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Marcos abrió sus ojos, el sonido persistente de su despertador lo devolvió desde su mundo de sueños a la realidad, dejó que éste siguiera sonando y miró por encima de su hombro izquierdo, ella como todos los días ya no estaba. Maldita pereza, musitó mientras apagaba el despertador con su puño.Una vez que se duchó y vistió, fue directo al comedor de su departamento, sobre la mesa estaban dos velas aromáticas de olor a vainilla, muchos recortes de periódicos y, fotografías regadas, había además una taza de café y un plato con restos pan y un vaso de jugo de tomate a medio vaciar.
Sobre la mesa de centro de la sala estaba un florero con rosas marchitas, habían también más recortes y fotografías, las cortinas estaban abiertas estaban llenas de polvo y suciedad.
Él entró a la cocina y se preparó su desayuno, se colocó frente a silla vacía, fue cuando ella entró en el comedor. Vestía una camisa a cuadros color celeste y azul, unos blue jeans y zapatos blancos, su cabello estaba recogido con una liga también azul. Ella se veía hermosa, su sonrisa era aun más clara que la luz del sol que se filtraba por entre las ventanas, Marcos sonrió, siempre era una experiencia indescriptible el verla por las mañanas, como si cada día que pasara ella estuviera más fresca y viva, él solamente podía pensar en lo afortunado que era.
Lentamente Daniela se acercó hasta él, Marcos se levantó de su silla y la recibió con un abrazo fuerte y cálido, ella acarició su rostro y lo besó en los labios con ternura.
- ¿Descansaste, amor? -dijo Daniela.
- Sí, gracias, ¿te levantaste temprano verdad?
- Ya lo sabes, me gusta estar alerta -Daniela respondió mientras se acercaba de nuevo hasta Marcos, ella lo besó.Fue hasta las siete y treinta que Marcos se fue al trabajo, Daniela se despidió de él desde la ventana del departamento, Marcos levantó también su mano y se despidió, cuando estuvo dentro de su auto él miró a su vecina en el estacionamiento que volvía de dejar a sus nietos de la parada del bus escolar, ella movía su cabeza de izquierda a derecha como clara señal de desaprobación.
- Al diablo con Ud. vieja metida -dijo, mientras encendía el auto y salía hacia su trabajo.El día en la oficina fue como todos, igual de cansado y aburrido, hubo una cancelación en una exportación de rosas y la gente estaba como loca, especialmente el departamento de contabilidad donde él trabajaba, había que hacer cálculos, devolver anticipos y más y eso sacaba de quicio a cualquiera.
Marcos levantó sus brazos con las manos entrecruzadas y empujó hacia arriba, como decía en el manual de yoga para oficinistas que Daniela le había regalado, supuestamente eso liberaba la tensión, luego se quedó estático viendo su monitor, lleno de números y gráficas. Se volteó a la derecha y vio la foto de su Daniela, él sonrió recordando lo especial que había sido el día en el que tomaron esa foto, fue el año pasado en un paseo de la compañía, la pasaron genial. Marcos sintió una fuerte necesidad de volver a casa para verla de nuevo.
Cuando dieron las cinco, él ya estaba preparado, fue cuestión de minutos para llegar a casa, ella lo esperaba ya igual de hermosa y sonriente en la antesala del departamento.
Marcos notó que la puerta contigua se cerraba súbitamente como si alguien hubiese estado espiando, él hizo una mueca de ira y se limitó a entrar cerrando la puerta tras de sí.
- ¿Cómo te fue en el trabajo? - preguntó Daniela.
- Ya sabes, la misma rutina de siempre -respondió- si no es una cosa es otra, ¿tú qué hiciste?
- Nada nuevo. Quería tanto verte, tenerte de nuevo a mi lado, realmente he pasado un día aburrido sin ti.
- Sí, yo también quería verte.
- ¿Cenaste ya? - dijo Daniela.
- No, comeré luego, gracias, ¿y tú?
- Yo ya cené, entonces tenemos el resto de la tarde para conversar un poco.
- Me parece bien - respondió Marcos.Los dos se sentaron en un sillón de dos plazas, él recordó cuántas veces habían hecho lo mismo, sentarse allí y conversar de cosas absurdas y sin sentido, disfrutando el simple hecho de estar juntos, también habían hablado de cosas más serias, del futuro de sus planes, de su matrimonio. Marcos sintió escalofrío, ella preguntó.
