RELATOS DE FICCION DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
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Julio Daniel Peñarrieta
El elegido
Jack miraba sus botas llenas de polvo, mientras arreglaba su sombrero para que el viento no lo arrancase de su cabeza; era una tarde calurosa en ese inhóspito desierto, y lo último que Jack deseaba era perder su sombrero.

Él tenía 26 años, de los cuales había dedicado diez a éste oficio, caza recompensas, en toda esa región era conocido no sólo por su aparente falta de piedad, sino también por su letal y efectivo servicio.

Había pasado las dos últimas semanas vagando en el desierto; buscando un pueblo donde poder comer y descansar decentemente, estaba sediento y cansado de dormir sobre su caballo, pero parecía que también esa noche debería pernoctar tragando polvo y soportando el frío a la intemperie.

Cuando el sol se puso encendió una fogata, comenzó a cocinar unos frijoles y le dio algo de heno al caballo; comió con desgana, acariciando su rifle de cuando en cuando, o revisando los tambores de sus dos revólveres; miró el cielo estrellado y recordó las historias que de niño su difunto padre, un honesto comerciante de caballos, le contaba en noches como ésta.

El padre de Jack era un hombre respetado y querido por toda la gente de su pueblo, llegó solo, con un caballo y un niño a cuestas y en pocos años había hecho una pequeña fortuna gracias a sus habilidades como comerciante, era un hombre que se regía por el dicho “Prefiero perder un poco de dinero y ganar un amigo” una mueca similar a una sonrisa asomó por el rostro de Jack al rememorar esas palabras, continuó buscando en sus recuerdos, y le pareció escuchar la voz de su padre decirle y aconsejarle sobre los valores, sobre la honestidad, la bondad la solidaridad y muchos otros de los cuales Jack hacía años que no practicaba, se sintió avergonzado porque no era el hombre que su padre una vez esperó que fuera, y que él mismo una vez soñó ser.

La nostalgia se reflejó en sus ojos al mirar las estrellas, deseó escuchar a su padre contarle como antes, cuentos e historias antes de dormir, mientras acampaban en sus viajes, cobijados por un manto de estrellas.

Recordó esas historias sobre indios y vaqueros, donde su padre le enseñaba el valor y el coraje de muchos hombres que tomaron al decisión correcta en el momento oportuno; también repasó en su mente las historias sobre las formas de las estrellas, pero algo que evocó claramente fue su historia sobre El Culto.

Su padre le contó una vez, que en alguna parte de esta inhóspita tierra existía un pueblo que adoraba al Dios Antiguo, aquel que resucitaba a sus muertos, que compraba sus almas por sacos de oro, que devoraba sus pecados, se alimentaba de sus pasiones más perversas, aquel que comía sus espíritus; según su padre, aquella aldea de pesadilla existía y estaba escondida en algún recóndito lugar de este valle.

Jack vio como los leños de la fogata ardían, y no supo si fue por el sueño, o quizá por la extraña tierra que pisaba, pero comenzó a ver imágenes en la fogata, eran como pequeñas figuras danzando entre las lenguas de fuego, de pronto éstas comenzaban a quemarse con rostros de terror, poco a poco el espectáculo se tornó aterradoramente real, llegando al punto donde se vio él mismo enfrentándose a un horrible monstruo.

Súbitamente despertó, el frío de la noche le reveló que todo era un sueño, o así parecía; pero  vio a lo lejos más luces.
- Un pueblo. – Pensó con agrado.
Tomó su caballo, la noche era clara, pues la luna iluminaba lo suficiente como para poder cabalgar sin temor; las formas de chozas y un gran templo adquirieron consistencia en medio de esa oscuridad. Jack se acercó lentamente con el caballo; podía sentir una fuerza fuera de lo común, algo que lo atraía, como el fuego atrae al mosquito a su muerte.

Un silencio sepulcral infectaba el ambiente, y los ojos del caza recompensas buscaban una figura humana en lo que a sus ojos tomaba la forma de un pueblo fantasma

Mientras estaba más cerca oyó algo similar a un susurro lejano, poco a poco escuchó algo que parecía gente orando, él nunca había sido un gran creyente, pero sabía que esas palabras que rebotaban en todas partes no pertenecían al Padre Nuestro; así que casi por reflejo desenfundó uno de sus revólveres, y bajándose del caballo caminó entre las polvorientas calles, miró las derruidas casas,  y sintió ese pestilente olor a muerte y miedo en todo el aire.

