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De nuevo amanece... el joven seguía tendido, inconsciente, mientras los pájaros cantaban despreocupados sobre su cabeza y el sol comenzaba a calentar su cuerpo.El despertar llegaba poco a poco a su vida, lo primero que sintió fue el frescor del césped en la cara, aspiró profundamente y pudo oler su verdor, luego sintió como algo templaba sus pies y su cuerpo, así que eso significaba que estaba al aire libre. Al principio no pudo recordar quién era, ni qué hacía tirado en el suelo. Pero inmediatamente una maraña de pensamientos inundó su cabeza, recuerdos donde todo estaba oscuro y donde oía cómo algo gruñía, un animal de enorme tamaño, sintió un extraño sabor en la boca y el estómago lleno y pesado y entonces se acordó de todo...
Levantó rápidamente el cuerpo del suelo, con los ojos fuertemente cerrados y aspirando profundamente, tratando de controlarse para no gritar a todo pulmón. No quería abrir los ojos, mientras los mantuviera cerrados lo sucedido en los últimos meses sería sólo una pesadilla. Si los mantenía cerrados no sería cierto que fue mordido por un lobo en su último viaje de pesca al bosque, y tampoco sería cierto las noches en vela que siguieron a ese acontecimiento, ni los extraños sueños que tenía cuando podía dormir, donde un enorme lobo lo perseguía entre un frondoso campo de heno, en esa interminable explanada una inmensa luna llena que parecía abarcar todo el cielo corría con él. No podía ver al animal, pero sabía que estaba ahí, y cuando por fin su perseguidor lo alcazaba, lo lanzaba contra el suelo y le daba la vuelta, no veía a ningún animal, sino que veía su propia imagen trastocada, donde sus colmillos tenían un tamaño desproporcionado y sus ojos brillaban con un tono rojizo, entonces despertaba en la cama, empapado en sudor y sin poder recordar muy bien el final del sueño.
Luego vino el primer asesinato, se encontró a una mujer joven, sin identificar, con el cuerpo totalmente mutilado, pasaron más de tres días antes de que averiguasen quién era, lo hicieron por su dentadura. Y él se despertó en un solar cerca de donde él vivía, cubierto de sangre, con todas sus ropas desgarradas y sin recordar nada de lo sucedido la noche anterior, bueno, casi nada. Cuando intentaba recordar sólo se le venía a la cabeza el color rojo, charcos de pintura roja, solo que no era pintura.
Intentó entregarse, pero le trataron de loco, le encerraron una noche para que se le pasara la “borrachera” y volvieron a soltarle, ya que la policía no buscaba un asesino, buscaban un animal fugado o una bestia que al no encontrar alimento se adentrara en la ciudad... posiblemente, un lobo.
El hombre dejó de ir a trabajar y perdió su empleo, comenzó a visitar a un psiquiatra y a contarle los extraños sueños que tenía, el médico era un alcohólico y sólo le sacó más y más dinero sin ayudarlo. De todos modos no era ese el tipo de ayuda que necesitaba...
Siguieron las muertes y las lagunas de memoria, a veces no encontraban el cadáver, y en otras ocasiones algunos granjeros de la zona se quejaban de que algunos de sus animales habían desaparecido. Pusieron varias denuncias lo que acrecentó la idea de que se trataba de un animal salvaje y no una persona lo que estaba provocando muertes en la ciudad.
No podía creer lo que le estaba sucediendo, a él que era la mano derecha de uno de los mayores empresarios de la Costa Este. Que había vivido dentro de la ley, respetándolo todo, a él que reciclaba y era buen vecino.
Siempre supo que era el autor de las muertes, pero sólo cuando leyó un artículo en el que se decía que había un punto común en todas las muertes se dio cuenta realmente de lo que estaba pasando... todas las muertes habían acontecido en luna llena, los expertos hablaban que esta luna hacía que algunos animales se volvieran más agresivos y que esto podía explicar que sólo cuando la luna estaba en su mayor apogeo se produjeran los ataques y bla bla bla...
Todo el mundo intentaba sacar tajada de estos extraños acontecimientos.“Los hombres lobos no existen” se repetía una y otra vez. “Han sido creados para las películas de clase B” se decía día tras día para auto-convencerse. “Estoy loco, eso es lo que pasa”.
