RELATOS DE FICCION DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
Kruela (Valencia. España)
El barón del cuadro
Lo vio salir del cuadro. Apenas entraba un resquicio de luz por la ventana cuyos cortinajes pesados y granates tapaban una tercera parte del cristal, pero era suficiente para ver que aquella imagen terrible comenzaba moviéndose poco a poco para después estirar el lienzo en el que estaba pintado hasta el punto de abandonar su ancestral hogar.

Tuvo que hacer un esfuerzo por no levantarse de aquella enorme cama con dosel y salir corriendo de la habitación, sin embargo los pocos minutos de que dispuso antes de que el ser saliera del cuadro los dedicó a preguntarse qué estaba ocurriendo.

La noche anterior se había quedado tirada con el coche y dado que la carretera parecía menos concurrida que el desierto del Sahara decidió abandonarlo y buscar una casa donde pedir un teléfono. Tras kilómetro y medio encontró al fin una morada. Podía definirla mejor como mansión y no se equivocaba. Había caminado hacia adelante ya que cuando conducía en aquella dirección no había visto ningún pueblo cercano. Aquella mansión que al fin vislumbró estaba construida hacia el interior de un bosque, pero al menos había luz y eso significaba que había alguien en la casa. Allí se dirigió.

Le abrió la puerta una chica de tirabuzones rubios vestida con un traje que parecía de otro siglo.

Clara no quiso decir nada pero supuso que acababa de interrumpir una fiesta de disfraces. Pidió llamar por teléfono y la chica se excusó diciendo que no tenían “de eso” allí, pero que si quería podía pasar la noche en su hogar y marchar a la mañana siguiente. La joven de piel pálida, tirabuzones rubios y vestido de otro siglo se presentó como Magdalena. Apenas era una niña.

La anfitriona le presentó a su marido, un tipo mayor, barrigudo y con un feo bigote que no parecía asquear a la joven Magdalena. Ambos fueron abiertos y amables con ella y le invitaron a cenar. Clare dedujo que aquella fiesta de disfraces se había hecho sólo para dos, dado que no había invitados. La pareja, eso sí, había hecho disfrazar a sus empleados de hogar, un camarero (¿mayormodo?) y una cocinera (¿ama de llaves?) que vestían los mismos extraños trajes que tanto llamaban la atención de Clara.

Le dieron copiosamente de cenar y luego le indicaron dónde se encontraba la habitación de invitados. Para llegar a ella tuvieron que subir más de veinte escalones. La escalera comenzaba en el hall y subía haciendo curva hasta el primer piso. Allí había más habitaciones, y la suya quedaba a la derecha.

Cuando entró comprobó que era una habitación femenina. La enorme cama con dosel lucía gasas y sábanas rosas. Las paredes eran granates, pero más claras que los cortinajes de las ventanas que caían pesadamente hasta tocar el suelo. Lo único que le pareció extraño, incluso feo, fue el cuadro.
-¿Quién es? –preguntó Clara
- ¡Oh! Es un viejo pariente de mi querido marido. –Aclaró Magdalena.
“¡Qué cursi.!” pensó Clara.
- Espero que descanses.- Dijo finalmente Magdalena cerrando la pesada puerta de roble tras de sí.
- Yo también. – Dijo Clara al aire.

