RELATOS DE FICCION DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
Anika (Valencia. España)
Para Libby
Drew y Libby tienen 3 años

Drew nació un mes antes que Libby. Los médico-mercaderes la sacaron de la madre artificial y se la entregaron a Janine cuando ésta no podía verse ya los pies. Abrazó a la pequeña y le sonrió forzadamente, pero de nuevo aquella extraña sensación le impulsó a rechazarla. Sabía que no podía hacerlo, era su madre, de modo que se la llevó a casa y la dejó en la cuna. Drew pasó muchas horas sola en su cuna y Janine dedicaba ese tiempo a repasar una y otra vez la partitura creada para Libby, cuya búsqueda de serenidad no conseguía llegar hasta ninguna de las dos.

Ahora tienen tres años y ambas están en el parque. Está repleto de juguetes, algunos sólo son peluches pero otros son didácticos, creados para las nuevas generaciones. Estos juguetes impulsan a los niños a ejercitar la inteligencia y la creatividad pero Libby no les presta atención. Su juguete preferido es un peluche con forma de conejo. Drew prefiere los mecanismos complejos, ella pertenece a la generación nueva, aquella que progresa con la modernidad mediante manipulación genética. Al contrario de lo que podría sospecharse, Drew sonríe con ternura y simpatía mientras juega, y Libby mira ceñuda a su peluche.
        Drew, creada en los laboratorios, es una niña normal con un alto nivel de inteligencia.
        Libby no es del todo normal. La manipulación le ha llegado a través de las sensaciones antes incluso de nacer.
 

Janine está en su cama arrepintiéndose de los mimos excesivos que concede a Libby y que niega a Drew. Sabe que es horrible lo que hace pero no puede evitarlo, por eso piensa en Libby y se pregunta qué ha hecho mal.
        La primera vez que Libby alzó las tijeras y se plantó frente a Drew con los ojos ceñudos, Janine estaba tocando su partitura.
        La primera vez que Libby arañó y mordió a Drew, Janine estaba tocando su partitura.
        La primera vez que Libby empujó por las escaleras a Drew, Janine estaba tocando su partitura.
        Y así varias experiencias, recuerdos que atormentan a Janine, que la hacen retorcerse en la cama, arañarse a ella misma, llorar desconsolada, balancearse abrazada a las piernas...
        Cuando su marido entra en la habitación su rostro de preocupación le delata.
- ¿Qué te pasa ahora? –su pregunta no puede evitar tener una pizca de ironía. Después de todo está cansado de la situación porque son tres años viviendo aquel terrible cambio en su esposa.
        Janine no contesta pero tararea su partitura.

En el parque, a Libby le llega el murmullo del canto y gira su rostro hacia Drew. Su hermana está jugando, sonríe felizmente y da palmadas cuando acierta la respuesta de su juguete electrónico. Libby respira hondo, frunce el ceño, alarga la mano hasta un xilófono de jueguete y lo estampa contra la cabeza de Drew. Después se pone a llorar.

Una especie de resorte maternal se dispara en Janine que sale despedida de su habitación y corre en auxilio de su hija. Ella cree que a Libby le ha pasado algo pero lo que encuentra es a la pequeña Drew tumbada, aparentemente desmayada y con un corte alarmante en la cabeza del que corre la sangre.
        Janine coge en brazos a Libby para tranquilizarla y tiene que ser su marido quien se ocupe de Drew.
- ¿Está bien?.- Pregunta Janine nerviosa:- ¿Está muerta?
        Él comprueba su respiración y luego hace una llamada por teléfono. Pide una ambulancia. Después mira a su mujer.
- No sé qué hemos hecho mal Janine, pero no es normal que Libby tenga estos instintos. Quizá tenías tú razón y no debimos tener un hijo por métodos propios cuando la evolución natural está tan degenerada, quizá fue un error seguir intentándolo una vez compramos a Drew. Los niños fabricados son perfectos y…. –no puede seguir hablando y regresa al parque para tapar la herida de Drew.
        Libby se chupa el dedo gordo, mira desde su cómodo lecho a la mujer que tanto adora y que tantas sensaciones confusas le transmite, pero en cierta forma se siente segura entre sus brazos.
        Janine no deja de mirar a Drew. Tiene los ojos desorbitados, aprieta fuertemente a Libby que comienza a llorar y el miedo a hacerle daño la hace entregar a su marido a la pequeña haciendo que la pequeña se tambalee en el aire.
- Ocúpate tú Janine, yo tengo que ocuparme de Drew. –Le dice él tajante.
        Janine comienza a balancearse y respira hondo. Pasea con Libby de un lado a otro y ve a su esposo marcharse con Drew camino de la ambulancia que está esperando en la puerta.

