ROSA
GONZALVEZ
La exorcista de Almansa |

© fotografía: Luis Bonete |
Aunque a muchos nos cueste creer que una madre sea capaz
de asesinar a su propia hija, las hay que lo hacen y encima por un motivo tan estúpido
como creerla poseída.
La historia de Rosa
Gonzálvez Fito (5 de enero de 1954) deja de piedra y pone
los pelos de punta pues era una respetada sanadora que tenía fama de curar la
enfermedad del cáncer y otros dolores en una tierra donde es fácil
encontrar otros curanderos. Rosa debió creerse que era la mejor y que podía hacer
más, por ello un día decidió convertirse en exorcista y empezó la tragedia. De haberse
limitado a su don, esto no habría acabado como acabó.
Corría el año 1990 y Rosa cenó con Mª Angeles Rodríguez y la hermana de ésta,
Mercedes, que venía de Valladolid con sus dos hijos pequeños. Cuando
terminó la cena se marcharon a casa pero al día siguiente Mª Angeles acudió a la
llamada de Rosa porque su hermana estaba mal. La llamó como sanadora, y le
dijo que podía sacarle el demonio que llevaba dentro,
que no era otro que el espíritu del marido, Martín, que la estaba poseyendo.
La vecina, Mª Angeles Rodríguez, quedó muy satisfecha con el resultado,
y no puso objeciones cuando Rosa le dijo que ahora
tenía que hacer lo mismo
con los dos hijos, puesto que el mal se habría pasado a los niños.
Durante el rito les metía los dedos en la boca
para que vomitaran creyendo que si lo conseguía les estaba salvando del demonio
que había pasado del cuerpo de Mª Angeles a sus pequeños de cinco y seis años.
Era el día 16 de septiembre de 1990.
El padre de los niños, el propio Martín, llegó por sorpresa y les pilló in fraganti.
Trató de llevarse a los niños y lo consiguió a duras penas, pero tal era el histerismo
y la fuerza que ahora poseían seguramente por su propia locura Rosa y su -ahora-
secuaz Mª Angeles, que no consiguió llevarse a su mujer, Mercedes.
Rosa continuó su trabajo al día siguiente y esta
vez estaba más acompañada: además de su marido, Mª Angeles y Mercedes, Josefa y
Ana María Gonzálvez, cuñada de Rosa, que estaba allí a petición de Jesús (marido
de Rosa) para que vigiliara lo que ocurría porque estaba preocupado ya que veía
a su mujer algo loca. Estaban con ella en el dormitorio familiar.
Contagiándoles su propia locura hizo rezar y gritar y simular un exorcismo con invocaciones
espirituales que, según ella, servían para que los malos espíritus se marchasen.
La voz cantante la llevaban Rosa y Mª Angeles.
A media tarde lo dejaron para descansar, y ante la afirmación de Mª Angeles de que
había sido librada al fin de los malos espíritus y que le había salvado la vida,
Rosa le contesta que no era ella, si no un extraterrestre de otro planeta.
Se marchan todos a sus casas excepto las dos mujeres protagonistas que se quedan
encerradas en la habitación y por la noche reanudaron la sesión cuando llegó de
nuevo Mercedes.
La sorpresa se la llevó esta vez el propio marido de Rosa, Jesús Fernández,
que las descubrió encerradas de una habitación danzando desnudas y recubiertas de
excrementos y bilis. Para mayor sorpresa todas se abalanzaron contra
él y le ordenaron -como si tuvieran el poder para ello- que limpiara la habitación.
Puede parecer una locura pero este testimonio lo dio el periodista Luis Bonete,
quien cubrió la noticia en su día.
Rosa tenía una única hija con su marido, de 11
años, a la que llamaban Rosi (Rosa Fernández Gonzálvez, nacida
el 22 de abril de 1977 en Albacete), y aquel 18 de septiembre de 1990 Jesús la despierta
por mandato de ella cuando la chiquilla dormía profundamente, después de haber
limpiado la habitación matrimonial también coaccionado por los golpes de las mujeres
que estaban fuera de control. Hicieron salir al marido y a éste no se le ocurrió
lo más obvio, que sería llamar a la policía.
Tras desnudar a la niña la dejaron en el suelo para, según
Rosa, hacerle un bien, pues aseguraba que la pequeña estaba embarazada del diablo.
La pequeña comenzó a tiritar por el frío del suelo y el cambio de temperatura que
su cuerpo notó al cambiar de su cama calentita al piso, y a Mercedes no le pasó
desapercibido, de modo que, en momento de confianza, le dijo a Rosa que se diera
prisa con el exorcismo porque la niña parecía enferma.
Rosa la miró y "dedujo" que Mercedes también estaba poseída y con ayuda de Mª
Angeles le dieron una paliza a base de patadas en la vagina y de meterle los dedos
en la boca hasta hacerle sangrar. Se relajaron ante la visión de la
sangre pensando que el exorcismo, nuevamente, había dado resultado. Pero su propia
hija, pequeñita y desde el suelo, estaba asustada y lloraba.