Le costó dormirse pero lo consiguió. Si embargo fue un extraño y vívido sueño con tintes premonitorios lo que acudió a ella. Veía en el sueño aquella misma casa donde pasaba la noche pero estaba en todo su esplendor. Parecía recién construída y el ambiente era festivo. Un hombre serio, delgado y trajeado supervisaba un festín que parecía estar hecho para más de veinte comensales. Tras él correteaban tres niños que Clare dedujo como sus hijos. Buscó en su sueño a la madre de los niños pero no lo consiguió. Fueron llegando invitados que hacían un leve gesto de respeto hacia el caballero. Las mujeres se inclinaban ligeramente y los hombres bajaban más sus ojos que sus cabezas, pero igualmente presentaban sus respetos al hombre de la casa.
    Nadie mencionaba a la mujer que faltaba para que la escena fuera perfecta.
    Una joven apareció vestida de luto y varios ojos escrutaron a la chica con miradas aviesas. Una dama de pelo blanco se acercó a ella.
- ¿Cómo te atreves a presentarte así?
- ¡Ay! Suélteme abuela, me hace daño.
- ¡Explícate!
- ¿Cómo debo presentarme? La buena de Elena está muerta, lo sé, ¡ lo presiento ¡.
- Si te oye el barón tendrás problemas. –Advirtió la anciana:- Su versión es que la mujer le ha abandonado y él no va a dejarse llevar por un dolor injustificado. Elena era una pécora y nadie sabe dónde estará ahora. Tu luto por ella lo único que hará será recordarle que es un barón cornudo ¡Ve a casa a cambiarte ya mismo!.
- ¡Está bien! –exclamó dolorida la joven masajeándose el brazo harto apretado por la anciana- Pero quiero que conste que me parece muy misterioso que Elena le abandone y él se construya una mansión para celebrarlo.
    Dicho esto la joven se marchó pero no acelerando el paso como la anciana hubiera deseado, y el dueño de la casa apareció en aquel lado del jardín, justo a tiempo para ver a la chica mostrar su luto. El hombre frunció el ceño y se marchó al interior del hogar.
    Clara seguía al barón en el sueño mas no era vista por nadie. El hombre caminaba con paso decidido, cada pisotada suya en el suelo parecía hacer retumbar la mansión, tal era la agresividad que implicaban sus actos. Clara le vio descender tras penetrar en aquel oscuro lugar por una pequeña puerta bien disimulada bajo las escaleras que cerró tras de sí en cuanto encendió una lámpara de gas que descansaba en el primer escalón. Clara bajó la escalera estrecha tras él y sólo el tener conciencia de que estaba viviendo un sueño no le hizo salir corriendo en dirección contraria. Así que descendió cada escalón y observó al barón acercarse hacia una pared que poseía un cuadro muy particular. Era un retrato suyo. ¡El cuadro de la habitación donde ella doymía!
    El hombre apartó el cuadro de allí y dejó a la vista una pared de ladrillos flojos. Metiendo sus dedos consiguió sacar algunos ladrillos, y justo cuando Clare estuvo a punto de ver algo, despertó....
 

Despertó agitada y observó el cuadro.

Lo vio salir del cuadro. Apenas entraba un resquicio de luz por la ventana cuyos cortinajes pesados y granates tapaban una tercera parte del cristal, pero era suficiente para ver que aquella imagen terrible comenzaba moviéndose poco a poco para después estirar el lienzo en el que estaba pintado hasta el punto de abandonar su milenario hogar.

El espectro, que producía un ambiente helado en la habitación, descendió al suelo y caminó en silencio hacia la puerta. La atravesó. Clara tuvo que abrir la puerta para poder seguirle, pero eso no le retuvo.

Le vio bajar las escaleras que daban al gran hall, y como suponía, traspasar la puerta disimulada que había bajo éstas, sin embargo a ella le costó más abrir la puerta dado que parecía atrancada.

Tras un esfuerzo supremo y muchos rezos para no ser oída por los anfitriones de la casa, Clara consiguió abrir la puerta y entró en el mismo sitio que había visitado minutos antes durante el sueño. Ahora el ambiente era distinto, costaba respirar. El aire era denso, cargado de años de encierro, y tuvo que hacer un esfuerzo por no salir en busca de oxígeno.

Encontró la vieja lámpara de gas e hizo acopio de toda su imaginación para poder encenderla, dado que el siglo XX y la electricidad había ofrecido al ser humano instrumentos más sencillos que ése. Para cuando encendió la lámpara ya había perdido de vista al espectro, pero aún así bajó los escalones porque sabía adónde tenía que dirigirse.

