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Finalmente la vio, sentada en uno de los bancos de aquel parque de Braunau. Junto a ella, reía abrazándola un niño de unos cuatro años. Abraham se acercó a ella, mientras cerraba su mano sobre el revólver que llevaba en el bolsillo. El sonido de sus pasos sobre el manto de hojas que cubría el parque alertó a la mujer. En ese instante, él mismo quedó sorprendido por su actitud. Aquellos últimos años su preocupación había sido constante, ¿sería capaz de disparar?. Cuando por fin llegó el momento no hubo vacilación en sus actos, presionó el gatillo repetidas veces hasta vaciar el cargador. El niño, se convulsionaba con cada bala que atravesaba su cuerpo. Tras observar como la muerte se reflejaba en aquel rostro infantil, Abraham miró su reloj. Apenas le quedaban unos minutos, escapó del parque todo lo rápido que le permitieron sus cansadas piernas. Veinte minutos después llegó a la habitación del hotel. Las fluctuaciones de energía demostraban que la puerta estaba cerrándose. Sin pensarlo, saltó hacia ella e instantes después se materializó al otro lado. La puerta que le había permitido viajar en el tiempo se cerró tras él. Durante unos segundos, el único sonido que llegó a su mente, fue el provocado por sus propios latidos. Su acelerado corazón estallaba en su cerebro con cada pulsación. Pero lejos de preocuparse, su única sensación fue la tranquilidad. El objetivo estaba cumplido, había matado a aquel niño, había matado a Adolf Hitler. Seis millones de judíos que iban a perecer en la segunda guerra mundial, seguirían vivos, ajenos a la tragedia que el destino les deparaba. Su felicidad sólo era perturbada por pequeñas convulsiones. Aunque era consciente de que iba a perder la vida, no le importaba, era un precio razonable que estaba dispuesto a pagar. Reunió sus últimas fuerzas y salió del laboratorio.Curiosamente el cambio en la historia no había afectado mucho al entorno, incluso la pequeña biblioteca seguía estando en aquella planta del edificio. Entró en ella para satisfacer su última curiosidad y que a su vez era el motivo de su regreso. Apenas le quedaban unos segundos, pero quería asegurarse que su acción había evitado el holocausto provocado por aquel fascista. Buscó un libro y después un nombre con la esperanza de no encontrarlo. Comenzó a temblar, con un horror que le ahogaba, descubrió que Hitler aparecía en una de las páginas del libro. El terror se mezcló con la duda cuando vio la fotografía que acompañaba al texto, aquella imagen era diferente al nazi que él había conocido. No sólo temblaba por su descubrimiento, también lo hacía porque la muerte inundaba su cuerpo. Era la consecuencia lógica de su fantástico viaje, sus moléculas se disgragaban a mayor velocidad de lo esperado. El proceso se inició en sus extremidades, estas sangraban abundantemente. Sus piernas, incapaces de soportar el peso, se quebraron como madera seca, cayó al suelo con un aullido de dolor. Se inyectó la morfina que había preparado para este momento, pero no la dosis mortal que había previsto, no podía morir con aquella duda. Pese a la droga el sufrimiento era insoportable, pero este horror fue insignificante comparado con el que sufrió al leer la biografía de aquel personaje. Hitler, había nacido tras el asesinato de su hermano, un judío lo mató en un parque, dejando a su lado un revólver con la estrella de David grabada en la empuñadura. Aquel segundo niño recibió el mismo nombre que el hermano muerto y se educó en el odio hacia los judíos inculcado por su madre. La historia se había repetido, la humanidad había padecido la segunda guerra mundial. Pero cuando leyó el último párrafo, su agonía alcanzó un sufrimiento que ninguna tortura puede provocar. El nuevo Führer había ganado la guerra, la raza aria gobernaba el mundo y los judíos habían sido exterminados. La soledad de que todo ser humano sufre antes las puertas de la muerte, no fue su última angustia. Abraham fue consciente con su última expiración de que él era el último judío.
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Kruela
Nicolas, debo felicitarte (con alegría), hace años que sé de ti a través de tus e-mails y conozco tu gusto por la escritura y la lectura. Este relato te ha quedado fantástico. Tienes mi voto.Mª Angeles (Zaragoza. España)
¡Es simplemente genial! tiene mi voto :)Don Eddy Brando de Hydra
Una vez más, me dejas impactado, Nicolás, excelente historia! Mi voto también para éste!Cristina Torres
30/08/2006
Nicolas me dejas impactada, he leído todos tus relatos y me los he imaginado tal cual lo escribes, en verdad eres bueno, aquí tienes mi voto, ¡¡¡felicidades...!!!
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