (2 apariciones en las listas)
Carmen (1 aparición en las listas)
Begoña (3 apariciones en las listas)
Diana (1 apariciones en las listas)
Dolores (4 apariciones en las listas)
Doris (4 apariciones en las listas)
Esther (1 aparición en las listas)
Erika (1 aparición en las listas)
Francisca (1 aparición en las listas)
Fabiola (5 apariciones en las listas)
Faustina (6 apariciones en las listas)
Fanny (7 apariciones en las listas)
Jenny (1 aparición en la lista)
Laura (8 apariciones en las listas)
Laureana (3 apariciones en las listas)
Maria Angeles (1 aparición en la lista)
Milagros (4 apariciones en las listas)
Miriam (2 apariciones en las listas)
Minerva (6 apariciones en las listas)
Remigia (7 apariciones en las listas)
Remedios (6 apariciones en las listas)
Rebeca (5 apariciones en las listas)
Soledad (10 apariciones en las listas)
Silvia (4 apariciones en las listas)Habían algunos nombres de mujeres poco usuales que aparecían demasiadas veces.
Luego, las ordené por apariciones y fechas, y me atreví a ir más allá, esto era a nivel metropolitano, pero qué pasaría si buscaba en las bases de datos de todo el país. Menos mal que tenía los login y los password necesarios.
El número de apariciones aumentó.
Algo había en esas fechas, entre una y la otra, que parecía calculado.
Sí, estaba claro, todas estas muertes no podían ser casuales. Esos nombres no eran muy comunes. Y no se porqué me producía una extraña sensación el leerlos.
Me llevé la lista impresa a mi apartamento y sentado en la cama con el órgano electrónico en mis muslos empecé a tocarlo. En un juego inconsciente tocaba con una mano mientras con la otra sostenía la lista leyéndola y releyéndola. Tocaba "Su blanca palidez". El vello se me erizó y unas gotas frías de sudor empezaron a surcar mi frente. No, no era por ese sutil juego del título lúgubre de la canción con la víctimas de la lista.
Aquello ahora no era una lista.
Se había transformado macabramente en una partitura.
Do-lores, Re-medio, Mi-guelina, Fa-biola, Sol-edad, La-ura, Si-lvia. Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si.
Empecé a tocar, casi sin darme cuenta, en mi órgano electrónico, una composición hermosísima, algo que me recordaba El Bolero de Ravel y El Cascanueces al mismo tiempo, pero era diferente, muy diferente y sin embargo evocadora de estas dos obras maestras.
Las fechas no sólo me indicaban el orden en que debía tocar las notas formadas por las primeras letras de las víctimas sino además el tiempo de cada nota. Aquella melodía era demasiado hermosa para ser una casualidad.
Si era casual o no lo sabría dentro de poco. Cuando comprobando las bases de datos apareciera alguien con algún nombre que empezara por una nota musical. De nuevo el vello de mis brazos volvió a erizarse.
No sabía si comunicar todo esto a mis superiores. No, no lo haría. Pensarían que estaba sonado y nunca mejor dicho. Si volvía a cometerse un homicidio con uno de estos nombres entonces estaría seguro de que aquello no era fortuito.
Observé que una de estas mujeres estudiaba en un Instituto de Música cercano. Así que decidí dar un paseo por allí a ver si podía averiguar algo.
La academia era una construcción de estilo Gótico. No habían muchas personas pues era verano y seguramente lo único que se impartirían serían los típicos cursillos de esa estación. Me detuve en los tablones de anuncios y me dediqué a leer las listas de los alumnos. Vi a una tal Renata en el primer curso, su apellido era italiano.
En aquella macabra partitura que hacía dos días había descubierto, ¿qué nota musical vendría ahora?. ¿Una Re?,
Sí, una Re quedaría bien. Sostenida.
Paseé por los pasillos, hablé con algunos profesores a ver si recordaban a Dolores. No saqué nada en claro y volví de nuevo a mi oficina.
Mierda, Renata Riccione había sido hallada muerta en un descampado, hacía unas horas, comprobé en el ordenador. La misma Renata que ví esa misma mañana en el tablón de anuncios de la Academia de música.
