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El amanecer la encuentra como todos los días, recostada en su cama, aunque sus ojos ya no brillan con el fulgor de un nuevo día, sino reflejan solamente el tedio, la desgana y desesperanza de tan solo otro día.Se levanta y camina, su cuerpo obedece sin gracia, como una autómata movilizada por un voluntad tercera. Se mira en el espejo de su habitación y ve su rostro demacrado por todas las noches en vela que ha tenido desde hace 3 semanas y 6 días.
3 semanas y 6 días en los que no ha podido conciliar el sueño, donde el dolor la consumía con esa lentitud y malicia que sólo saben dar la tristeza y la nostalgia, en los que sus ojos no han parado de llorar y su vida no ha tenido un sentido.
Son 3 semanas y 6 días en los que él ya no está desde que él partió para no volver.
3 semanas y 6 días en los que el amor de su vida le fue arrancado por el gélido y mortal toque de la muerte.
Lamentablemente la vida es demasiado ingrata, y para desgracia de ella el mundo siguió girando sin él. A su destino no le importó que ella no supiera respirar sin su aliento, que no supiera sentir sin sus caricias, que no supiera vivir sin su voz.
Ella mira su reflejo, que llega a sus ojos como si fuera un nebuloso recuerdo de que ella aún existe, que lamentablemente, tiene que existir sin él.
Sale de la habitación, se asea, se dispone a comer más por reflejo que por hambre, puesto que hasta el apetito le parece un recuerdo lejano y borroso. Y mientras masticaba el cereal comenzó a extrañar el ruidito que hacían ambos al desayunar, aunque claro, prácticamente todo hace que ella lo recuerde, prácticamente todo hace que lo extrañe. Pero lo que ella más recuerda, lo que ella más le duele, lo que hace cada vez más insoportable cada amanecer, es no escuchar en su dulce voz aquella frase con la cual siempre solía despertarla: “Despierta mi niña”.
Sin darse cuenta termina de comer con los ojos y la cara húmedos por las lágrimas, y luego de lavar la vajilla y limpiarse ella misma, se sienta un momento en uno de los muebles de su sala; trata de despertarse de esa irrealidad que tiene todo para intentar pensar con claridad. Logra concentrarse, hilvana sus ideas, puesto que hoy jugará su ultima carta, retará al destino y recuperará la felicidad que le ha sido robada.
Piensa y recuerda cada detalle, repasa una y otra vez las palabras.
Mira el reloj de pared, las agujas marcan las 10:15 de la mañana, faltan 15 horas y 10 minutos para que se cumpla 1 mes desde que él falleció. Tiene que ser hoy, se dice a sí misma.
Se relaja, sonríe, o por lo menos eso parece el gesto que se forma en su boca, sale de la sala y se asoma al pequeño balcón de su departamento, mira lo grande y hermosa que es su ciudad, rodeada de verdes colinas, el viento es suave, algo frío puesto que el otoño ya está muy cerca, es una hermosa vista que puede apreciar desde el octavo piso del edificio donde está su departamento; departamento que compraron ambos para pasar el resto de sus días juntos; un vacío vuelve a formarse en su corazón al recordar eso, y el dolor olvidado por unos momentos vuelve con la misma intensidad de siempre...
Ella suspira, son casi las 6 de la tarde, entra al cementerio donde yace él, mira lo hermoso del panorama, parece un gran e inmenso jardín, donde hay fuentes, bancas, palomas blancas y hasta un lago; de no ser por las disimuladas lápidas que hay al pie de cada árbol nadie pensaría que ese lugar es un campo santo. Ella camina por el pequeño y rústico sendero de piedra que guía a todos los visitantes. Finalmente llega al pie de un nogal, donde hay una pequeña placa de metal que indica que esa es la última morada del que una vez fue, el amor de su vida.
Siente un gran y hermoso sentimiento en el pecho, son las esperanzas que vuelven a nacer dentro de ella; se arrodilla en el suave pasto que cubre todo el parque-cementerio y acaricia con sus gráciles y frágiles manos el frío metal que tiene grabado el nombre de su amado.
Una lágrima se escapa de sus ojos y con todo el cariño que tiene dentro de su alma dice las palabras que tanto ha pensado, que tanto ha practicado, esas palabras que hacen nacer nuevamente el brillo de sus ojos: “Porque la voluntad que tengo es grande, porque mi deseo mueve al universo, por el amor que yo te tengo, vuelve a mí, vuelve mi ángel, ven a mi lado y sé mi guardián”.
El cielo que tenía un color naranja rojizo por el atardecer del sol cambio a un rojo intenso, las nubes comenzaron a moverse de manera inquietante, y sobre ella el cielo abrió un boquete de luz, que iluminó la placa de metal, haciéndola brillar de un color dorado intenso. Ella sintió nuevamente en su piel la suave caricia de su amado, cerró los ojos para disfrutarla con más intensidad, luego al abrirlos vio como el haz de luz se desvanecía lentamente, y el sol comenzó a morir lentamente hasta ocultarse en el horizonte.
Ella sonrió al ver nacer la noche, una sonrisa sincera, sabía que había cumplido su deseo...
Llegó a casa sin apuros, se arregló como siempre lo hacía para él, abrió la puerta del balcón, susurró al viento un “buenas noches amor” al viento nocturno, luego se recostó en su cama para quedar dormida. El sueño fue inmediato, tranquilo, relajante. Luego de unas horas, a la 1:25 de la madrugada exactamente, el balcón comenzó a llenarse de un aire cálido, que pronto invadió toda la habitación, ella entre sueños comenzó a abrir los ojos, escuchó un susurrar cerca a ella que decía con esa voz que ella tanto amaba “Despierta mi niña”.
La primera imagen que vio fue la más hermosa que jamás pudo ver, era él, estaba allí, flotando en el balcón, rodeado por una angelical luz que parecía brotar como lazos de su espalda, sus ojos expresaban el mismo y puro amor de siempre; le extendió los brazos como diciéndole “ven” Ella con los ojos llenos de felicidad saltó a su encuentro, corrió hacia el balcón y lo tomó entre sus brazos. Su alma estaba total y absolutamente llena de felicidad, tanta era su dicha, que jamás notó la caída desde el octavo piso, tampoco el gran golpe contra el pavimento, sólo sintió el calor de su amor, y sus brazos que lentamente la elevaban hacia el cielo, donde vivirían su amor por toda la eternidad.
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Eva (Zaragoza. España)
Verdaderamente precioso.Núria (Barcelona. España)
Qué bonito. Me encanta. Gracias.G. P.
¡Sencillamente exquisito! Felicidades por tal relato, me encantó. Creo así debe ser, unir los sentimientos eternamente, no importa el camino para llegar a unirse nuevamente con quien es el amor de tu vida.Ayuda a que no desaparezca la web, pincha aquí
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