Y allí llegó. Abandonó la lámpara en el suelo y se tapó momentáneamente la nariz. El olor era insoportable y sabía que como tardara mucho tendría que salir de allí. Hizo un nuevo esfuerzo y quitó los ladrillos sueltos. Evidentemente no tuvo que quitar el cuadro porque ése estaba colgado en la habitación de invitados.

Quitó tres ladrillos y comenzó a ver algo, pero la luz no entraba en aquel cubículo todavía, así que quitó más. Se deshizo de cuatro ladrillos más y entonces frunció el ceño. Asió la lámpara de nuevo, la subió a la altura de su rostro y se horrorizó.

Dentro de aquel cubículo había dos esqueletos.
    Uno era evidentemente adulto, y se mostraba sentado. De sus ropajes no quedaba más que resquicios de haber existido alguna vez. Ni nervios, ni piel, ni músculos...
    El otro era minúsculo a su lado y estaba a la altura de su barriga.
    El esqueleto adulto estaba rodeado de una gruesa cadena que le apretaba contra al pared, de forma que le hubiera resultado imposible escapar de haberlo tenido en mente.

Observó el esqueleto pequeño y se horrorizó más.
    Era un bebé.
    Una madre embarazada a punto de dar a luz.

Gritó.
    Gritó una y otra vez y más aún cuando se dio cuenta que aquellos esqueletos pertenecían a la pobre Elena, encerrada por una infidelidad, y al hijo que llevaba en su vientre, encerrados seguramente en vida en aquel pequeño espacio y dejados de la mano de Dios y de su verdugo. Sin un cuenco para agua o un trozo de pan.

Clare salió corriendo de la casa y dio gracias a Dios por haberse acostado con su ropa. Corrió y corrió por el hall, el jardín y el bosque. Y entonces se giró.

Tras ella no había una mansión en pie.
Tras ella sólo estaban las ruinas de una vieja mansión.
 
 

* * * * * *

Volvió en la madrugada acompañada de la policía y les indicó hacia donde estaba el supuesto cubículo.
- Esta mansión, -comentaba el policía más viejo- perteneció al barón del que nos ha hablado y fue heredado por su hijo mayor, un pederasta que se casó con una niña rubia de catorce años. No tuvieron descendencia ninguno de los tres hijos del barón. Hablaban de una maldición pero nadie sabía el origen. Ahora empiezo a entender...
- Del hijo nonato y la pobre Elena. –Concluyó ella.
- Seguramente. De ahí que al no tener más descendencia la mansión terminara abandonada. Con los años y las inclemencias de nuestro tormentoso tiempo en esta época del país, la casa terminó así. ¿Es ahí?
- Sí.
    El policía y sus ayudantes arrastraron algunos pedruscos antes de conseguir visualizar el agujero que conducía a la escalera estrecha que les llevaría hasta el zulo donde fallecieron madre e hijo.
    Se pusieron cascos para bajar y tuvieron mucho cuidado de no provocar un derrumbamiento. Así, con precaución, llegaron a la tumba donde dos seres inocentes fueron injustamente emparedados.
    Mientras bajaban, Clara preguntó por el fin del barón.
- Dicen que desapareció. Se cuenta que en un ataque de nostalgia marchó en busca de su esposa.

La sorpresa, no obstante, fue que al quitar el resto de los ladrillos, encontraron a los pies de la madre otro esqueleto.
    Adulto.
    Cómo llegó allí el barón es algo que jamás se sabrá, pues para penetrar en aquel lugar era necesario que alguien tapara la pared de ladrillos. Además, el barón también tenía una gruesa cadena en su cuerpo más unas esposas que mantenían sus manos pegadas al suelo. En lo que fuera su boca aún había, en forma de mordaza, un pañuelo con las iniciales del barón.

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Kruela
Lo que más me gusta de este relato es... todo, para qué negarlo :) De lo contrario no le habría dado mi voto. Es el ambiente gótico, la puerta dimensional, los fantasmas, la redacción, la sorpresa... La verdad, si no me gustara no lo habría publicado  ^.^

La Diosa Griega (Venezuela)
Muy impresionante... ¡¡¡¡¡Felicidades!!!!!
 


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