- ¿Qué sucede?.
- Nada, tan sólo... abrázame ¿quieres?. -Ella lo hizo, Marcos apegó su cabeza contra el pecho de Daniela y se quedó allí como si fuera un niño, él necesitaba sentirla cerca, tan sólo no quería perderla de nuevo.
- ¿Qué pasa amor? - preguntó Daniela- ¿hemos superado lo del accidente que tuve verdad?.
- Sí, lo superamos, es sólo que sentí miedo, miedo de que te fueras... de que... pasara de nuevo ¿entiendes?
- Te entiendo, eso no será así, no te dejaré nunca más, te lo prometo.Marcos sintió como el sueño lo dominaba, siempre le resultó relajante estar así con ella, no era la primera vez que se quedaba dormido a su lado.
Despertó al día siguiente sobre el sillón, tenía la sensación de no haber dormido nada, estaba agotado y deprimido.
Ella entró en la sala.
- Vaya, por fin despertase -dijo- Parece que tuviste una mala noche ¿verdad?
- Y que lo digas, sabes, hoy podríamos... -no pudo completar la frase, el teléfono lo interrumpió- ¿Quién será a estas horas? -él levantó la bocina- ¿Hola?
- Hola ñañito ¿cómo estás? - Era su hermana Fernanda.
- Hola Fer, qué hay de nuevo. -Dijo él y apenas pudo contener su sorpresa, miró a Daniela con una mirada de angustia. –¿Cómo están mis sobrinos y el Jaime?.
- Ellos están bien, ¿sabes qué?, estoy cerca de tu departamento, necesito hablar contigo de urgencia, llegaré como en cinco minutos, nos vemos, chao.
Ella colgó el teléfono sin darle tiempo a que Marcos pudiera responderle, él marcó inmediatamente el número de celular de su hermana pero éste no contestaba, seguramente ella lo había apagado.
- Daniela, ella dice que viene para acá, carajo qué quiere conmigo ¿por qué no nos deja en paz?.
- Ella sólo se preocupa por ti, no debes estar enojado, sabes que tiene razón.
- No digas eso - gritó-, no vuelvas a decirlo ¿entiendes?. -Las lágrimas llenaron los ojos de Marcos, él empezó a respirar rápidamente, sintió como el nerviosismo invadía su ser. Daniela se quedó mirándolo, no dijo nada, tan sólo bajó la mirada, se dio la vuelta y se dispuso a salir.
- Es mejor que me vaya -dijo- no quiero causarte problemas, prometo volver luego.
- No, por favor, no te vayas, lo siento lo siento mucho, no volveré a gritarte.Ella caminó hasta él:
- Escúchala mi amor, oye lo que ella tiene que decir, luego hablaremos ¿sí?.
El no respondió, la angustia que sentía era muy grande y no le permitía articular palabra alguna, ella se acercó hasta él y lo besó en los labios.
- Siempre te amaré, pase lo que pase -dijo, y se fue.El escuchó el timbre, lentamente se acercó hasta la puerta y la abrió. Era Fernanda, su rostro denotaba ira, pero cambió rápidamente cuando ella lo vio.
- ¿Qué pasa Marcos? -dijo, ella lo abrazó y lo besó en la frente- ¿Te sientes mal? Has estado llorando ¿verdad?.
- No, no es nada -respondió Marcos-, tuve una mala noche es todo.
- Escucha Marcos, no puedes seguir así, ¿has tomado tus pastillas?
- No quiero esas cosas, me ponen peor, necesito pensar... y las pastillas no me ayudan.
Su voz era entrecortada, sus gestos torpes y desorientados, él no estaba bien.
- ¿Hace cuánto tiempo que no limpian tu departamento? ¿que pasó con la Sra. María que hacía la limpieza?. Mira este desorden, papeles, fotos, cuánta suciedad. No entiendes que ésta no es forma de vivir ¿qué pretendes? -Dijo Fernanda en un tono muy serio.
- Sabes lo que quiero, -gritó Marcos- quiero morir, morirme, irme con ella, no puedo continuar de esta forma. -El se derrumbó, cayó sobre sus rodillas llevándose las manos al rostro.– La extraño mucho - gemía.