        Janine se queda sola con Libby.
        Deja de caminar y vuelve a balancearse.
        Libby deja de chuparse el dedo y mira fijamente la barbilla de su madre. Está acurrucada en sus brazos.
        Janine abre un poco la boca, está ahogando un lamento. Le tiemblan los labios.
        Libby frunce el ceño, pero esta vez es porque va a llorar. Está notando lo que le ocurre a su madre y siente empatía.
        Janine comienza a tararear su partitura y su mente vuelve a perderse en pensamientos oscuros. Se ve a ella misma golpeando a Drew, acuchillándola, atormentándola, maltratándola… Una vez escuchó que esos pensamientos ocurren cuando la persona está sometida a una gran presión, que no significaba que pudiera ocurrir, pero que a quienes les pasa se sienten aterradas porque tienen miedo de sí mismas.
        Janine tiene miedo de sí misma.
        Libby siente algo extraño y tensa su cuerpo. Le resulta incómodo estar en brazos de su madre. La música con la que se crió dentro de su madre le está transmitiendo nuevas sensaciones. De nuevo tienen que ver con la furia, pero esta vez no está Drew allí. Libby tiene que aguantar las ganas y una especie de shock se produce en su mente tarándola definitivamente para el resto de su vida.
 

Tres años antes
Año 4.400

Janine entró en la aséptica sala de los embriones acompañada de los médico-mercaderes. Los tubos contenían a futuros niños, rubios, altos, atléticos, con ojos almendrados, o achinados, o azules, o violetas… La gama a elegir era impresionante y Janine nunca había estado tan nerviosa. La guiaron hasta un pequeño despacho que quedaba al final de la sala y le pidieron que se pusiera cómoda. Ante ella uno de los médico-mercaderes dejó un álbum electrónico y le animó a curiosear en él.
- También tiene la opción de poner en este campo de texto sus preferencias y aparecerán fotografías digitalizadas de cómo será su hijo.
        Janine estaba nerviosa. Su marido insistía en que debían tener el hijo por métodos naturales y le aseguraba que el embarazo podría llegar en cualquier momento. Y así fue, sin embargo Janine ya había elegido a su bebé y el proceso se puso en marcha casi al mismo tiempo en que su barriga empezó a crecer.
 

Cuatro meses después

Estaba embarazada de cuatro meses y tenía miedo de rechazar al bebé que había elegido en Perfects Babys. Ahora, en sus entrañas, crecía el ser que su marido y ella habían engendrado, y a éste lo sentía, lo adoraba aún antes de nacer, lo deseaba y lo necesitaba incluso más que al otro que crecía en el laboratorio. Se recriminaba el haber hecho la elección sin consultar a su marido pero todos esos problemas ya estaban hablados, solucionados y zanjados. Tan sólo quedaba algo que le preocupaba de forma muy particular: el amor que sentía por su bebé biológico le hacía rechazar al otro bebé al que ella, con una simple firma, había dado también la vida. La culpabilidad no le permitía tener un embarazo tranquilo.
        Para combatir su estado nervioso se sentaba ante el viejo piano heredado de la familia y buscaba la canción ideal para relajarse. Así fue como creó la partitura que su bebé comenzaría a escuchar al sexto mes de embarazo, “Para Libby”. Janine, una y otra vez, la tocaría obsesivamente buscando paz sin conseguirlo, y su bebé, una y otra vez, la escucharía desde su cómodo hogar líquido sintiendo en su interior las sensaciones más confusas que sentiría en su vida y que dirigirían su conducta.
 
 

EPILOGO

Cuando cumplan quince años, Drew estará viviendo en casa de sus abuelos y Libby degollará a su madre al escuchar la partitura que tantas sensaciones confusas le transmitía el canto de locura de su progenitora. A partir de ese momento Libby tendrá que someterse a un internamiento psiquiátrico durante veinte años para superar los horrores que la embargarían desde antes de nacer y que forjarían su extraña e impactante personalidad.

Libby mirará a las paredes durante doce horas al día. Comerá como una autómata, dormirá como una autómata… y sólo reaccionará con respiración agitada y furia incontrolada al evocar la partitura “Para Libby”.

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Diana Sánchez
Me gusta este relato porque es original y tiene un porqué, además habla sobre un mundo futuro y por eso tiene mi punto.

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