Tuve un plan algo descabellado. Me citaría con todos los profesores de música de aquella Academia en una sala donde hubiera un piano y les tocaría su mortal partitura, así observaría sus reacciones.
Me puse manos a la obra.
Entró el profesor Mauricio Cervando. Nos presentamos. Le pregunté si conocía a Renata. Me dijo que sí como todos los demás a los que había entrevistado y que habían permanecidos impasibles al tocar en el piano aquellas notas sangrientas. Pero cuando se las toqué a él, reaccionó distinto, su frente se humedeció, su labio inferior empezó a temblar levemente. Con voz trémula me dijo. Es muy hermoso, ¿sabe quién la compuso?.
Esa pregunta me exasperó, bueno yo pensé que me iba a decir "tócala de nuevo Sam", y le contesté tarareando Do, Fa, Fa, Mi, Re, Sol… cuando me di cuenta de que esbozaba una cínica sonrisa entonces me vi a mí mismo como Julie Andrews en 'Sonrisas y Lágrimas' cantándole a los niños aquella canción cuya letra eran las notas musicales. Me detuve sintiéndome en cierta manera algo ridículo.
"No, es lo que pretendo averiguar", le dije recomponiendo la compostura. En aquel momento supe que él era el causante de todas aquellas muertes, pero no podía detenerlo, no tenía ninguna prueba, sólo sospechas. Le pregunté donde había estado durante ciertas fechas donde los crímenes fueron cometidos fuera de la provincia y no se acordaba.
Al día siguiente estaba sentado en mi despacho, revisando los datos del asesinato de Renata Ricione, y preparando un informe a mis superiores de mis conclusiones, cuando recibí una llamada a través de la centralita.
El profesor Cervando preguntaba por mí.
Acepté la llamada y me dijo que fuera al auditorio de la Academia lo más rápido posible. Su voz sonaba excitada, ansiosa. No me dejó hablar, colgó el teléfono, como si estuviera seguro de que acudiría.
Cuando entré en el auditorio, el profesor estaba en el escenario con todos sus alumnos, en sus respectivos puestos, algunos lloraban, otros al verme entrar gimieron, estaban aterrados y no supe por qué.
- Pase y siéntese Detective, en la primera fila, por favor. Todos estos alumnos están conectados a una carga explosiva en sus asientos y yo mismo tengo una en mi cuerpo. ¿Ve estas dos batutas? son metálicas, y si hago contacto entre ellas la detonaré. Así que por favor no intente nada, sólo quiero que quien me descubrió y la prensa escuchen esta sinfonía. Esta bella sinfonía.
Observé, aparte de que las batutas brillaban ciertamente como si fueran metálicas, que unos cables salían de sus mangas y se unían a éstas. No debía estar mintiendo.
Avancé hasta la primera fila y me senté.
A continuación entró un periodista justo detrás mío con un cámara de televisión y dijo con cierto tono de guasa.
- Me dijeron que viniera a este auditorio que iba a tener una primicia. ¿De qué se trata?
- Ustedes siéntense al final de la sala, y grábenlo todo. Luego el detective les aclarará de qué se trata. Bien, antes de empezar el concierto, detective, se lo explicaré todo a usted que fue quien me descubrió. Cometí el error de matar a dos personas de este mismo Centro. Pero es que siempre me he sentido atraido por todos los nombres de mujer que empiezan por las notas musicales. Doooo-lores, Reeeee-migia, son hermosos nombres, muy hermosos. Hoy en día triunfan sólo las canciones de veranos, las músicas bacalaos, la mierda en definitiva, así que pensé ¿cómo se podría componer una música que pasara a la historia? Siii, ha acertado, con sudor… y con sangre.
Mientras en su locura me iba exponiendo sus sinrazones me di cuenta que una de las gimoteantes mujeres de las flautas tenía manchas de sangre salpicadas en el rostro, a su lado estaba tendido un hombre que seguramente intentó levantarse y activó la carga explosiva. El hijo puta éste debía saber bastante de explosivos, para que la onda expansiva sólo afectara al que se levantara, tuvo que hacer sus cálculos.