Paso a paso, examinó lo mejor que pudo el terreno que pisaba, una ciudad totalmente abandonada, donde al parecer no había un ser humano con vida desde hace mucho.

Pero ese extraño eco revelaba la presencia de gente en ese lugar, aquel ruido que parecía venir de todas partes.
Jack se detuvo y observó el panorama, el único lugar donde parecía haber actividad era el extraño templo de donde provenían las luces y las voces. Con cautela se acercó al edificio, una anormal construcción salida de las épocas del oscurantismo medioeval, un edificio alto, semi cónico, hecho de piedra en su totalidad, con un gran portón que semejaba el rostro de un demonio abriendo las fauces; sus 2 torreones que parecían obeliscos y en donde se apreciaba un tallado en todo su contorno, que imitaba a cuerpos entrelazados formando una gran espiral.

Ese extraño resplandor verde azulado que emanaba desde el interior hacía helar la sangre de Jack, y finalmente esas palabras que parecían provenir de todas partes; con voces de seres que no eran de este mundo, voces robadas de los muertos.
- ¡CRUO VITA! - ¡NER OM SE CRUO!
Esos gritos llenaban el ambiente con un escalofriante fanatismo, el fantasmagórico diseño de sombras que las flamas de colores trazaban en la oscura noche llenaron el corazón de Jack con un desconcertante miedo.

Sí, Jack, el Animal, sentía miedo, tanto miedo como cualquier hombre puede sentir a lo desconocido; su alma sintió ese mismo pavor que, hace 10 años, recorrió su espalda al ver a su padre muerto a tiros, por unos ladrones que no dudaron en matarlo para robarle todo. Pero al igual que hace 10 años, ese miedo, lejos de paralizarlo,  sólo sirvió para alimentar su instinto, para hacerlo más fuerte;  de la misma forma en la que decidió tomar venganza por su propia mano y partir de allí hacerse caza recompensas, ahora tuvo la firme determinación de entrar y saber que estaba pasando.

Se acercó lentamente al portón semiabierto, no podía evitar la sensación de meterse en la boca del lobo, pero algo le decía que debía entrar; cuidadosamente se fue internando en las fauces del templo, y el cargado ambiente lo aturdió unos segundos, quizá era esa espesa neblina cubría todo el piso, o quizá ese olor entre dulce y hierro que se respiraba. Las formas de muebles se iban dibujando entre el juego de sombras del interior. Mientras escuchó de nuevo esas palabras, esas malditas oraciones en lengua desconocida rebotar en todas las paredes como si el mismo edificio orara a un oscuro dios.

Caminó por un angosto corredor, iluminado por lámparas de fuego azul, mientras al fondo podía ver un intenso resplandor rojo; luego de pensar un momento, Jack sacó su segundo revólver y caminó muy despacio, para evitar ser escuchado, incluso controlaba su respiración, para apaciguar el rugido de su corazón al latir.

Al llegar al final del corredor, vio un amplio cuarto, repleto de gente vestida con sotanas negras, al centro una gran llamarada roja, que teñía todo con su color sangre, vio como muy cerca de la flama había 2 sacerdotes vestidos con sotanas rojas, que tenían 6 personas atadas a un gran poste, 2 mujeres y 4 niños, todos desnudos y pintados con extraños símbolos.

La embriagante atmósfera producto del coro de cultistas y su devoción en la ceremonia se tornó aún más pesada cuando el gran coro de sotanas negras aumentó sus oraciones al ver al sacerdote, sacar una enorme daga y degollar al primer niño.

Jack no tenía idea de lo que estaba ocurriendo y no le interesaba, él era  literalmente de las personas que primero disparan y luego preguntan. Su corazón comenzó a latir como nunca, no iba a permitir que esa gente lastimara a esos inocentes; sólo atinó a saltar en medio de la multitud y abrirse camino a disparos, matando a cuanto fanático intentara detenerlo, los revólveres se descargaron rápidamente, así que con asombrosa agilidad desenfundó su machete y despedazando a tajos a quien se pusiera delante continuó su marcha en línea recta al altar; la sangre salpicaba por todos lados, y casi ninguno de los fanáticos estaba armado, pero no dudaban en lanzarse de cuerpo entero para detenerlo.