Volvió a pasar otra luna y una niña de cuatro años desapareció, en la descripción sus padres contaban entre llanto que la pequeña Marie tenía un lazo de terciopelo rojo en el pelo. El mismo lazo que él encontró en su boca al despertar oculto entre unos matojos en el parque, este lazo estaba manchado de sangre, estuvo a punto de ahogarse con él. Cuando se dio cuenta de la realidad casi se volvió loco, gritó con toda la fuerza de sus pulmones, una pareja que estaba besándose en un banco detrás de los matorrales donde él se encontraba se levantó y se fue, totalmente aterrorizados al oír el terrible grito.
Los remordimientos eran lo peor, no podía comer, no podía dormir, no podía vivir. Se apartó de todos los que quería por miedo a dañarlos.
Trató de evitar las muertes, se ató con cuerdas, con cadenas, e incluso desesperado se suicidó, se tomó un bote de pastillas y fue enterrado. Pasó tres días bajo tierra, hasta que llegó la siguiente luna llena. En el periódico por primera vez el titular que ocupaba la primera página no era alguna desaparición ni muerte, sino este:
Creían que su cadáver había sido robado, y él volvió a levantarse en un sitio que desconocía. Sin sangre esta vez en su cuerpo, pero con la ropa destrozada, y lleno de tierra húmeda y oscura.Y ahora se encontraba aquí, de nuevo con sus ropajes hechos harapos, y con el sabor de la sangre en la boca, temió abrir los ojos pero lo hizo. Todo su cuerpo temblaba, y su estómago rugía y gruñía satisfecho con el tétrico banquete ingerido la noche anterior. Miró a su alrededor y no vio nada conocido, se encontraba en medio de ningún sitio, cerca de ningún lugar y a dos manzanas justas de ninguna parte.
Se pasó una temblorosa mano por los labios y cuando la miró encontró sangre en los dedos. Sintió arcadas y giró la cabeza hacía un lado, intentando contener los vómitos, ya que no quería ver en qué había consistido su cena de la noche anterior... ¿conejos? ¿algún cerdo? o tal vez... se había deleitado con un niño pequeño devorándolo hasta los huesos. Este pensamiento fue demasiado, estiró todo lo que pudo su cuello y vomitó a los pies de un árbol, con los ojos fuertemente cerrados, no pensaba mirar. Expulsó su rebelde cena durante muchos minutos, cuando parecía que ya no le quedaba nada más en el estómago le volvían las arcadas y seguía vomitando.
Cuando acabó con los ojos aún cerrados se volvió e intentó echar a correr lejos del dantesco espectáculo que había dejado al lado del olivo, pero se cayó a los dos pasos, las piernas le temblaban demasiado como para sostener su peso.
Y comenzó a llorar, arrancó puñados de césped, totalmente furioso, y cuando se encontró con fuerzas levantó la mirada al cielo y gritó, preguntando “¡¿Por qué?!!!!”, deseó morir una vez más con todas sus fuerzas, el destino le había arrebatado la vida, le había arrebatado el amor, la familia. Se lo había quitado todo, y encima no le dejaba morir. No podía sentir más dolor ni más remordimientos.
Y entonces miró al cielo, aún se podía ver la luna, ahora sin ningún poder, pero maravillosa, linda, misteriosa, perturbadora, hermosa, oh hermosa luna... El hombre se rindió a sus encantos, dejó de gritar y de llorar, se quedó mirándola. Y se olvidó de todo, de sus preocupaciones, del dolor, de la tristeza, se olvidó de los remordimientos... la luna estaba tan hermosa...
Mientras miraba el cielo se dijo a sí mismo que no podía hacer nada, que ya había sufrido lo suficiente, que después de todo los niños también morían atropellados por borrachos en las calles, maltratados por sus propios padres, o ingiriendo ese líquido de debajo del fregadero de aspecto tan apetitoso...
Siguió mirando la luna, maravillándose de su pálido resplandor, del dulce consuelo que le ofrecía e inconscientemente sonrió, sonrió de un modo feroz, en su risa se dibujó la más bestial de las muecas y sus ojos brillaron con el color rojizo de la sangre. Sintió cómo en su boca los dientes aumentaban casi imperceptiblemente, y cómo cada vello de su cuerpo de erizaba.
Mientras miraba la luna se dijo que después de todo no era tan malo, que ya era hora de dejar de vivir para el mundo y comenzar a vivir alimentándose de él. Pensó... que estaba deseando que llegara la próxima luna llena y poder correr con ella hasta el amanecer...
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