EXPERIENCIAS PERSONALES DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
Carlos Guzmán, un niño especial
José Guzmán (El Conde Jack)
2004
Hola Kruela, estoy escribiendo este relato verdadero en tu web, decidí hacerlo porque me agradaron las historias que aquí se relatan, además del variado tema bajo un mismo género: EL TERROR.

Te felicito por la web, es maravillosa y gracias por dejarme escribir mis relatos aquí en tu web; para mí es todo un placer que aparezcan ya que la considero muy digna de mis escalofriantes historias, tengo todo un repertorio de relatos; esta es mi primera vez y en esta ocasión les relataré un suceso que sucedió en el seno de una familia, no es tan terrorífica, pero vale la pena leerlo, ¿no creen?
 

CARLOS GUZMAN

Esto ocurrió a mediados del año de 1990 aproximadamente pero les relataré el suceso desde que recuerdo. Pues bien, como les decía existió un matrimonio que tenía tres hermosos hijos; Jose era el mayor y contaba en ese entonces con cinco años y medio, Carlos era el segundo y Jesus se llamaba el tercero. Estos hermanos se llevaban exactamente dos años entre cada uno. Los padres eran muy cariñosos con los hijos, como lo son la mayoría de los padres, pero tenían ciertos problemas matrimoniales que si no los arreglaban, perjudicarían también a los hijos. Algunas personas desafortunadamente no ven el hermoso regalo que dios les da, hasta que ya es demasiado tarde.

Lo curioso de esta familia es que dentro de sus hijos, para ser más precisos, Carlos, este niño de tan sólo tres años y medio era algo especial, algo que raramente se puede encontrar, y que si se encuentra, desaparece tan rápido como si fuese una estrella fugaz que de pronto aparece en el firmamento para después, en cuestión de un abrir y cerrar de ojos desaparecer en el lejano horizonte.

Gran parte del tiempo Jose se la pasaba con Carlos, puesto que Jesus, el hermano menor era muy pequeño, pero Carlos a diferencia de Jose y de los otros niños del vecindario era muy diferente; se preguntaran en qué ¿verdad?

Pues bien, mientras los niños del del vecindario (incluyendo a Jose) se divertían haciendo travesuras, jugando con tierra, a las carreritas, a las escondidas y a todas esas cosas que se juega cuando se es niño, ustedes saben, pero él no se interesaba en nada, absolutamente en nada de esas cosas, no sé por qué, él era un niño absolutamente normal, por lo menos así se veía, a él sólo le gustaba sentarse, mirarlos jugar y a veces mirar el cielo.

Sus padres gustaban de cocinarles un rico "arroz con leche" en una olla de barro (he decirles que así sabe más sabroso) de vez en cuando por las mañanas, pero un dia por accidente la olla de barro que contenía el delicioso postre hirviendo se derramó por completo en el pecho y parte del cuerpo del niño. Este gritaba de dolor, los padres horrorizados lo atendieron rápidamente. Pasó el tiempo, el niño sanó, pero las marcas y cicatrices quedaron sobre su piel, lo que asombra saber fue que las quemaduras sobre su piel fueron leves, mínimas, que casi no se notaban con el color claro de su tono de piel.

En la colonia donde vivían todos eran buenos vecinos y sobre todo buenas personas y casi todas se conocían de antaño.

Carlos siguió durante su vida como siempre; tranquilo, disfrutando cada dia que Dios nos da, y sin hacer nada mal a nadie ni nada. Aún recuerdo que hubo una vez en que el padre le dijo a Carlos que le dijera "pendejo" al "periquito" (ave parlanchina parecida al cotorro que siempre se la pasa repitiendo cosas), pero Carlos no accedió a la broma de su padre, sólo se quedó callado y meneó la cabeza negativamente. El papá, sorprendido de que no le hiciera caso, se acercó a él, lo alzó entre sus fuertes brazos y lo abrazó contento de que tuviera un hijo tan bien educado, cosa contraria a Jose.

Varias veces los dos hermanos fueron regañados a causa de las travesuras de Jose, a pesar de que Carlos nunca hacía nada indebido, jamás dejaba solo a su hermano, ese niño sí que sabía ser un gran hermano, en las buenas y en las malas.

