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Todo empezó en un día oscuro a las 11 y media de la noche, el cielo era de color rojo sangre y a lo lejos se oían los interminables aullidos de los lobos que habitaban en un bosque cercano a la casa de una chica llamada Ana. Ana vivía en un pequeño pueblo a las afueras de La Coruña, ese día estaba feliz ya que sabía que su mejor amiga, Sara, vendría desde América para pasar unos días con ella, lo que no sabía es que ese día las marcaría a las dos por el resto de su vida.Eran las 6 de la tarde cuando Sara llegó a casa de Ana, estuvieron toda la tarde bailando, hablando y mirando la tele; cerca de las 11 los padres de Ana se fueron a cenar con unos amigos y ellas se quedaron solas en casa de Ana. ¿Solas o no?
Era un día con mucho viento azotando los cristales y haciendo mover las cortinas de un lado para otro como si fueran fantasmas en busca de venganza, pero a pesar de que hacía fresco se quisieron meter en la piscina para nadar un rato, pero lamentarían haberse metido en el agua.
Eran las 11 y media y todo iba bien hasta que el reloj de pie que había en el comedor sonó las doce campanadas con sus escalofriantes sonidos. Fue en ese momento cuando Sara empezó a bucear por el fondo de la piscina y salió temblando. Su amiga le preguntó qué le pasaba y ella le explicó que cuando buceaba oyó gritos de niños pidiendo ayuda y insultando a un hombre, pero Sara no se quedó lo suficiente para saber a quién le chillaban. Ana decidió bajar al fondo con su amiga y cuando estuvieron abajo, volvieron a oír los gritos; las dos empezaron a temblar, acto seguido cuando salieron del agua vieron perfectamente las caras de estos niños reflejadas en el agua, al lado apareció la cara de un hombre, al verlo se quedaron petrificadas, pero no todo acabó ya que al girarse vieron al espectro de una mujer sentada en el árbol y al escuchar atentamente pudieron oír cómo decía:
“El que este cementerio toque,
en este cementerio morirá,
y por las almas de estos tres niños,
yo velaré por siempre jamás.”
Al oír estas palabras se quedaron atónitas, estuvieron de pie un buen rato sin mover un solo hueso de su cuerpo observando la escalofriante imagen de la mujer blanca sentada en el árbol. Al cabo de un rato las imágenes de los niños y el hombre en el agua y la imagen de la mujer desaparecieron y cuando por fin las mentes insólitas de Ana y Sara reaccionaron se fueron corriendo a llamar a los padres de Ana. Estos, al llegar a casa, esperaban encontrarse con dos niñas simplemente un poco asustadas, pero cuál fue su sorpresa mayor que cuando entraron vieron que las dos chicas estaban sentadas en el suelo con el rostro pálido y la mente en blanco. Durante un tiempo ninguna de las dos quiso contar lo que les pasó aquel horrible día por miedo a volver a pasar ese horror sólo de contarlo. Cuando por fin se decidieron a decir lo que les pasó los familiares se quedaron horrorizados y fue entonces cuando Sara y su familia vino a vivir a La Coruña para poder estar cerca de su amiga y asistir juntas a un psicólogo, ya que desde ese día las dos se despertaban por las noches con taquicardias causadas por las pesadillas que tenían durante la noche.
Los años fueron pasando, exactamente 10 ya que cuando sucedió todo tenían 15 años y ahora tienen 25. Estas lo superaron, ya nos le daba miedo nadar en esa piscina ni quedarse solas por la noche, fue muy difícil superarlo, pero lo lograron, se sentían bien consigo mismas, creían que ya había pasado todo, pero no fue así ya que un día las dos dieron una fiesta en casa de Ana, todo iba muy bien...
Hasta que al dar las doce en el reloj del comedor sucedió algo que las aterrorizó muchísimo más que la otra vez, y esta fue la definitiva.
De repente empezaron a oír gritos procedentes de la piscina, fueron corriendo y cuando llegaron vieron que uno de los chicos que estaba nadando en la piscina se estaba ahogando, era como si alguien lo intentara ahogar agarrándolo de los pies y metiéndolo en el agua, cuando lo sacaron ya había muerto, la policía vino y no encontró nada anormal ni supo dar una explicación creíble a esa trágica muerte, pero las dos chicas sí que sabían lo que había pasado. ¿Fue el padre de los niños? o ¿Fue tal vez la madre para proteger a sus tres hijos?
Después de ese día Ana y Sara no volvieron a nadar en la piscina y preferían no pensar en lo que pasó. Hasta que un día Sara se quedó a dormir en casa de Ana y al irse las dos a dormir vieron sentada en la cama a la mujer que hacía diez años les había dicho esa frase que las dos recordaban perfectamente, pero esta vez les dijo algo diferente, les dijo:
"Os lo advertí,
él tuvo pensamientos negativos
sobre la piscina
que es el cementerio de mis hijos,
se metió y lo maté,
id con cuidado”.
Eso les afectó mucho y las dos a partir de ese día se volvieron como locas, ahora desgraciadamente no podrán volver a contarlo ya que se intentaron suicidar cortándose las venas y están ingresadas en el hospital por intento de suicido y con tratamiento psicológico y psiquiátrica.
Desgraciadamente esta es una historia que empieza mal y acaba mal ya que muchos obreros que han intentado derribar la piscina han muerto y no han podido romper ni un solo ladrillo de la piscina, y hartos de que murieran tantos obreros han hecho un muro alrededor de ella y la han considerado habitada y se comenta que el que intenta nadar en ella muere.
Más adelante se supo que en esa piscina el hombre del agua había matado sus tres hijos ahogándolos en esa misma piscina y acto seguido se suicidó. La esposa llena de dolor por la muerte de sus hijos y con rabia hacia el marido se ahorcó en ese árbol y juró proteger a la piscina que es el cementerio de sus tres hijos. Y ya lo dicen en La Coruña:
“A meigas no’xisten, per haberlas ailas“.
FIN
NOTA Traducción "A meigas no'xisten, per haberlas ailas" = Las brujas no existen, pero haberlas, haylas.
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