EXPERIENCIAS PERSONALES DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
Su vida pendía de un hilo
Chary (Sevilla. España)
febrero 2004
Hola de nuevo KRUELA:

Voy a relatarte algo que no me pasó a mí, si no a mi tío político Enrique (nombre ficticio) porque creo que es real, nunca he escuchado nada parecido y tampoco lo he visto reflejado en tu web.
 

SU VIDA PENDÍA UN HILO

Pasó que con 9 años de edad contrajo meningitis, una enfermedad de la que hoy en día todavía muere gente a causa de ésta, pero además se le complicó con la enfermedad del tétanos. El médico que lo trataba dijo que clínicamente estaba muerto, le retiró la medicación puesto que no le hacía nada e hizo llevar al crío al Pabellón Vasco, que es la zona del hospital donde llevan a las personas que les quedan horas de vida.

El niño era tan rubio y su piel era tan blanca que aunque le quedaban horas de vida, parecía estar ya muerto. Era ya de noche cuando hicieron el traslado, su madre no hacía más que llorar y llorar, pues la vida de su hijo pendía de un hilo, ésta se pasó toda la noche pidiendo por su hijo y éstas eran sus palabras:
 - Aaaaaaaay, Francisco Javier, ven con tu hermano Blas y tu hermano Martín y sálvamelo.

Se encontraba rezando, cuando a eso de las 3 de la madrugada, entran en la habitación tres médicos a ver al niño; ella no echó mucha cuenta, pues estaba casi en estado de shock y tan ensimismada en sus rezos que no quiso ni apartarse un solo instante de ellos, porque tenía mucha fe en San Francisco Javier. Los médicos estuvieron un rato observando al niño y después se marcharon, hablando entre ellos. Fina (nombre ficticio) la madre del crío, advirtió por el rabillo del ojo que uno de los médicos era de color, pero ella insistía en sus oraciones.

Pasó como media hora, entonces entraron dos enfermeras y comenzaron a sacar medicamentos y jeringas con su correspondiente aguja, la madre les preguntó por qué iban a medicar a Enrique si su médico le había retirado todos lo tratamientos, a lo que una de las monjas, sin dejar de preparar el instrumental, le contestó con dulzura:
- Señora, hacemos sólo nuestro trabajo…-

Fina vio cómo le ponían 12 inyecciones en cada nalga del culo y con las mismas se marcharon sin decir ni adiós…

Ya había amanecido cuando a Fina le había rendido el cansancio y se quedó dormida rezando, sin querer… De repente, escuchó la voz de Enrique:
- ¡¡Mamá, Mamá!! ¿Cuándo me traen de comer? tengo mucha hambre.
 

La madre cayó de la silla al oír hablar a su hijo, abrió los ojos y allí estaba, sentado en la cama con una sonrisa de oreja a oreja y pidiendo de comer. Esta besó y abrazó a su hijo con todas las fuerzas que sus cansados brazos le pudieron permitir, seguidamente salió corriendo a buscar al médico…

- ¡¡Doctor, Doctor!! ¡¡Mi hijo se ha levantado pidiendo de comer!! ¡¡Está vivo!!.

Exclamaba Fina, llorando de alegría y emoción. Y el médico le rebatía que aquello no podía ser, que era imposible porque estaba clínicamente muerto y que en horas el niño no podía haberse recuperado tanto como para sentarse en la cama, ya que no había comido en dos días y que de pedir comida estaría tumbado, pues estaba muy débil.

La madre le comentó al médico que mientras rezaba entraron 3 especialistas en la habitación y  fugazmente pudo vislumbrar que uno de ellos tenía perilla y el otro era de color… El médico desmontó su versión diciendo que en el hospital no había ningún compañero de color. Ella siguió relatando… que después entraron 2 monjas y le pusieron 12 pinchazos en cada nalga del culo. El médico la volvió a interrumpir diciendo:

- Señora, aquí no hay monjas y además a su hijo le habíamos retirado la medicación.

- Pues venga y véalo por sus propios ojos y, otra cosa, si no tienen médicos de color, ¿qué tipo de seguridad y vigilancia tienen en este hospital?.

Le contestó Fina, ya cansada de que el médico le dijera que eso que decía no podía ser.
 

Se acercaron a ver al niño y confirmaron que todo lo dicho por Fina era cierto. Le hicieron pruebas de todo tipo, el niño sí estaba débil, pero se estaba recuperando sin razón aparente.
 

Ese mismo día por la tarde la hermana mayor de Enrique fue a verlo, Fina le había dicho lo ocurrido y ella pensando en lo que estaba escuchando, le dijo a su madre:
- Mamá, ¿San Francisco Javier, no tiene perilla? Y ¿San Martín, no es negro?.

La madre al escuchar esto perdió el conocimiento, cuando volvió en sí, salió corriendo a comprar un cordón dorado, como el que lleva El Gran Poder y no se lo quitó nunca, incluso pidió que cuando la enterraran se lo dejaran puesto, ésa era su última voluntad y todos sus hijos la respetaron.

Espero que os guste este relato verídico, pues en mi familia todos la creen e incluso yo, que hasta hace unos años era bastante escéptica.

Atte. Chary  (Sevilla, España)

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Carlos
31/10/2006

Una buen historia que da cuenta que los milagros sí existen.


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