Cuando logró llegar al altar, había más de 15 cadáveres en el suelo, y estaba totalmente cubierto por sangre y sudor, su cólera podía verse en sus ojos, pero esta llegó a los límites de la locura cuando comprobó que los sacerdotes habían matado a todos los niños y estaban a punto de degollar a una de las mujeres. Jack alzó el machete totalmente cubierto por sangre y los sacerdotes gritaron:
“CRUO METUM JOPGO NIKKEL”
Pero no pudieron decir otra palabra, Jack los decapitó con un par de golpes. Su boca se lleno del agrio sabor del odio y la impotencia al ver los inocentes rostros de los niños, que jamás volverían a abrir los ojos, inmediatamente desató a las otras dos mujeres, pero ellas parecían estar en trance, pues no reaccionaron, cayeron como fardos al pétreo piso.

Él estaba totalmente confundido, la multitud de creyentes comenzó a gritar de manera desesperada e intentaba salir; Jack sabía que ese temor no lo inspiraba él, sino algo más grande, algo más demoníaco, quizá ese algo a lo que iba dirigido el sacrificio.

El remolino de gente impidió que alguien lograra escapar, otro sacerdote de sotana roja salió de un balcón y gritó:

“NIKKEL JOPGO CRUO GERO”

Y luego se arrojó a la gran flama para ser consumido por el fuego tal si fuera un leño seco.
Jack cogió a un sotana negra, y poniéndole el sangriento machete en el cuello le gritó:
- Habla hijo de perra, ¡Qué está pasando aquí!
- Cruo vita... Nikkel jopgo cruo. -Contestó en medio de balbuceos.
Jack descargó un fuerte puñetazo en el rostro del fanático y le ordenó.
- Habla en cristiano o te arranco la lengua.
- Nikkel se alimenta de sangre... sangre es vida.... sangre del sacrificio alimenta Nikkel, no hay sacrificio... ¡NIKKEL COMERÁ NUESTRA SANGRE!. – gritó antes que Jack le clavara el machete en los intestinos.

La marejada de gente atiborraba el estrecho corredor de salida, no habrían pasado ni 10 personas cuando todo el templo empezó a derrumbarse, un fuerte temblor sacudió todo, Jack atinó a abrazar a las mujeres del altar e intentar protegerlas con su cuerpo.

Su cerebro no lograba pensar en nada, todo estaba ocurriendo muy rápido.

De pronto su sangre se heló al ver la roja flama cambiar a un verde intenso, un verde muerto; los fanáticos se postraron al ver eso, no les interesó que el edificio comenzara a desplomarse, y eso tampoco importó a Jack, ya que de la flama, emergió una gigantesca figura semejante a un esqueleto, con rostro de calavera y unas enormes alas huesudas que llenaron todo a su alrededor.

Jack observó petrificado esa aparición y sólo pensó que ese debería ser Nikkel, el Dios Antiguo, el devorador de espíritus; pronto todo parecía sucumbirse a pedazos alrededor suyo, la oscuridad inundó todo, y vio como los fanáticos, las 2 mujeres y él flotaban en una absoluta oscuridad.

Todo el templo, es más, toda la realidad se resquebrajó como un espejo y todos quedaron flotando en un limbo; no existía el templo, ni el pueblo, ni el desierto, sólo ellos, la gran flama verde, y Nikkel, volando en sus enormes alas hechas de costras.
- Bienvenido, te he esperado durante muchos, muchos años, siglos, milenios quizá, yo soy Nikkel, durante demasiado tiempo el Culto ha aplacado mi sed con sangre de inocentes, pero esta noche, sabía que llegarías tú, no fue una casualidad que encontraras la aldea en el desierto, ni que vinieras aquí, incluso que salvaras al sacrificio estaba ya escrito, eres el Elegido, me llevarás a ésta realidad en tu cuerpo, serás mi transporte, serás mi piel...

La voz de Nikkel se escuchaba igual que el coro de hace un momento, parecía un conjunto de voces muertas, voces del más allá.
Jack miró a su alrededor, los fanáticos estaban hechizados, y pronto, sus negras sotanas se iluminaron, y ardieron, quemándose tanto que no quedaron ni cenizas para atestiguar que alguna vez existieron.
- No me serán nunca más de utilidad.  – Dijo Nikkel en una macabra risa que resonó dolorosamente en los oídos de Jack.

