RELATOS DE FICCION DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
Laura Doyrens
Laybinia
Llevaba un mes y medio de escuela cuando conocí la profesora más encantadora que se haya visto jamás. Su nombre era algo extraño. Yo nunca antes había oído el nombre Laybinia y no he vuelto a conocer ninguna mujer que se llame así.

Era un Lunes por la tarde. Aproveché los cinco minutos de los que disponemos entre clase y clase para ir al baño.
- ¿Vosotras tenéis que entrar? -Le pregunté a Valeria refiriéndome a todo el grupo.
- No, te esperaremos aquí fuera.
- Bien, pero no me dejéis plantada. -Repuse entrando- Ya sabéis que no me gusta quedarme sola en este edificio.
- Descuida, mujer, te esperaremos pero no tardes.

Así que entré al baño y empecé a lavarme las manos y la cara, ya que estaba sudada de tanto correr en gimnasia. ¡Y pensar que me tocaba otra hora más de deporte!
- Hola cielo, ¿te estás refrescando? -Oí una voz dulce tras de mí- Eso está bien.

Al girarme me encontré ante una mujer de unos 33 años pero que parecía tener una edad inferior a la que realmente tenía.
- ¿Usted es nueva en el colegio? -Le pregunté tímidamente- Nunca la vi.
- No importa -Me pasó la mano por el cabello-, hace muchos años que trabajo aquí, sí, aunque nunca me hayas visto.
- Y usted es profesora, ¿de qué asignatura?
- Hace muchos años fui profesora de química hasta que un día, con un experimento, el laboratorio incendió.
- ¿Murió alguien? Espero que no.
- Sí, una sola persona.
- Lástima. -Miré a la profesora a sus ojazos azules- Yo no he hecho ningún experimento ahí pero el profe Aitor quiere que pasado mañana hagamos uno muy peligroso.
- ¿Lo harás? Espero que no vengas ese día a la escuela.
- ¿Por qué?
- Bueno, el miércoles hará un año más de la explosión...
- ¿Se imagina que fuese el mismo experimento?
- Eso es lo que estoy temiendo, mi niña. -Hizo una pausa- ¿Se compone de pólvora y petróleo?
- Sí.
- No vengas a la escuela ese día. -Me miró- Te lo prohibo, ¿entiendes?

Yo estaba confusa. La mujer era rubia con el cabello lacio por media espalda. Sus ojos eran grandes y de un azul claro. Tenía la piel muy blanca... casi calavérica. Su cuerpo era delgado pero le sentaba muy bien con aquella ropa antiquísima. Empezó a hacerse un moño delante del espejo y me pareció una completa actriz de una película del siglo... No sé qué siglo porque me suspendieron de Historia...

Me despedí y salí del baño pero mis amigas no estaban allí. Me habían dado plantón. Retrocedí para preguntar a la maestra si las había visto pero el baño estaba vacío completamente. Pensé que se habría metido en uno de los lavabos a hacer sus necesidades y la dejé en paz.
- ¡Jovencita! ¿Qué hace que no sale de la escuela? ¡Ya es hora de plegar!

Miré perpleja al conserje, que, por cierto, siempre está de malhumor. ¿Cómo que ya era hora de plegar? Miré el reloj y vi con sorpresa que hacía diez minutos que había tocado el timbre de salida. Me parecía imposible.

Ya oscurecía cuando iba por uno de los caminos más solitarios de mi pueblo. Iba a casa de Mauricia a ver si me habían puesto falta de asistencia.
- Hola cielo, ¿adónde vas? -Oí junto a mí- ¿Te molesto?
    La miré y ella me sonrió. Menos mal, así no debería pasar sola junto las tumbas del antiguo cementerio que se extienden a lado y lado del camino.
- ¿Vive usted por aquí, profesora?
- No, mi niña. Lo que pasa es que tengo una habitacioncita en estos alrededores.
- No quiero hacerla repetir pero, ¿me dijo ya su nombre?
- Para nada. -Me abrazó- Mi nombre es Laybinia Thedie Notlive.
- Mi nombre es Venus.

Continuamos el camino en silencio. Llegábamos a las primeras tumbas. Ya sólo nos alumbraba la Luna Llena y las estrellas. Era una noche clara aunque estábamos en otoño. Yo me arrimé lo más que pude a ella y sentí su brazo que rodeaba mis hombros. Tuve un escalofrío pero me sentí protegida.
- ¿Temes los muertos? Algún día estarás entre ellos tú también, ¿te gustará que la gente tenga miedo de ti?
- Nnnn... no.
- No tiembles, no quiero asustarte sólo hacerte ver una realidad de la que los vivos se olvidan.

