RELATOS DE FICCION DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
Cojone
No juegues con lo que desconoces
Mientras la sombra de la noche se extendía por colinas y valles, el bosque me susurraba incomprensibles amenazas que me aterrorizaban. Nos dirigíamos a aquella mansión de la que tanto habíamos oido hablar, aquella de la que contaban mitos y leyendas, sobre una muchacha que había muerto en manos de su padre, su horrible padre. Un buen día, mientras el malvado mounstruo dormitaba, escuchó unos pasos en el ático y se decidió a subir armado con un palo para defenderse por si eran ladrones que entraban a saquear la casa. Pero, al subir al ático, se encontró con una penumbra absoluta. Y allí, no se sabe cómo murió.

Generalmente, las historias de terror son meras fantasías nacidas de la imaginación del escritor. Pero, en este caso, la historia que aquí cuento es verídica, y a pesar de que sé que muchos no me creerán, lo harían si lo hubiesen vivido.

Llegamos a aquella casa alrededor de las doce y media de la noche. Veníamos bien preparados para la oscuridad, y pensábamos celebrar allí una fiesta de terror, ya que por aquel entonces hubo una temporada en la que nos encantaba ese tema. Así que fuimos allí para hacer una fiesta y después, practicar una sesión de espiritismo.

Todos estábamos ya medio borrachos, y nos reunimos al rededor del tablero de ouija para comenzar a comunicarnos con el más allá. Pero antes de que ninguno de nosotros pudiera ni siquiera acercar su dedo al triángulo, éste comenzó a moverse rápidamente de letra en letra. Escribió un mensaje que pudimos traducir como "Iros de aquí". Todos nos quedamos atrapados en un silencio absoluto, hasta que a alguien se le ocurrió preguntar por fin el por qué.

El triángulo volvió a moverse, gracias a lo cual todos verificamos que el primer movimiento no era fruto de nuestra imaginación o del alcohol en nuestra sangre, sino que era una realidad que podíamos confirmar. El triángulo escribió "Porque él pronto llegará."."¿Quién?" preguntamos entonces, llenos de curiosidad. "Mi padre". ¡Su padre! ¡Estábamos hablando con la niña asesinada! Antes de que pudiéramos formular alguna otra pregunta, el triángulo se movió para decirnos "Ya está aquí.". Acto seguido, todas las velas que teníamos alrededor se apagaron, y mientras, aterrorizados e histéricos, buscábamos una linterna, escuchamos unos pasos que se acercaban. Cada vez más cerca. Más cerca. Aún más cerca. Ya casi notaba la brisa que producía al pasar junto a mí, cuando alguien encendió por fin una linterna. Allí no había nadie. Pero uno de nuestros amigos yacía en el suelo, degollado, llorando sangre que le goteaba por la cara, cruzándole las mejillas hasta caer en el enorme charco que se había formado en el suelo.

Todos salimos de allí corriendo, y aún nos sentimos de algún modo culpables por haber abandonado allí a nuestro amigo, pero... ¿Qué podíamos hacer? Ya casi nunca hablamos sobre aquello. No nos gusta recordarlo. Estuvieron a punto de acusarnos de su muerte, aunque al final se supo que no habíamos sido nosotros. Pero, a veces me pregunto... ¿Es cierto que no le matamos nosotros?
 

Cojone.


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