Las mujeres desaparecieron, a donde fueron, Jack nunca lo supo, pero algo le decía que sus cuerpos y almas se habían salvado. Lentamente comenzó a cargar su revolver, mientras toda la realidad a su alrededor cambiaba a un extraño y variado espectro de colores.

Él miró los grandes ojos llameantes de Nikkel, vio su abominable cuerpo de esqueleto, con partes aún carnosas, y su horrible rostro de calavera, las alas se agitaban en medio de la nada.

Jaló el martillo de su revólver muy despacio, miró de nuevo a Nikkel e intentó apuntarle, pero sintió como esa aberrante figura comenzaba a entrar en su cuerpo por medio de sus ojos; se diluyó cual líquido, y comenzaba a invadir cada parte de su cuerpo, tratando de corromper su alma.

Jack entró en una batalla interna, sentía cómo el Dios Antiguo comenzaba a poseerlo y a ganar terreno. Recordó a su padre, pues su madre había muerto al dar a luz, recordó la sonrisa de su padre, recordó que había sido un hombre de bien, en sus oídos sonaron de nuevo esas palabras “la decisión correcta en el momento apropiado”. Jack no era una persona buena, no había sido el hombre que su padre esperó que fuera, pero tal vez, está era su oportunidad para dejar atrás su pasado, y si bien no vivió como un hombre bueno, moriría como su padre le aconsejó: tomando la decisión correcta en beneficio de los demás.

Intentó poner el cañón en su sien, pero Nikkel desde su interior luchaba contra él, sus fuerzas empezaban a desvanecerse, así que puso el revolver contra su pecho, se formó en su mente la imagen de su padre, pensó que pronto se reuniría con él; y descargó un fuerte disparo contra su corazón.

En la oscura noche solamente se escuchó un disparo, una risa apagada y nada más.

El sol salió de nuevo en aquel desierto, dos hermanas se despertaron, como si hubieran dormido siglos, salieron y vieron el cuerpo de un vaquero, tumbado en medio del camino.

Las dos miraron con temor el cuerpo del hombre, sabían que estaba muerto, pues no respiraba y se podía ver un agujero de bala en donde estaba su corazón; pero extrañamente no había sangre en ninguna parte. Ellas llamaron a algunos hombres del poblado cercano, sin saber porqué ellas enterraron al desconocido en un ataúd decente y pusieron una lápida con una sola palabra como epitafio: “Gracias”.

Los años pasaron, y seguirán pasando, pero en un desierto no muy lejano, existe olvidado un pueblo; allí hay un cementerio de pocas cruces y sin pasto, donde ya nadie visita a esas almas que partieron. Pero dentro de esa tierra hay un ataúd con un cadáver que se niega a descomponerse, con las manos cruzadas y una extraña sonrisa, el cuerpo que contiene la esencia de Nikkel aguarda pacientemente. Espera aquel día en que los muertos se levantarán de sus tumbas, aquel día en que los dioses vengan a destruir esta realidad, el día donde pueda devorar todas las almas de este mundo; ya esperó muchos siglos por un cuerpo; así que puede seguir esperando un poco más...
 

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Kruela
Me ha gustado esta historia, más conforme la leía. No suponía cómo iba a acabar aunque podía sospechar algo, pero al hacer ese final tan rápido ha salido bien el efecto sorpresa. Además, me gusta este juego entre sectas satánicas, poblados fantasmas, un Dios Antiguo y un Jack que decide cambiar su vida para honrar a su padre.
 

Mishell
Está buenísima y comparto con Kruela lo del final, además es una historia que te atrapa porue como me las leo en la office entre trabajando y leyendo, hay ocasiones en que puedo esperar a terminar de leer algo, y con algunas historias como ésta no puedo dejar de leerla. En verdad ojalá mi punto valiera por 10.

Y bueno chavos fanáticos de Kruela, hay que ayudar para que no desaparezca ya que en lo personal me es difícil esperar tanto tiempo para la actualización, ya que he leído toda la página. Por otro lado ojalá pronto aparezca lo de "Cañitas" y además se apuren esos regios con la foto de la casa de los Tubos.

Y agrego mi mail por si alguien quiere compartir más experiencias a manera más personal: bunburyta1979@yahoo.com.mx, bunbuladyblue@terra.com.mx.
 
 

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