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Quedaban cinco minutos para que cerrara la discoteca y tanto Beatriz como Nuria se plantearon la posibilidad de ir al baño para descargar tanto whisky con coca-cola ingerido, no fuera que durante el camino a casa, en la vespino de Bea, se congelaran con las frías brisas del amanecer y tuvieran que parar en mitad de la carretera para orinar a la vista de los más madrugadores.Las colas en el cuarto de baño eran siempre importantes y no lo eran menos a las cinco y media de la mañana, de modo que aguantaron el tipo codeándose con algunas chicas que a aquellas horas ya babeaban y con otras que, como ellas, sólo quería salir de allí más despejadas y tranquilas y que dejaran de notarse los ticks nerviosos producidos por la ingesta de cocaína.
Cuando les tocó el turno entraron las dos al mismo lavabo. Las jóvenes que tenían que entrar después de ellas decidieron irse porque la canción de “My way” de Nina Simone sonaba ya por los altavoces, y una vez terminara todo el mundo sabía que las puertas se cerraban hasta el siguiente fin de semana. Si se daban prisa no había problema, había algo de tiempo.
Bea fue la primera en orinar. Nuria se echaba el pelo para atrás y procuraba que el tic nervioso bucal no se le notara tanto. No podían llegar a casa “ciegas”, había que vaciar vejigas, lavarse la cara, pasar algo de frío en la moto y llegar despejaditas, lo suficiente para disimular el resultado de aquella fiesta de desenfreno si se cruzaban en el pasillo con un padre madrugador.
El movimiento no fue apenas perceptible. De haber estado en un local tranquilo cualquiera de las dos chicas habría apreciado el leve movimiento del cubículo donde estaban encerradas, sin embargo entre el sonido atronador de la canción que despedía el fin de semana y los restos de droga que aún pululaban por su sangre, ninguna de las dos se percató de que aquel cuarto de baño se estaba convirtiendo en un zulo y que los pocos metros cuadrados que lo conformaban estaban girando y cambiando su posición, rodando sobre sí mismos… encerrándolas definitivamente y sin posibilidad de escape.
Cuando Nuria terminó de bajarse la falda Bea asió el pomo de la puerta y tiró.
- ¿Qué pasa?
- No va tía, nos hemos quedado encerradas.
- Quita, que lo intento yo.
Nuria agarró el pomo y tiró de ella pero no encontró la forma de salir. De pronto se dieron cuenta de un detalle: habían dejado de oir la música hacía unos segundos, pero ninguna de las dos recordó escuchar el final de “My way”.
- Nos vamos a quedar encerradas Bea. ¡Grita.!
- ¡Ayudaaaaaaaaaa! ¡Estamos en el baño!!!!!!!!!
No supieron cuánto tiempo gritaron, y de hecho procuraron tranquilizarse y observar el suelo, las paredes, las rendijas de ventilación, cualquier detalle que les descubriera la forma de hacerse oir, pero aquella habitación se había convertido en un zulo insonorizado.
- Bea, estamos atrapadas y no hay forma de salir
- Cállate Nuria, no jodas, nos oirán, ya verás… ¡Estamos en el baño, ayudaaaaaaaaaa!
Bea golpeaba la puerta con las manos y su amiga, que hasta aquel momento había estado paralizada por el miedo, reaccionó contagiándose del pánico y golpeó todo lo fuerte que sus manos le permitieron.Ningún sonido excepto sus gritos, sus lamentos y los golpes a la puerta. Si esto hubiera sucedido en el bosque cualquier individuo habría pensando que el bosque estaba encantado o que una bestia asesina se movía entre los árboles. Era antinatural.
Se abrazaron llorando, pensando en lo extraño que resultaba que no se escucharan las habituales charlas de despedida, los gritos del guardia jurado de la puerta buscando rezagados, sonidos habituales de otras ocasiones que ellas habían escuchado y que ahora no existían. El rimel corrido por las lágrimas, los pintalabios emborronando sus mejillas de tanto restregarse las caras nerviosas, los cuerpos tensos buscando la tranquilidad que la otra no tenía... Eran un manojo de nervios y desesperación.
Cuando la puerta se abrió todo era oscuridad y las dos gritaron horrorizadas por no saber a qué se estaban enfrentando. Se golpearon contra la pared huyendo de los individuos vestidos de negros y con pasamontañas que ocultaban su rostro, y gritaron, mordieron, patalearon y arañaron con el fin de escapar a lo inevitable.
Un pinchazo proveniente de jeringuillas que portaban los desconocidos las dejaron sin sentido, y cuando despertaron estaban atadas a unas sillas. No había espejo donde mirarse pero Nuria observó que a Bea no le quedaba un pelo en la cabeza y sobre sus mismas piernas caían deslucidos sus propios tirabuzones negros. Las habían rapado. ¿Para qué?.
- ¿Bea?. –Su voz sonó lastimera, pero en realidad estaba asustada.
A Bea le estaba costando más esfuerzo despejarse. Escuchó su nombre y abrió los ojos pero vio a Nuria borrosa.
- ¿Dónde estamos? –preguntó.
- No lo séeeee…. –lloró- pero estamos atadas Bea…Una mirada a su alrededor les mostró otro habitáculo en penumbra. Estaban al otro lado de la puerta del baño aunque ellas no supieran identificar el lugar. La poca luz que llegaba provenía de una pequeña ventana situada a gran altura. Había una puerta pero no podían acercarse hasta ella si no era dando saltitos pues las ataduras no estaban sólo en sus manos… ambas chicas estaban amarradas a las sillas.
Entonces se abrió la puerta y la luz penetró en la estancia cegándolas momentáneamente.
Tres figuras masculinas entraron en la habitación. Uno de ellos llevaba una cámara de fotos y una bolsa de la que sobresalían lo que parecían pelucas. Encendieron la luz y las chicas agacharon sus caras tratando de huir del flash.
- Dan bien a la cámara. –Dijo uno de ellos.
- Será una gran película. –Afirmó otro:- Usted es el cliente ¿qué opina?.
Se dice que un cierto número elevado de chicas jóvenes desaparecen en los probadores de las tiendas de ropa, en los cuartos de baño de las discotecas y pubs y otros lugares públicos quizás para la trata de blancas, snuff movies u otro tipo de secuestros. También se dice que esto es una leyenda urbana, la búsqueda de traer mala fama a un local pero… ¿alguien sabe dónde están esas chicas que desaparecen?©Anika. Ciberanika.comDedicado a todas esas mujeres que desaparecen para siempre, y también a aquellas que aparecen asesinadas, violadas o descuartizadas. Aunque no os lo creáis, los que quedamos aquí sí os recordamos incluso sin haberos visto nunca en nuestra vida (niñas de Alcasser, seguís vivas en nuestra memoria y esperamos ver algún día la justicia policial o divina, y si nos queda un ápice de valor seguiremos proclamando justicia). Por vosotras.
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Enric Viguer (Valencia, España, y Ordino, Andorra, indistintamente)
Bien, un buen bocado de entrada, quizá hubiéramos podido describir mejor el estado de ansiedad y el susto mientras están encerradas, pero vamos bien. La atmósfera, muy bien.
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