RELATOS DE FICCION DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
Ayuda a que no desaparezca la web, pincha aquí
José Santos
A veces regresan
 
La  sombras de los naranjos, aún cargados de citrus amargos se dibujaban espléndidas y concretas sobre la acera. Mairoli marchaba  unos metros delante saltando la pata coja.

¡Mairoli! grité, pareces un conejo, un grande y  tonto conejo; deja de brincar y marcha como una señorita.

El día de colegio había sido fructífero, lo que se llama un día de suerte, especialmente por las notas que ambas, cada una en su curso, habíamos obtenido. Alcancé a mi hermana y le tomé suavemente por el cabello. Mairoli pudo musitar un casi inaudible ¡¡¡eh!!! antes de soltarse y seguir brincando alegremente.

Al fin logramos marchar juntas y por unos minutos no nos dirigimos la palabra. Íbamos felices con nuestras notas y ya imaginaba el rostro de satisfacción de madre cuando le diéramos la noticia del examen, aunque realidad la calificación no era para tanto. Un cuatro y un cinco respectivamente alcanzaban para aprobar la materia, pero madre sabría que sus hijas al menos se aplicaban lo necesario; bueno, eso pensaba yo, ya veríamos qué diría…es tan difícil entender a las madres.

Nuestra casa se acercaba rápidamente.

¡Mairoli! ¿Qué estás comiendo? Dame un bombón, tienes una trufa en la boca, anda, dame uno.
Ella respondió, no tengo más, me lo ha dado Joselito
¡Egoísta!, te atragantes, tú y el Joselito ese
¡No tengo más, lo juro! replicó airadamente.
¡Ya verás! alcancé a decirle mientras abría la puerta que daba a las escaleras de los departamentos altos donde vivíamos.

Mairoli ingresó a mis espaldas, mientras oía su risita cantarina plena de picardía.

Subimos. Al llegar al rellano de la escalera me detuve casi paralizada cual si un muro invisible me impidiera seguir avanzando. El  hielo que se extendió como un río de corriente eléctrica desde la cerviz  al cóccix, estremeció todo mi cuerpo. Mi boca se abrió desmesuradamente, pero de mi garganta no salió sonido alguno. Un segundo después pude reaccionar y mirar hacia atrás. Mairoli, unos peldaños más abajo, miraba hacia arriba con aquellos  ojos color almendra que madre había provisto a cada una de nosotras, tan abiertos que parecían irían a salir de sus órbitas. Creo que ambas tratábamos de decirnos algo, pero nos encontrábamos tullidas, agarrotadas, como suspendidas en medio de un sueño.

Mairoli, pudo moverse. Se apretó todo lo que pudo junto a mí y me tomó de un brazo. Pasaron instantes que parecieron una eternidad antes que pudiéramos musitar palabra alguna.

¿La ves  Mairoli? ¿Ves lo mismo que yo?
Sí, Mercé…la veo…. ¡no puede ser!...
¿Que hacemos?....
No sé…. esperemos...

Quedamos tan quietecitas como dos estatuas que alguien hubiera olvidado en medio de la escalera.

Subiendo lentamente, doña Rosario Luzuriaga Correa, vestida con su camisón de franela color indescifrable, parecía flotar por sobre los peldaños alfombrados. En un momento se volvió a nosotras y la vimos nítidamente. El ojo aquel que siempre le supuraba, colgaba casi totalmente fuera de su cuenca como sostenido por hilos invisibles. Sus manos, unos huesillos descarnados semejantes a ramitas secas de vides, se movían espasmódicamente, y por la comisura de su boca desdentada fluía una baba incolora, un espumarajo asqueroso que resbalaba en pequeñas gotas sobre la parte superior del camisón.

Totalmente endurecidas y casi sin respirar seguíamos observando aquella visión increíble, espantosa, y de pronto, en un instante, pude ver colgada de su cuello, sostenida por una cinta amarilla, una bolsita de nylon repleta de trufas, rebosante de aquellos bombones que Mairoli y yo conocíamos de sobra.

¡No puede ser! Esto no está ocurriendo, debo estar soñando, pensé. Quise gritar, llamar a madre, pero mi garganta seguía tapiada con cemento. El hielo, ya convertido en líquido se deslizaba serpenteante por la espina dorsal.

Mientras tanto, la señora Rosario nos miraba fijamente; se mantuvo así por unos segundos y nuevamente comenzó a subir las escaleras con sus pasos cansados, tal como la habíamos visto ciento de veces, ANTES DE SU MUERTE, ocurrida un año y medio atrás.

“Aquello-Eso-Rosario” culminó su ascenso y sin volverse, ingresó en su antiguo departamento, ahora alquilado a un joven matrimonio, ambos empleados de la aduana postal de la una ciudad.

Cuando desapareció de nuestra presencia, Mairoli y yo, corriendo como poseídas cruzamos frente a aquella puerta, volando casi por aquel territorio infestado de pesadillas; corrimos sin mirar atrás hasta ingresar como un rayo en nuestro departamento.

Madre no estaba, y esa afortunada circunstancia fue vital para que no nos aplicara un interrogatorio de aquellos que tan bien conocíamos.

Mairoli y yo nos acostamos en nuestras camas. No hablamos una palabra desde que ingresamos a casa. Extenuadas, nos dormimos con un sueño pesado cual si hubiésemos cargado a nuestras espaldas mochilas llenas de piedras.

Al anochecer, madre nos llamó a cenar.

Desperté primero que Mairoli.

Cuando me estaba calzando, advertí sobre la mesita de noche situada entre ambos lechos, que mi hermana me había dejado un bombón, una trufa.

Lo tomé y lo volví a depositar en el mismo lugar para disfrutarlo luego de la cena. Sonreí, supongo que lo hice, y me acerqué a su cama. Dormía aún. Le acaricié suavemente el cabello, la besé en la frente y como no queriendo deshacer aquel momento de serenidad, musité en un susurro inaudible, ¡gracias!

Luego bajé al comedor donde madre estaba sirviendo la cena.

Madre volvió a llamar a Mairoli. Luego de unos minutos repitió el llamado hasta que llegó con nosotros y nos sentamos a la mesa.

Unos momentos después Mairoli me apretó el brazo, y por lo bajo, como si un secreto estuviese compartiendo conmigo, dijo: Merce, gracias por la trufa que me dejaste en la mesita de noche, gracias hermanita.
 

FIN

Ayuda a que no desaparezca la web, pincha aquí



Kruela
Fantástica esa descripción horrorosa de la muerta, esa prosa sutilmente trabajada, y sobre todo ese final que te puede poner los pelos de punta.


Ayuda a que no desaparezca la web, pincha aquí

[VOTAR CUENTO DE FICCION y mi opinión]
recuerda poner tu nombre, ciudad y país para el voto

© Todos los derechos reservados. No plagiar ni copiar el contenido de la web.
Webs relacionadas ciberanika | Anika Entre Libros | Anika Cine MagazineVinilo  |

© La Casa de Kruela, ciberanika.com
[si sólo ves esta página y no ves el menú, pincha aquí]