Empecé a coger miedo. Me hablaba excluyéndose al decir VIVOS y no se incluía al decir que TODOS MORIREMOS... ¿Acaso...? ¿Acaso ella estaba mu... muerta? Era imposible pues estaba notando el calor de su cuerpo... ¿entonces?
- Venus, querida, yo me he de quedar aquí. -Me dijo de súbito- ¿Puedes acabar de cruzar el cementerio tú sola?
- ¿Es que usted tiene aquí su... su... ejem... su habitacioncita?
- Cerca, cerca.

Miré con terror las cruces torcidas y oxidadas que se clavaban en el suelo. Las lápidas derruidas y desgastadas. El color gris triste del suelo de cemento... ¡Era tan penoso y tenebroso a la vez...!
- Bueno, Venus...
- Dígame una cosa, ¿estaba usted el día que hicieron el experimento?
- Naturalmente, ¿por qué?
- ¿Dentro del laboratorio?
- Sí, sí. Venus, ¿por qué preguntas?
- ¿No sería usted la única que murió? -Me horroricé.
- Venus, entiéndeme...
- ¿Falleció usted? -Dije a punto de echar a correr.
- Sí, Venus, pero...

Me deshice de ella y la arrojé a un lado. Corrí tanto como me permitieron las piernas. No volteé a ver si me seguía. Sólo deseaba huir de ella.

Cuando llegué a casa de Mauricia toqué como una condenada. Llamé tantas veces y con tanta urgencia, que mi amiga salió palidísima a mi encuentro.
- Pero... ¡Venus, qué susto, hija!
- Dime una cosa, ¿viene alguien tras de mí?
- No, aunque, a lo lejos, en el camino del cementerio viejo, se ve una mujer vestida de blanco y cabello claro que venía hacia aquí pero se ha parado. -Me respondió como tal cosa- ¿Por qué?
- ¿Es la profesora Laybinia?

Me miró con una cara de sorpresa que supe en seguida que no sabía quién era. Me di la vuelta y la vi a lo lejos. Me miraba y su mirada era triste. Si no fuese porque yo estaba tan lejos de ella, hubiese jurado que lloraba. Me la quedé viendo y ella me mandó un beso invisible y me dijo adiós con la mano. Después, dio la vuelta y se marchó con la cabeza baja.

Me quedé a dormir en casa de Mauricia y al día siguiente decidimos hacer campana e irnos a pasear por el viejo cementerio. Mauricia estaba de acuerdo con buscar mujeres de nombre Laybinia porque estaba segura que no encontraríamos ninguna.

Estábamos ya andando entre las tumbas, cuando yo noté una brisa a mi vera y un beso en la frente. Luego, una mano dulce pero fría, que bien conocía de la noche anterior, me cogió la mía y me guió hasta un nicho, el más descuidado de todos, que tenía unas flores marchitas de hacía años.
- "Laybinia Thedie Notlive". -Leyó extrañada, Mauricia- ¡Uf! Murió hace cien años justos.
- ¿Qué? -Me aterré- ¿Cómo dices?
- "Laybinia Thedie Notlive (1870-1903)". -Me miró- Anoche me preguntaste por ella, ¿quién era?
- Bien, es que había leído el nombre en el colegio y... -Pausa- Bueno, era una profesora de química que mañana hará, como tú dijiste, cien años de su muer... muerte.
- ¿Cómo murió?
- Según ella... Según sé, haciendo un experimento hubo una explosión...
- ¡Qué mal cuidada está su tumba!
- Su habitacioncita... como dijo ella. -Susurré.

Empecé a quitar los hierbajos y a limpiar el nicho. Intenté poner bien la cruz y mandé a Mauricia en busca de pintura, flores y un trapo con agua.
- Ayer huí de ti... -Le dije mirando su nombre- Ya no más veré tu dulce rostro.

En ese instante me golpeó algo contra el pecho. Bajé la mirada y vi sobre la lápida un manojo de llaves y un papel. Cogí ambas cosas y cuando di la vuelta al papelito vi una foto de Laybinia y una nota al pie que decía: "Para ti, mi niña. Mi casa aún sigue en pie; es tuya".

Fin.



Nina (Barcelona. España)
Me ha parecido una historia preciosa de verdad.

Yunetsy Guerra
Muy linda, se sale del terror y no por eso deja de ser sorprendente.


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