- ¿Y crees que nosotros no? -ella se arrodilló frente a él- ¿Crees que no fue duro saber que la perdimos? Pero no podemos cambiar las cosas, debemos seguir adelante. Dime algo, ¿has estado viéndola de nuevo?
- Sí - respondió el tímidamente.
- Sabes que no es ella ¿verdad?, sabes que es tu imaginación, que tú crees verla para compensar el vacío que tienes ¿no?.
- Sí, es así.
- Tienes que volver al médico, él dice que hace dos semanas que no vas, tu vecina te escucha hablándole y te ve comportarte de forma... “rara”, eso no es saludable.
- Qué sabe el psiquiatra de eso, y peor esa vieja metida, no pueden entender lo que siento, nadie puede, no pueden ayudarme. -El se levantó violentamente- No puedo olvidarla, no pude ayudarla ¿entiendes?.Recordó entonces lo que sucedió, cómo salieron ese sábado en la tarde, habían bebido un par de cervezas, él no asimilaba bien el alcohol pero no habían llevado el auto. Daniela lo ayudó a salir de la fuente de soda, y siguieron caminando hasta la parada del bus. El se volvió y vio un puesto de dulces, se acercó para comprar goma de mascar, a ella le gustaba mucho, también compró tabaco, él no se dio cuenta que ella bajó de la acera, ella lo vio sonriendo, puso un cigarrillo en su boca y empezó a caminar hasta ella. Lo hacía erráticamente casi cae un par de veces, ella sonrió. El se detuvo en seco y extendió sus brazos. No me vas a ayudar, ¿pregunto?, y de pronto escuchó un grito, el auto la embistió por el costado derecho, él vio claramente su rostro lleno de terror y angustia, vestía una camisa azul y celeste a cuadros, sus blue jeans favoritos y zapatos blancos deportivos. Su cabello recogido se despeinó por el impacto, ella salió despedida como quince metros, la velocidad del auto era demasiado alta para una zona residencial. Ella cayó sobre el pavimento produciendo un ruido seco, había muerto incluso antes de caer al piso.
El cigarrillo cayó de sus labios, preso del pánico corrió hasta ella, Daniela, gritó él. Vio cómo el auto daba marcha hacia atrás y salía despedido por la calle, la gente se arremolinó cerca de ella, muchos tomaron nota de la matrícula del auto, había llanto, confusión.
El se acercó hasta ella, sus hermosos ojos castaños estaban abiertos fijos al infinito cielo donde ella habitaba ahora. Él la abrazó, no le respondía, no se movía... ya no respiraba.
La angustia lo consumió de nuevo.
- No puedo olvidarla Fernanda, -dijo Marcos- no pude ayudarla, no pude protegerla no estuve allí para salvarla, ¿entiendes mi frustración? ¿entiendes que no pude salvar a quien iba a ser mi esposa?.
- Lo sé Marcos, lo entiendo, pero ella no desea que vivas de esta forma, ella quiere que rehagas tu vida, no te necesita así.
Fernanda lo rodeó con sus brazos:
- Prométeme que volverás a la terapia, prométeme que vas a pasar una temporada en mi casa hasta que te sientas mejor, promételo.
- Lo...prometo.
Ella lo tomó de la mano, salieron del departamento y cerraron la puerta.Todo quedó en silencio, sobre la mesa del comedor se veían las fotos de Daniela y Marcos, algunas invitaciones para la boda, y los recortes de la prensa, un policía la había atropellado y nunca fue sancionado, tan sólo le habían dado una amonestación leve.
Semanas más tarde, Fernanda y Marcos fueron al cementerio. La lápida blanca y lustrosa decía.
“Daniela Alexandra Alvarado Martinez, recordada hija y hermana”.
Al final, en letras más pequeñas rezaba una inscripción.
“Prepara mi camino
Ten listo mi lugar
A tu lado en el infinito,
Siempre te amaré.
Marcos”.Ellos dejaron unas flores y oraron por su eterno descanso, Marcos estaba mejor, el tratamiento y la terapia funcionaban, él... ya no la veía, ni la hablaba, tan sólo la llevaba en su corazón, recordando lo especial que había sido.
Era el momento que Marcos había temido tanto, era tiempo de dejarla partir.
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