EXPERIENCIAS PERSONALES DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
Hay "otros" en la casa
Kiko (España)
Hola Kruela, he pasado un poquillo de miedo leyendo tus historias y me han parecido muy interesantes, a mí las que más respeto y temor me dan son las que ocurren con espíritus, por ejemplo con ouijas...

Te escribo porque quiero contarte una historia que me llenó de pánico cuando me la contaron este pasado verano y te invito, si quieres claro, a que la publiques en tu estupenda sección de terror. Estábamos de vacaciones en la playa, bebiendo unas copillas a la orilla del mar más o menos a medianoche y la única luz que nos permitía ver algo eran las de un par de velas que habíamos comprado para tal ocasión... El ambiente era bastante propicio para ponerse a temblar con historias de miedo, y hubo bastantes, pero la que más me hizo temblar, fue la que te voy a contar... Antes debo decirte que también influyó bastante el hecho de que mi amigo la narrara con una exquisitez y tono de voz que le dieron más ingredientes para atemorizarnos, así como todo tipo de detalles que según nos comentó, así le había contado su vecino Juan, que fue el protagonista de la historia junto a su novia Clara... Bueno, no me enrollo más y paso a contarte la historia...

El hecho ocurrió en la casa de Juan, el vecino de mi amigo en el verano de 1998. Su casa estaba y está situada en una urbanización de chalets adosados en una zona tranquila a las afueras de Pozuelo, una localidad madrileña. Los chalets eran de tres pisos, Juan y Clara estaban solos en la casa viendo la televisión en el salón de la planta baja. El sofá en el que estaban sentados estaba justo debajo de una ventana que daba a uno de los laterales del jardín del chalet. Frente a ellos a unos 4 metros se encontraba la mencionada televisión, a la izquierda de la misma las escaleras que daban acceso a la planta superior, y a la derecha la puerta de acceso al resto de habitaciones de la planta baja.

La pareja estaba disfrutando de una película que habían alquilado, y para mejorar el ambiente habían apagado las luces dejando que el resplandor del televisor inundara la habitación. Aproximadamente a mitad de la película empezaron a notar unas raras interferencias en la tele, similares a las que se producen cuando hay una mala conexión con la antena o el cable de la misma está pelado, produciendo unas líneas de la típica nievecilla gris en la pantalla. Lo atribuyeron a un mal contacto de algún cable y no le dieron mayor importancia, pero las interferencias no desaparecían. Pocos instantes después se oyó un ruido seco, como el que produce un paso, en la planta superior, justo en la habitación que se encontraba encima de ellos. El suelo era de parquet flotante, plataforma que reproduce cualquier sonido con bastante más amplitud que un suelo firme y duro como el de cemento y hormigón. Clara se sobrecogió y preguntó a Juan qué había sido eso, y éste la tranquilizó diciendo que esos ruidos eran normales en suelos flotantes, habría sido un crujido de la madera.

Las interferencias en la tele cada vez eran mayores y la nieve gris cubría ya la mitad de la pantalla. Ambos empezaron a preguntarse por qué pasaba eso y pensaron que la cinta estaba estropeada de tanto uso. De repente un nuevo paso se escuchó en la planta superior, y de inmediato Juan desconectó el sonido de la televisión con el mando a distancia. Clara estaba asustada, pero Juan seguía pensando que eran crujidos de la madera. Los dos miraron al techo y de repente se escucharón otros dos pasos. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Juan de pies a cabeza y Clara se agarró aterrorizada a su brazo. Absortos seguían mirando hacia el techo, cuando se escucharon de nuevo pasos, pero esta vez más de dos y más de cinco. Parecía que alguien andaba de una habitación a otra en la planta superior. Clara preguntó a Juan si estaba seguro de que no había nadie en casa y él aseguró que no había nadie porque si hubiera llegado alguien tendría que pasar delante de ellos para subir a la segunda planta.

Los pasos seguían oyéndose con cada vez con mayor fuerza e intensidad y la televisión ya estaba completamente gris cubierta por la nieve provocada por las interferencias. Los pasos empezaron a aumentar su ritmo y ahora parecía como su hubiera varias personas andando por el piso superior. Aumentaba y aumentaba el ritmo hasta que prácticamente se oían los pasos en todas direcciones de un lado a otro del segundo piso.

Juan y Clara ya estaban aterrorizados, al principio podrían pensar que alguien se había colado en la casa trepando a una ventana del segundo piso, pero no era normal que de repente se pusieran a caminar por toda la superficie, se multiplicara inhumanamente y aumentara el ritmo de sus pasos de forma tan extraña. Aquellos pasos se empezaron a convertir en carreras de un lado para otro y su intensidad al pisar el suelo era cada vez más fuerte. En medio de todo este barullo de carreras de un lado a otro se escuchó un portazo que correspondía a la puerta del piso superior a las escaleras para bajar al salón donde ellos se encontraban. Y de repente se empezaron a escuchar los pasos bajando a la velocidad del rayo las escaleras... Juan sin pensarlo dos veces abrió la ventana que se encontraba encima de ellos y apremió a Clara para que saliera por ella, lo cual hizo el en seguida...

Fueron corriendo aterrorizados hasta la puerta principal del jardín y salieron a la calle... Miraron hacia la segunda planta y todas las luces estaban apagadas. Se calmaron un poco y Juan decidió llamar a la policía por si eran ladrones. Mientras se quedaron en la calle sin depegar la vista de la casa por si alguien salía, y sólo podía hacerlo por la puerta principal, pues en la parte trasera del jardín había un muro de más de tres metros prácticamente insalvable, y desde donde estaban ellos podían ver los laterales del jardín perfectamente.

Llegó la Policía y entró en la casa, comenzarón a encenderse luces por toda la casa, la Policía inspeccionó todas las habitaciones e invitó a entrar a Juan a comprobar si le faltaba algo. Tras más de media hora de exploración por toda la casa, no echó nada en falta ni encontraron nada fuera de lo normal.

Esa noche Juan no se atrevía a dormir en su casa, pues su familia se encontraba de viaje y se había quedado solo, así que se fue a dormir a casa de Clara. Al día siguiente los dos volvieron a la casa con la luz del día y Juan se quedó estupefacto cuando se encontró que la televisión estaba encendida y la nieve gris cubría la pantalla, pues él mismo la había apagado la noche anterior. Comprobó todos los cables y conexiones y todo parecía correcto, pero aquella televisión no volvió a fincionar y meses más tarde Juan se independizó porque no soportaba pasar una noche en su casa aunque sus padres estuvieran en ella.

Bueno, pues esta es la historia, la verdad es que da más miedo contada bien por alguien que leída en una página o en un correo, pero tiene su misterio. Según me comentó mi amigo en aquella casa habían pasado cuatro familias en los 18 años que él llevaba vivendo allí y que quizá fuera por las cosas raras que ocurrían por lo que había tenido tantos inquilinos.

Un saludo y un placer colaborar con tu página...
Kiko.

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Xuriski (México)
Me encantó la historia. Aunque digas que no la contaste bien, se me puso la piel de gallina... muy bien relatada...
Saludos desde México.

Zuval Aceros
Voto por esta experiencia porque es bastante creíble. Muy buena.
 


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