Otra cosa curiosa que siempre me grabé fue que mientras los regañaban, Jose se iba en puro llorar y llorar, en cambio Carlos sólo agachaba la cabeza y se quedaba callado. Después que el padre se retiraba Carlos intentaba consolar al travieso de Jose, en ese momento Jose sentía cómo una paz inundaba su alma al sentir el cálido abrazo de su hermano, hasta entonces era cuando cesaba de llorar, se sorprendía de que Carlos ni lloraba. Una vez se decidió a preguntarle y lo que Carlos contestó fue:
- Cuando nos regañan tú lloras porque sientes en tu corazón la culpa de lo que hiciste.

Cuando Carlos dijo eso, suerte que estaba yo ahí para grabarme esas palabras tan bonitas y al mismo tiempo tan sabias.

Continuaron los dias y Jose cada vez iba aprendiendo más cosas de su hermano, cosas que no sabía cómo podía saber todas esas cosas Carlos. A veces los niños del vecindario estaban con Jose y Carlos se quedaba solo de nuevo, solo otra vez, sumido en sus misteriosas ideas y extraños pensamientos, mirando el cielo con tanta vehemencia, con tanta dicha y con tanta alegría, como sonriéndole a la vida, siempre agradecido con Dios y con sus padres, siempre mirando de lejos a los niños que jugaban con su hermano mayor.

A mi manera de ver Carlos era un niño enigmático, hay tantas cosas que no consigo recordar en torno a su vida, pues fue hace más de diez años el tiempo al que nos remontamos en el actual puerto de Acapulco, por lo tanto no es fáciles de recordar todo lo ocurrido.

Carlos contaba apenas con tres años y medio cuando un día dejó de mirar el cielo, ese cielo que tanto contempló; el sol y el viento que un día acariciaron al pequeño Carlos, lloraron el dia en que no volvieron a ver los hermosos ojos cafés claros de Carlos, ni su sonrisa, ni sus lindas manos que en más de una ocasion brindaron ayuda a quien las necesitara. El dia que dejó de latir el corazón de Carlos que tanto amor y alegría brindó a las personas que le conocieron, ese dia todos lloraron, excepto Jose...

Antes de morir le habían aparecido unos granos en la nariz y también por todo el cuerpo, era una enfermedad parecida a la viruela, los médicos dijeron que le había brotado por dentro y por esa causa murió, según fue lo que a mí me contaron.

En el funeral de Carlos, las personas, al parecer, el vecindario entero lloraban, a excepción de algunos niños, claro, pero todos los demás lloraban. El cielo estaba nublado y comenzó una fuerte lluvia, todo el cuadro era triste. Jose sabía que su hermano había muerto, pero aún no sabía en sí lo que significaba la muerte, sabía que había perdido a su hermano pero aún no sabía qué era su hermano, ese hermano tan misterioso con el que compartió grandes momentos.

Fue al cuarto de sus padres y vio que sobre la cama lloraba una de sus tias, era su tia Gero. Jose sentía ganas de llorar pero no podía, algo se lo impedía, él no sabía que es algo difícil de describir. Se preguntaba ¿por qué todos estaban llorando y él no podía?... Jose escuchaba a su tia decir:
- Señor, ¿por qué te lo llevaste a él? Mejor hubiese sido que me llevaras a mí.

Jose fue hasta donde estaba su papá, llorando desconsolado, al lado del ataud de su querido hijo. Se acercó y le preguntó:
- Papá, ¿por qué estás llorando?
El padre, entre sollozos contestó:
- Es que me siento culpable, siento tanto dolor, tu hermanito se murió.

Jose se quedó pensando en aquellas palabras que había escuchado mucho antes, entonces pidió que lo alzaran para que pudiera ver a su hermano, lo vio ahí acostado, era como si estuviera dormido, a excepción de los algodones que tenía incrustados en las narices y en los oídos. Jose le gritó una y otra vez pero nada ocurría.
- Hermanitooooo... -gritaba Jose mientras lo bajaban.
Después se sentó en la cama de sus padres, sintió como si le faltara algo en sí, una parte de él, sintió un nudo en la garganta y un fuerte dolor en el corazón. Unas cuantas lágrimas corrieron por sus mejillas, el nudo en la garganta fue desapareciendo poco a poco y comenzó a llorar. Era la primera vez que supo lo que era llorar por alguien. Se acostó en la cama y siguió llorando hasta que el cansancio venció su pequeño cuerpo.

