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Esta historia que voy a relatar pueden o no creerla, según les parezca, yo sólo les aseguro que vivir esto en mis propias carnes ha marcado mi vida para siempre y que aunque no puedo obligarles a creérselo, les aseguro que es verdad.Sucedió que un día nos habíamos reunido en mi casa de campo unos amigos para trasnochar juntos, ya que era nuestra última noche todos juntos porque al día siguiente nos graduábamos en nuestra carrera y terminábamos la universidad. Estudiábamos parapsicología.
Pues bien, estábamos reunidos Sofía, Leticia, Marisa, Enrique, Darío, Luis, Jorge y yo, los de siempre, sentados en el porche de mi casa comentando nuestros años de universitarios que quedaban atrás. Eran ya altas horas de la madrugada, exactamente la 6.00, lo que significaba que en 6 horas se acabaría nuestro pequeño gran momento de estar todos juntos.
Comentábamos uno de los trabajos que nos habían hecho hacer durante el curso, un estudio estadístico sobre las personas que creían en las apariciones fantasmales y un análisis profundo de los resultados y la causa. La mayoría de la gente no creía en eso, pero nosotros sí. Empezamos a bromear sobre el tema riéndonos de los fantasmas ridículos de las películas de terror que más que miedo hacen gracia y así pasamos toda la noche que nos quedaba, pero mientras nos mofábamos de ello, yo sentía una sensación extraña, como un sentimiento de culpabilidad por estar riéndome de los fantasmas y diciendo que las apariciones no existían... pensé que se debía al alcohol.
Cuando dieron las diez de la mañana nos despedimos para vernos después en el campus; cuando despedí el último coche de mis amigos me volteé hacia la casa y entonces lo ví: ví a mi madre, en la puerta de mi casa gritándome algo que yo siempre he tenido como un recuerdo de mi infancia... decía: "¡Blanca, hija, las galletas están listas!" eso siempre lo hacía cuando vivíamos allí, cuando yo tenía siete u ocho años, el problema era... que mi madre llevaba muerta desde que empecé la carrera.
Me quedé paralizada y no recuerdo con claridad... me senté en el porche con los ojos desorbitados y la espalda hacia la puerta sin asimilar lo que había visto, y cada vez que miraba hacia la puerta ahí estaba mi madre, mirándome fijamente, su cara me daba miedo... así me estuve hasta que anocheció. No fui a la graduación, mis amigos preocupados vinieron por la noche a ver qué pasaba y me encontraron demacrada sentada en el porche... y yo seguía viéndola, mis amigos muy nerviosos me preguntaban y yo sólo podía repetir una frase: "Blanca, hija, las galletas están listas... las apariciones existen, las apariciones existen..."
Después de este suceso, me encerraron en un hospital psiquiátrico durante cuatro años, cuatro años de tormento en los que cada noche, al acostarme, veía el espectro de mi madre acercarse a mi cama y, con cara diabólica decirme: "Blanca, hija, las galletas están listas... ¿crees ahora en las apariciones, Blanca?"
Ahora ya no la veo, se supone que estoy curada, intento graduarme de nuevo cursando mi último año y, a la vez, estoy intentando continuamente encontrar una explicación a ese suceso que me ha destrozado la vida... porque yo ya no soy una persona normal.
Todos los datos de este relato son ciertos, todos los nombres son reales. Sofia, Enrique, Dario, Leticia, Marisa, Luis, Jorge, os quiero mucho, gracias por venir a verme al hospital, nunca os olvidaré, aunque haya tenido que salir del país.
Blanca.
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Melissa (Costa Rica)
Esta experiencia me parece muy interesante.. ¡¡Felicidades por su página!!
Alejandra Dávalos (México)
30/08/2006¡Qué valor! Voto por ti.Ayuda a que no desaparezca la web, pincha aquí
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