Jesús no pudo soportar escuchar llorar a su hija y se decidió a entrar de nuevo
pero fue apaleado con toda la brutalidad de las fanáticas ocultistas y echado de
nuevo. Esta vez tampoco cogió el teléfono, salió a la calle a pedir ayuda. Ya no
volvería a ver a su hija con vida.
Mientras las tres (Mercedes también, sí) se cambian de habitación, salen de la de
matrimonio y se meten en la de la niña, atrancan la puerta con una cama y Rosa se
encarniza esta vez con su propia chiquilla golpeándola y chillándole que el diablo
que poseía antes a Mercedes (el tal Martín) estaba ahora en su cuerpo.
Durante el exorcismo, colocaron a la niña en una cama y se dedicaron a destrozar
el mobiliario de la habitación, cagaron, mearon y rompieron cristales sobre
los que caminaban descalzas, orando revolcándose en aquel suelo peligroso
y sucio. Los gritos asustaban a la niña pues le decían que estaba "embarazada del
Diablo".
Rosa echó colonia a Mª Angeles (como quien usa agua bendita) y la mujer dijo que
notaba que el mal le venía de la vagina, incluso aseguró que notaba un aborto del
diablo. Para librarla, Rosa comenzó a golpearle el vientre hasta ver sangre en una
toalla que había dispuesto a propósito (en realidad, Mª Angeles tenía la menstruación,
pero para Rosa era la prueba definitiva de que el diablo embarazaba a las mujeres...
y para ella su hija también era una mujer apta para el embarazo del diablo)
La niña sufrió lo conocido y por conocer. Mientras las hermanas agarraban a
la niña por los brazos Rosa la desvirgó brutalmente con sus manos produciéndole
un dolor inenarrable dado que la chiquilla era muy jovencita, su cavidad vaginal
demasiado pequeña, y virgen. De nada sirvieron sus pataleos, gritos, lloros y terror.
No contenta con ella, tras desgarrarla vaginalmente metió las dos manos hasta donde
pudo y comenzó a extraer cuanto órgano se encontraba. Le sacó de un tirón los ovarios,
los intestinos y hasta la vagina. La chiquilla falleció con la primera
mutilación por la pérdida de sangre, pero después de muerta su madre, que la había
parido, le sacó los intestinos por la vagina. Viva o muerta daba igual. Tenía que
sacar al demonio en el nombre de Cristo y de su oscura mente enfermiza.
Para Rosa, los órganos ocultaban demonios, y su esquizofrenia, un don de Dios que
ayudaba a salvar vidas de los malos espíritus. Hurgó en ellos pues buscando al demonio
que habitaba los órganos genitales de su hija insultándolo para que saliera.
Cuando se cansó de hurgar le dejó el turno a Mª Angeles que se dedicó a contar los
"demonios" que le quitaba a la niña.
Tampoco consiguió el marido mucho más que atraer -sin querer- a una nueva víctima
de Rosa. Llegó acompañado de su cuñada, Ana María, pensando que ésta podría ayudarle.
Desde las seis de la madrugada hasta las 9 de la mañana permanecieron tras la puerta
sin llamar a la policía (¡¡¡no me lo explico!!!) y finalmente (¡aleluya y qué tarde!)
se abrió la puerta y pudieron entrar. Jesús, al ver con espanto lo que sus ojos
captaron horrorizados, se largó en busca de la policía
y dejó sola a la mujer.
No hubo peor idea. Las exorcistas histéricas vieron en la visitante solamente unos
ojos que podían extraer para ponérselos a la pequeña Rosi y así devolverle la vida
que le habían quitado. Se avalanzaron contra ella para extraerle los ojos, consiguieron
lastimárselos, pero no lograron quitárselos.
Como si se despertaran de pronto, se percataron de los crímenes que habían cometido
y trataron de huir, pero gracias a Dios la Guardia Civil las detuvo.
Aun así Rosa aseguró que volvería a hacer aquello por su hija, pues en su locura
creía que lo hacía para bien.
En febrero de 1992 la Audiencia Provincial de Albacete
dictó sentencia contra las las tres mujeres que finalmente fueron absueltas. Rosa
Gonzálvez Fito y Mª Angeles Rodríguez Espinilla fueron ingresadas en un psiquiátrico,
libres de la acusación de asesinato por la eximente de transtorno mental transitorio.
Mercedes fue directamente absuelta "por no haber participado activamente en los
hechos".
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Nota: En cierta
ocasión una persona me escribió para decirme que los hechos no fueron exactamente
así; quien me escribía era, al parecer, una vecina de la localidad o familiar de
alguien aquí mencionado, y le ofrecí que fuera ella misma quien contara los hechos
si con ello conseguía librar a Rosa de su leyenda negra, sin embargo no contestó
a mi e-mail. |
Enlaces Relacionados Externos
He encontrado con la renovación de la página este blog
del investigador Manuel Carballal que cuenta también la historia, pero además extrayéndola
de su libro "Los peligros del esoterismo" (Contrastes,
1995):
- El infanticidio exorcista de Almansa, por Manuel Carballal. |
© Kruela