|
|
|
|
Imaginemos usted y yo por un rato. Supongo que estará sentado. ¿Está cómodo?Bien…
Es una noche de Sábado en Agosto. Sin ningún plan, disfruta tranquilamente de la película que emiten por televisión. Ha cogido un refresco y, posiblemente, se haya preparado un sándwich que degusta placenteramente en su sillón.
Los incómodos ruidos que a veces turban su calma no aparecerán esta vez. Puede sentirse a gusto. Sus vecinos están de vacaciones. Ningún grito. Nada de música alta ni de niños voceando.
Una noche tranquila.
Por un momento le parece oír algo en el pasillo.
Pero claro, piensa. Eso es imposible porque está solo en casa. Nadie, ni siquiera su mascota comparte hoy con usted el confort de su hogar. Así que decide ignorarlo, puesto que sólo puede tratarse de algún ruido proveniente de la calle. O quizá, su oído le ha jugado una mala pasada. En cualquier caso, es mejor dejarlo correr.
Por la televisión, el protagonista cruza corriendo un pasillo en llamas mientras dispara contra sus enemigos que le esperan al otro lado.
De nuevo, le parece escuchar algo.
Observa la puerta con una mezcla de curiosidad y nerviosismo. En la televisión, el héroe salta por la ventana, atravesando el cristal que se rompe en mil pedazos. Unos instantes después, una explosión sacude el edificio.
Se levanta del sillón mientras se dirige hacia la puerta de la habitación. Se pregunta “¿qué estoy haciendo?”, al tiempo que no puede evitar que un escalofrío le recorra la espalda.
Pulsa un botón del mando y la televisión enmudece.
Entonces lo oye.
Algo arrastrándose torpemente por el pasillo.
Se arrastra… se arrastra… se arrastra…
Asoma la cabeza por el marco de la puerta. La puerta del cuarto de baño está ligeramente entornada y la luz está encendida.
En la casa reina el silencio.
Se dirige a la cocina y abre un cajón. Coge el cuchillo más grande que tiene.
- ¡¿Oiga?! -dice- ¡Sé que está ahí! ¡Lárguese o llamaré a la policía!
Cuando se dirige de nuevo al pasillo, vuelve a oírlo. Se queda congelado en el sitio. Sus manos empuñan con fuerza el arma improvisada.
Aquello se arrastra…
Sus manos aprietan más fuertemente el cuchillo, mientras lo levanta intentando adoptar una posición defensiva. Algo comienza a dibujar su silueta en la pared.
Escucha el interruptor del baño.
La silueta desaparece.
Y aquello se arrastra…
- ¡Lárguese! ¡¿Me oye?! ¡Estoy armado! –dice.
Se arrastra…
Sus manos apretando el arma tan fuerte, que casi no las siente.
Y aquello se sigue arrastrando…
Y se arrastra…
Ya debe de estar al borde. Casi puede oír su respiración. El sonido de unos pulmones dejando escapar el aire.
Ya nada se arrastra. Sólo respira. Una boca que respira pausadamente.
Ve vaho asomar por el marco de la puerta. Como ese vaho que se forma en su boca al exhalar el aire con el frío.
No se arrastra. Sólo respira. Pausadamente.
Y ve vaho.
Y respira.
Y ve vaho.
Grita, perdiendo la paciencia. Corre y gira la esquina, siempre con el cuchillo por delante.
Una mano familiar le agarra la suya, y no puede evitar soltar el cuchillo.
Su rostro se torna en una expresión de terror.
Un usted demacrado le mira a los ojos. Y usted lo contempla horrorizado.
“No temas” –le dice.
“Soy yo”.
Y entonces, deja de respirar.
******
Un cuerpo sentado cómodamente en el sillón. Ojos abiertos. Mirada perdida.
Una buena película.
Y alucinógenos. De los mejores.
Buena manera de pasar un fin de semana, ¿eh?
Raúl Carrasco López
14 de junio de 2000.
[VOTAR CUENTO DE FICCION y mi opinión]
recuerda poner tu nombre, ciudad y país para el voto

Webs relacionadas ciberanika | Anika Entre Libros | Anika Cine Magazine | Vinilo |© Todos los derechos reservados. No plagiar ni copiar el contenido de la web.