- Cada día que pasa, -prosiguió aquel chiflado -los compositores e intérpretes de la verdadera música estamos siendo relegadas a círculos cada vez más pequeños y más pequeños - Me decía mientras trazaba esos círculos en el aire con sus batutas.- En fin, los traje aquí para que escuchen esta obra en su plenitud. Hoy en día los veranos duran demasiado. Luego me entregaré detective, se lo prometo. Pero si intenta detenerme antes, saltaré por los aires. Cuando hice el servicio militar en el cuerpo de Ingenieros aprendí algo de ese tema.
Las batutas empezaron a moverse rítmicamente, suave en un principio, pero cada vez las movía más frenéticamente, así que empecé a buscar un parapeto, algo donde cubrirme, por si las rozaba.
La música era hermosa, llegué a creer que los componentes de aquella patética orquesta tenían los ojos llenos de lágrimas por el sentimiento que les producía aquella conmovedora ejecución.
¿Cómo era posible que una mente tan creativa pudiera hacer algo tan destructivo como asesinar?
Las batutas hacían piruetas en el aire, Mauricio las movía como pinceles, como si fuera un pintor. Luego iban y venían como espadas, Mauricio parecía un espadachín, luego como banderillas, las clavaba como un torero.
Y la música, Dios santo, que trágicamente bella era la música.
La composición entró en una fase de silencio y los tambores empezaron a sonar en un tímido redoble, que poco a poco iban desvaneciendo el silencio.
En ese momento in crescendo de la obra, empezó a sonar mi móvil con el tono "no cambies, no cambies".
Mauricio volteó bruscamente su rostro y me clavó su mirada hostil como si hubiera cometido el único pecado absoluto que existiera en el mundo. Supe lo que iba a pasar.
Con toda su mala leche unió las dos batutas. Una explosión culminó el redoble de los tambores.
Me agaché con el reflejo de un felino, y escuché otras dos explosiones. La onda expansiva de Cervando habría tirado a algunos de los músicos de sus asientos activándose las cargas.
El brazo amputado por la explosión de aquel peculiar director de orquesta golpeó mi cabeza sujetando aún con firmeza la brillante batuta metálica.
Me levanté cogiendo el brazo y pedí tranquilidad a los músicos, que no se movieran y que llamaría inmediatamente a la unidad de artificieros de la policía.
En ese momento los periodistas se me acercaron y me bombardearon con miles de preguntas, mientras pulsaba las teclas de mi móvil. Al mismo tiempo que contemplando el brazo lo soltaba lo único que pude contestarles fue: A la porra. Y gangrena.
Inconscientemente había recordado un relato de Mario Bennedetti. que me regaló un amigo en un cumpleaños y que en tono de broma me dedicó unas líneas diciendo "léete el relato de Muzak, no te vaya a pasar lo mismo", haciendo referencia a mi obsesión en aquella época por los clásicos.
Mientras estoy de pie enfrente del quiosko de prensa miro el reloj, se me está haciendo tarde y tengo que estudiar un nuevo caso que empezó justo cuando terminó éste. Los presentadores y colaboradores de un programa de esos denominados basura estaban siendo asesinados. ¿Será un guionista con pretensiones de novelista el asesino?
Cuando iba a pagar el periódico el quioskero me preguntó.
- ¿No quiere llevarse el CD que viene con el periódico por un euro más?, son los éxitos del verano de los últimos diez años.
Banda Sonora Original de venta en todas las grandes superficies de españa.(incluye el tema del móvil) ;)
Copyright Carlos Miguel Córdoba Murillo.
e-mail: carlmig@teleline.es.
![]()
OMEGA ukoback
Bueno, voto por este relato que me dejó al principio con un nudo en la garganta y luego con una gran sonrisa en el rostro al final.
Lo que no me gustó de él, fue en la parte donde los chicos de la orquesta se quedan sentados y el oficial saliendo por la puerta, siento como que le faltó un poco de emoción en esta parte, pero de ahí en fuera es muy bueno para mi gusto.Ayuda a que no desaparezca la web, pincha aquí
![]()
[VOTAR CUENTO DE FICCION y mi opinión]
recuerda poner tu nombre, ciudad y país para el voto

Webs relacionadas ciberanika | Anika Entre Libros | Anika Cine Magazine | Vinilo |© Todos los derechos reservados. No plagiar ni copiar el contenido de la web.