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La historia que os voy a contar sucedió en una ciudad no muy conocida de América; Tegucigalpa, no se sabe ni cómo ni cuándo, pero sucedió.A mí me la contó mi bisabuela cuando tenía nueve años, pero jamás se me olvidará.
Toda la historia, empieza un día en el que Jane, una niña de once años fue a una excursión con el colegio a visitar unas cuevas de antiguos primates...
— Profesora, aquí dice que los primates eran seres que creían en la reencarnación, ¿qué es eso?—
Jane pensó que se lo preguntaría a su padre, ya que la profesora no le prestaba atención riñendo a Brian; el niño más travieso de la escuela. La excursión fue muy bien, todos se lo pasaron genial observando esculturas de mamuts y herramientas de hacía por lo menos cien mil años.
Mientras cenaban aquella noche Jane se acordó de la pregunta que había pensado hacerle a su padre, pero su padre aún no había llegado del trabajo.
Al no estar su padre buscó información entre las enciclopedias de su casa pero ella no entendió nada de lo que ponía y al día siguiente fue con su amiga Anny a la del pueblo, encontraron algo donde explicaba un conjuro para reencarnarse después de la muerte y lo copiaron. Tenían curiosidad y llamaron a algunas amigas más para hacerlo. Quedaron en casa de Jane porque sus padres estaban trabajando y aun no sabiendo por qué, no se lo querían decir a ningún adulto.El conjuro decía así:
1. Necesitarán un papel en el que hayan escrito sus nombres y apellidos y su fecha de nacimiento.Cuando dijeron esas palabras un libro de la estanterías cayó y le dio a Jane justo en la sien, lo que le causó la muerte. Las amigas muy asustadas ya que se imaginaban que había sido a causa del conjuro, llamaron corriendo a la madre de Jane.
2. Tendrán que estar en una habitación, donde no haya ninguna foto de algún familiar muerto, ya que podía que impidieran realizar el conjuro.
3. Inclínense y unan sus manos en el centro y encima del papel de los nombres. Cuando hayan hecho todo esto invoquen: ”Nosotras (digan sus nombres de la persona más mayor a la menor) deseamos estar aquí en la otra vida”.Acudió a los pocos minutos y al ver a su hija con la cara ensangrentada no creyó que hubiera sido por los libros. Nadie creyó a las niñas, incluso las llevaron al psicólogo, pero las niñas no dejaron de decir la verdad sobre lo que había sucedido.
En la comisaria Anny preguntó a Karen, la madre de Jane, si había alguna foto de algún familiar en aquella habitación. Ella le contestó que no quería hablar más de aquel tema estúpido de la reencarnación.
A pesar de decir esas palabras Karen recordó que en aquella habitación había una foto de su abuelo ya muerto, pero no tenía fuerzas para seguir investigando, así que se hundió y no volvió a hablar más del tema, apenas salía de casa; Math, su marido, era el que hacía la compra.
*********
Karen cogió una depresión y se mudaron a otra ciudad; Chicago, en la cual al año siguiente quedó embarazada de Sony.
Mientras Sony crecía decía cosas extrañas como “Nosotras Anny, Rubby, Celine y Jane...”.
Karen se asustaba porque el niño sabía cómo se llamaban las amigas de su difunta hermana pero no le quería dar importancia, hasta que un día, a los ocho años Sony preguntó si podían ir a Tegucigalpa. La madre llamó corriendo a Math, ya que nunca le habían hablado de aquella ciudad.
— ¿Para qué quieres ir hijo? — le preguntó Math.
— Para visitar a mis amigas — lo dijo así, sin más, parecía una reencarnación de verdad.Fueron a Tegucigalpa en coche y una vez allí Sony iba señalando a sus amigas, las llamaba por su nombre y las abrazaba; aunque ya habían pasado muchos años y estaban muy cambiadas, las reconocía. Lo que les afectó más fue cuando llegaron a su antigua casa, la que sus padres habían dejado hacía nueve años.
Él entró y fue directo a la habitación donde murió su hermana, o él mismo... Cuando entró se formó una nube blanquecina y apareció la cara de su bisabuelo, diciéndole que mirara la carta que había debajo de la cama de su casa. Sony cuando salió no pareció asustado, pero Karen...
Anny, Rubby y Celine, también parecían muy asustadas.
Se fueron hacia Chicago, aquella vez les acompañaban las amigas. Cuando llegaron y miraron debajo de la cama, era cierto, no se sabe cómo pero lo era, había una carta con un olor especial que Karen reconoció enseguida; el de su abuelo.
La carta decía así:
“Querida Jane: Lo siento por lo que te hice, sólo quería ahuyentarte del tema de la reencarnación ya que yo de pequeño lo hice y uno de mis amigos murió. Cuando estábais inclinadas, lancé energía para que cayera el libro encima del papel y así no lo pudiérais invocar, pero llegué tarde, y os incorporásteis y te di en la cabeza, lo hice fuerte para que os asustárais y no lo volviérais a hacer, pero me salió mal. Después fui yo el que hice algo para que volvieras a nacer, cosa que ya lo descubriréis cuando llegue vuestro día. Lo siento muchísimo. Respecto a vosotras Anny, Rubby y Celine ya no os ocurrirá nada, ya que un miembro del conjuro lo pagó. Recuerdos y millones de disculpas.
Rudolph”
Raro fue que Karen no se alarmó al escuchar esa carta que leía Sony pero no lo hizo. Desde aquel día los padres volvieron a vivir como si nunca se le hubiera muerto nadie. Sony hizo como si él no supiera nada y vivieron felices como otra familia más.
Esta es la historia más alucinante que me explicó mi bisabuela. Aunque a mí siempre me quedó una duda, ¿dónde se encontraba Jane cuando murió y antes de que Karen se quedara embarazada? ¿En el cielo de los muertos pero que aún tenían que volver a vivir? ¡Ah! Y otra, ¿los espíritus de los muertos se ocultan en sus fotos?
Esas son las únicas preguntas que mi bisabuela no me supo responder pero que algún día, a lo mejor viva, o a lo mejor muerta, las averiguaré.
© Alicia E.
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