RELATOS DE FICCION DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
Roser
Error
¿Qué siento en mis oídos? ¿Es frío? No, es una palabra de despedida. ¿Pero cómo? Estoy sola en el salón. Un escalofrío recorre mi mente.

- Mi abuela.

Exclamo. Subí corriendo hacia la habitación de mi querida abuela. Con temor, abrí la puerta. Estaba ahí, como de costumbre. Tumbada en su cama, echando la siesta. Me acerqué. Aparentemente estaba dormida. Con sigilo salí de aquella habitación con olor a naftalina. Me dirigí a la habitación contigua. Mi habitación. Me tumbé en la cama, con la luz apagada. Cerré los ojos y me quedé adormilada.

¿Qué siento en mis oídos? ¿Es frío? No, es una palabra de despedida.

Me levanté de un bote. Encendí la luz y miré a mí alrededor. ¿Quién podía haber sido? Me dirigí hacia mi ordenador y lo encendí. Pensé:

"Mi padre no ha podido ser, está en el garaje. Mi madre tampoco, estoy oyendo el grifo de la cocina. ¿Mi hermano? No, él está trabajando" Introduzca su código. Mi código... 7698abu. Sí, me pongo código porque no me fío de mi querido hermano. Me pongo a escribir, me gusta escribir relatos de terror, tristes, pesadillas que tengo... En fin, cosas que nunca me gustaría que me pasara a mí en la vida real. Pues nunca tienen un final feliz. La historia narra la vida de una chica (descrita como soy yo) que tiene...

¿Qué siento en mis oídos? ¿Es frío? No, es una palabra de despedida.

Me giro bruscamente. Pensando que pillaría in fraganti a la persona que me está gastando esta broma. Pero cuál fue mi sorpresa cuando vi que tras mi sombra no había nadie. Me disponía a levantarme para mirar fuera de la habitación, pero en ese memento... Error.

- ¿Pero cómo que error? Si he hecho todo lo que hago siempre. No he tocado nada.

Dije cabreada. Me senté en la silla y le di a Aceptar. Y en vez de apagarse todo el ordenador, como solía hacer en estos casos, siguió en la pantalla de mi Word. Seguí escribiendo. La chica de la historia estaba escribiendo (como yo ahora) en su ordenador. Y de pronto escucha que su madre grita. Cuando sale de su habitación, se encuentra a toda su familia muerta excepto ella.

¿Qué siento en mis oídos? ¿Es frío? No, es una palabra de despedida.

Me quedé paralizada. No quería mirar, pero mis ojos se fueron girando hacia lo que podría haber detrás de mí. Error. Sonó el timbre de mi ordenador. En ese momento, como si me desencantara, me atreví a girarme para ver qué ocurría. No había nadie. Miré hacía el ordenador y le volví a dar a Aceptar. Pero esta vez tampoco se cerró el usuario. Mi dispuse a escribir. Seguía con el relato de la muerte repentina. En ese momento oí la puerta de la calle. Era mi hermano, había llegado. Oí como mis padres le saludaban.

Me levanté de mi asiento para cerrar la puerta de mi habitación. Me volví a sentar y seguí mi relato. Pero, cuando me disponía a continuar, encontré esto escrito:

ERROR : SARBALAP SUT NOC SARIROM O ODNEIBIRCSE SAGIS ON

Me quedé un rato mirándolo. Pensé que lo habría escrito sin darme cuenta. Me disponía a borrarlo cuando...

¿Qué siento en mis oídos? ¿Es frío? No, es una palabra de despedida.

En ese momento un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, el vello de la nuca se me irisó. Una idea macabra se me pasó por la cabeza. Oí el grifo de la ducha. Me dirigí hacia el baño. Y vi que la cortina de la bañera estaba corrida. Por un momento me tranquilicé. Pero de repente se me ocurrió una idea. Pensé:

"Ese seguro que es mi hermano, le sorprenderé y le asustaré"

Pero la sorpresa, si se puede llamar así, me la llevé yo. Era mi padre, pero no estaba como para regañarme, estaba sumergido en la bañera. Estaba muerto. Me puse a gritar. Bajé corriendo las escaleras.

- Mamá, mamá.

Grité. Vi que la televisión estaba encendida. Y veía la cabeza de mi madre apoyada en el sofá. Me dirigí hacia ella gritando todo lo que había visto. Cuando llegué a ella, me puse enfrente. Parecía dormida. ¿Cómo podía dormir con los gritos que daba? Me acerqué, histérica, y me di cuenta de que ella también estaba muerta. No respiraba, no tenía pulso. ¿Cómo podía ser? Me fui al garaje, para ver si mi hermano estaba bien. Tampoco, estaba sentado en su moto, apoyado en el manillar. Estaba frío y no tenía pulso. Grité.

¿Qué siento en mis oídos? ¿Es frío? No, es una palabra de despedida. Aquella voz...

- Mi abuela.

Dije. Salí corriendo del garaje y me dirigí hacia la habitación de mi abuela. Ella estaba viva. Le conté, con los ojos llenos de lágrimas, que toda la familia había muerto sin ton ni son. Mi abuela, sin incorporarse y totalmente tranquila, me dijo que me acercara a ella. Le puse mi oído y ella me susurró:

- Adiós.

- ¿Cómo que adiós? Pero ¿es que no has oído lo que te acabo de decir? - le dije sin apartarme de ella.

- Te intenté advertir, pero ya sabes que el ordenador no se me da bien. Adiós. - Me volvió a susurrar.

Me aparté asustada y vi que sus ojos se cerraban. Me volví y me dirigí a la puerta para salir. Pero me giré y me acerqué a mi abuela, mi querida abuela. Le tomé el pulso. ¡Estaba muerta! ¡Fría! Como su aliento al despedirse de mí.

Me fui a mi habitación y me senté frente al ordenador. Miré la pantalla y lo vi. Ella me advirtió. Cometía un error escribiendo eso. Me describía a mí con toda perfección. El escenario era mi casa, la familia de la chica de mi relato, era como la mía. Había cometido un ERROR.

(Si leéis al revés la frase escrita en mayúsculas lo entenderéis todo)
 


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