De pronto se despertó de golpe, como si fuera un mal sueño, una de esas terribles pesadillas que a veces les pega a los niños y, para su sorpresa, Carlos estaba frente a él. Se acercó y lo abrazó. Carlos habló diciéndole:
- Ya no llores hermanito, tú no tienes la culpa de nada, diles a las personas que ya no lloren, porque tampoco tienen culpa, en especial papá... Te quiero mucho manito...

Jose, en ese momento paró de llorar y le preguntó
- ¿Qué personas?
Miró a su alrededor y estaba obscuro, pensó que era de noche pero no le dio miedo porque sintió el cálido abrazo de su hermanito. Cerró los ojos para disfrutar de esa sención de paz, tan sólo por un momento, tal vez un par de segundos, y cuando los abrió un fuerte olor a alcohol penetraba por su nariz. Era su tia Gero que lo estaba despertando. Le dijo que ya se iban a enterrar y que se subiera a la camioneta. Sintió tristeza, la soledad lo invadió por un momento, todo su mal sueño era una cruda realidad.

Sintió ganas de llorar de nuevo, pero ahora sintió claramante que algo lo detuvo, él sabía qué era; esa cálida sensación de paz embargaba su alma.

Estaban al pie de la tumba, le lloraron por un buen rato al pequeño Carlos. Cuando ya le estaban echando el famoso "puño de tierra", Jose se acercó a su desconsolado padre, lo abrazó y le dijo que ya no llorara, que él no tenía la culpa. El papá guardó silencio por un rato, oyéndose sólo el llorar de los demás. Miró a Jose, lo abrazó fuertemente y lloró de nuevo. Jose sentía que se le estremecía el alma al ver llorar a su padre. Sintió de nuevo tristeza, melancolía, soledad, por ver sufrir a su padre, a su madre, a las demás personas, pero él ya no lloró, sólo contempló a sus padres y mirando al cielo le dio gracias a Dios por haberle enviado a un hermano que a pesar de ser menor que él, le enseñó tantas cosas; un hermano que jamás sabrá si fue un angel el que Dios envió para que los que tuvieron oportunidad de conocerle, cambiaran sus vidas, quizás para siempre.

Jose ahora cuidaba de su pequeño y único hermano Jesus, pero no podía jugar con él porque aún era un bebé. Un año más tarde, el 25 de agosto de 1991, nacería el último hijo de la familia Guzman-Bustos. Llevaría por nombre Ines (como el padre), trayendo un poco más de ánimo tras la pérdida de aquel ángel que perdieron.

A partir de entonces serían más felices, estarían más unidos y serían más comprensivos, hasta el año del 98, fecha en que se separarían, pero durante ese lapso de tiempo los tres hermanos serían felices y aprenderían muchas cosas sin olvidar lo que Carlos había enseñado. A veces Dios nos pone personas que debemos apreciar verdaderamente, como nuestros padres y nuestros hermanos, parientes, amigos, amigas o tal vez, por qué no, como Jesucristo mismo enseñó, hasta a nuestros enemigos. No sé, tal vez, un pequeño gesto de estimación puede cambiar e influir mucho en las personas, si estás molesto con alguien, no esperes a mañana para poder decir que lo sientes y demostrarle tu aprecio, no sientas ir hasta estar preparado, cuando se te venga a la mente la idea o cuando el corazón te lo ordene, entonces ve, ése es el momento ideal. Si estás leyendo esto y sientes algo que no puedo describirte pero que tú sabes que es algo especial ve y haz lo que tengas que hacer, está en tus manos, marca la diferencia, tú sabras qué hacer.

Hoy en día (de antemano sabemos que ya es 2004), Jesus e Ines viven felices con su papá en su gran casa en Acapulco, Gro., México, ubicada en la calle Alcatraz, col.Unidos por Gro., para los que deseen conocer por allá, están invitados.

El padre es muy bueno con sus hijos, sobre todo comprensivo, él es papá y mamá de sus hijos, trabaja y cuida muy bien de sus hijos, es un gran padre, lo admiro y lo respeto.

La mamá vive en el estado de Pachuca, Hgo. México; allá vive con su mamá y sus hermanas y hermanos, los hermanos de ella ya casados.

