RELATOS DE FICCION DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
Anika (Valencia. España)
La pelota
Subió las escaleras hasta el primer piso donde estaban las habitaciones y lo hizo pensando que aún faltaba al menos una hora para que volvieran su marido y su hijo. Cuando estaba alcanzando los peldaños más altos observó al final del pasillo una pequeña pelota azul. La pelota de Marcos. Dejaba los trastos en cualquier sitio. En el último escalón le llegó una imagen a la cabeza y sonrió nerviosa. Si se moviera hacia mí sería como aquella película de “Al final de la escalera”. Uff ¡Qué horror! Sí que da miedo esa película. Si la pelota se moviera... Pelota, pelota –decía mentalmente mientras avanzaba hacia ella- venga muévete, así descubro si tengo poderes. Hazlo.... ¡ya!... ja ja ja, ¡qué fracaso!.

Emma llegó hasta el cuarto de baño y juntó la puerta. Se sentó en el inodoro y se dijo: ¿Y si ahora la pelota entrara en el cuarto de baño? Entonces sí que podría decir que me he meado de miedo, ja ja ja.
    Terminó de orinar y salió del lavabo. No pudo evitar mirar hacia el lugar donde se encontraba la pelota pero.. ya no estaba allí.
 

No se paró en seco. La curiosidad podía más que la sorpresa así que entró en la última habitación. La pelota se había parado en el umbral de modo que si había habido alguna corriente de aire que la empujara tendría que estar allí dentro. Abrió la luz porque aquél era un cuarto muy sombrío y entró.
- ¿Pelota?
Se hizo gracia a sí misma. Hacía tiempo que por el estrés hablaba con los utensilios de la cocina pero era algo divertido, nada anormal... una forma de sentirse menos sola cuando cocinaba o limpiaba y su marido estaba en el trabajo y Marcos en la guardería.

Miró en cada rincón pero no la encontró. Agitó la cabeza ofreciendo un “no” a quien pudiera verla, pelota incluída. Trató de tomárselo con calma y se apoyó en su escepticismo para no sufrir un ataque de nervios. No era miedosa. Nunca lo había sido, y si alguna vez había tenido miedo había ocurrido viendo una película de terror, pero ese miedo se le pasaba en cuanto terminaba la cinta.

Por si acaso miró de las otras habitaciones, al lado de los muebles, debajo de las camas, detrás de las sillas... nada.

Aún tenía que tender así que cogió la ropa que tenía preparada en la galería y salió a la terraza a tender. Cuando terminó e iba a marcharse observó algo extraño en la piscina.
- ¡La pelota! ¿Cómo diablos ha llegado hasta aquí?

Sacó la pelota azul de la piscina y la observó detenidamente, como si en las gotas de agua que resbalaban se escondiera su secreto. Al final la dejó caer al suelo y entró en la casa para preparar la cena. Hubiera seguido pensando en el tema si no fuera porque se le cruzó por la cabeza un recuerdo y se dedicó a discurrir mentalmente mientras batía huevos.
    Marcos llegó en brazos de su marido y le contaron lo que habían hecho aquella tarde de sábado. El día terminó felizmente.

********

Al día siguiente y como cada domingo se dedicaron a jugar con el niño, leer, descansar y prepararse para un nuevo día laboral. Durante la semana Emma no trabajaba fuera de casa pero su marido cogía el coche a primera hora del día y ya no aparecía hasta la noche, de modo que a media tarde él se quedó en la terraza con el niño y ella entró a planchar una camisa.
    Subió al piso de arriba a planchar y se encontró de nuevo con la pelota azul en el umbral de la habitación, pero esta vez era allí donde iba entrar, En esta ocasión la esquivó y levantó la persiana para que entrara luz. Cuando terminara de planchar la camisa le contaría a su marido lo que le estaba pasando con la pelota desde ayer.
    Pero no llegó ni a empezar a planchar.
    Al levantar la persiana observó que Marcos estaba gateando por el borde de la piscina y sintió que se le paraba la respiración. Se giró hacia el umbral de la puerta y observó que la pelota azul ya no estaba allí.
- ¡Maaaaaaaarcooooooooooooos!

Bajó los escalones de tres en tres y llegó justo a tiempo para tirarse a la piscina y rescatar a Marcos del agua. Su marido salió al escuchar el grito y le suplicó que le perdonara por la imprudencia. No tenía que haberle dejado solo ni un segundo pero necesitaba ir al baño y no pensó que el niño llegara tan lejos.

Cuando al fin se tranquilizaron, Marcos dejó de llorar y Emma perdonó a su marido, ésta le contó lo que había ocurrido con la pelota.
- Relacioné la pelota de Marcos con Marcos. Al verla en la piscina ayer me extrañé, pero al relacionarla con él y verla desaparecer de nuevo en la puerta, supe que Marcos iba a caer en la piscina, justo donde encontré la pelota ayer ¡en el agua!.
- Emma –interrumpió su marido-. Cariño, no es que no te crea pero... esa pelota que dices la tiré la semana pasada al contenedor porque estaba pinchada.

FIN
 

Dedicado a mi casa porque me he basado en ella y a mi hijo porque he utilizado su pelota para el cuento.

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