Jose estaba estudiando el segundo grado del Colegio de Bachilleres cuando...

Se le ocurrió la loca idea de ir a trabajar en los E.U. (esto sucedió en enero del 2002), pero siempre manteniendo contacto con su papá y sus hermanos, al parecer, después de unos cuantos pares de años volverá a México, pasando por un tiempo a ver a su mamá y después continuar su viaje hasta Acapulco, Guerrero, donde lo están esperando su padre y sus hermanos, tal vez casados también.

Solo quedó una cosa en el caso...

Cuando Carlos estaba en el hospital y ya para a punto de morir, dijo que quería ver a su hermanito Jose. Sus padres y algunos familiares sintieron mucho esto y pasaron los últimos momentos con él.

Esto se lo contaron a Jose después, cuando creció, y Jose llegó a la conclusión de que tal vez su pequeño hermano lo quería ver por última vez para decirle lo tanto que lo quería...

Por todo lo que aquí está escrito, me complace decirles que es verdadero, incluyendo los datos y las fechas. Sucedieron muchas cosas durante el transcurso de los años en la vida de estas personas, tal vez les relate estos sucesos más adelante, sé que tal vez muchos no crean esto que acaban de leer acerca de lo que le pasó a esta familia, pero debo corregirlos e informarles que sí fue cierto y con gusto responderé a cualquier pregunta si la tienen:
elcondejack@hotmail.com
3889 Linden Ln.
El Sobrante       CA.    USA
Zip   94809
Tel.(510)548-9334
     (510)758-7230

De antemano les agradecería si utilizaran estos datos que fuera de manera cortés, sin bromas.
Le agradezco personalmente a los creadores de esta estupenda web, que para mí, en lo personal, llegó a ser digna de que esta historia estuviera de gala en su página, gracias por darme la oportunidad de ver mi esfuerzo recompensado, fue duro, pero sé que al final valió la pena y recuerden lo que hayan aprendido de esta "pequeña" historia. No olviden escribirme, gracias por tener el tiempo y la dedicación para leer todo esto que para mí, ahora que ya lo leiste, me satisface. Gracias a todos, gracias Kruela & STAFF, los quiere su amigo...

JOSE GUZMAN
(EL CONDE JACK)
 

Nota de Kruela

Este es el homenaje más bonito que he leído en años. Gracias por compartirlo con nosotros. No dudo que Carlos era un ángel -son niños especiales- y Jose es un gran chico :).

Por cierto, si en algún momento quieres que retire la dirección de la casa de Acapulco o tus datos, sólo tienes que decírmelo.


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Eva (Zaragoza. España)

Me has emocionado mucho y pienso lo mismo que Kruela, es un homenaje precioso a tu hermanito.


Candy (España)

Hola Kruela, soy Candy: No sé cuántas veces he leído esta experiencia y la verdad... me emociona hasta el límite. Siempre he creído en los ángeles. Hay niños que son realmente especiales y vienen a este mundo sabiendo que por poco tiempo, para que aprendamos a vivir la vida, no pasar por ella atropellando y siendo atropellados. Muy bonita... y muy sincera. Le quiero dar las gracias por compartirla.


Agatha (Chiapas. México)

¡¡HOLA!! ¡¡Qué historia tan linda!!! ¡¡Casi me asoman las lágrimas!! VOTO CON 10 ESTA HISTORIA!!!
José: Considérate afortunado y privilegiado de haber tenido este ángel por hermano!!! Porque no cualquiera... No cualquiera.


Alex Rivera
05/10/2006

¡Hola!  En verdad creo que es una historia muy linda, hace poco tiempo que encontré esta página y en realidad está buenisima!
Respecto a este homenaje a Carlos, me gustó muchísimo, la verdad, nunca antes me había atrevido a opinar sobre una historia y esta en verdad que te llega, me hizo reflexionar, pensar, no sé cómo describirlo, sólo sé que está buenísima, y José, siento lo de Carlitos y a la vez me da gusto que hayan tenido un Ángel. Porque para mí era un Ángel.

Bueno, perdón si me extendí demasiado Kruela, pero sólo quiero decir lo que estoy sintiendo en este momento, felicidades Kruela por tu página, bye.
Saludos,
Alex.

Nota de Kruela
Me parece fantástico que nos transmitas tus emociones. Eso no es extenderse, créeme.
 


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