EXPERIENCIAS PERSONALES DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
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Magdalena
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Mónika (México)
| Esto es aquí en México, en el estado más pequeño de todos, Tlaxcala; dicen que hace mucho tiempo en una pequeña comunidad cuando todo era una hacienda, los dos dueños que eran unos hermanos hacendados, se habían enamorado de una mujer a la que los criados acusaban de bruja, ya que esta no tenía gracia alguna; vestía de una forma desagradable y fea, no se arreglaba y no tenía ni la más mínima coherencia de lo que es “higiene”. Su rostro parecía muy desgastado a pesar de su joven edad, no tenía ninguna gracia en su cuerpo, ella era un poco alta pero demasiado delgada, sin forma ni nada, sus ojos se veían nublados y con una mirada siempre perdida hacia el infinito.
Cabe recalcar que aunque era así provenía de una familia de ricos y su única hermana era muy diferente, de hecho todo lo contrario a Magdalena (de la que he estado hablando). Pues bien los dos jóvenes, sin explicación aparente, se habían enamorado a primera vista, todo lo bueno que hacían lo dedicaban a ella pero ella no mostraba ni un poco de alegría a aquellos elogios por parte de los dos. Todos aseguraban en las noches verla salir hacia la barranca vistiendo de negro, siempre llevaba prisa por llegar, y todas las mañanas siempre habían cuando menos una vaca muerta o cualquier animal, nadie podía acusarla directamente por falta de pruebas pero sí podían levantar chismes.
En una de las noches en que ella salía se topó con uno de los jóvenes, Juan era su nombre y era el más chico. El se ofreció a llevarla a donde ella quisiera pero ella se negó no sin antes darle una pañoleta y pedirle que se la diera a su rival. Juan no se imaginó nada y prefirió guardarla para sí mientras veía a Magdalena alejarse por el camino.
A la mañana siguiente Juan amaneció muy enfermo y apretando un su mano la pañoleta. Jacinto, su hermano, intentó por todos los medios salvarlo pero nada resultaba y aunque llamó a todos los doctores de la redonda ninguno pudo diagnosticarlo. Cada día amanecía peor y su cuarto se inundaba de un olor fétido mientras que su piel empezaba a amarillearse como la yema de un huevo. Todo se veía perdido y Jacinto no tenía otra cosa en la mente que no fuera Magdalena, parecía cada vez más desinteresado en Juan. Todos en la hacienda rumoreaban que era un embrujo de Magdalena y cuando por fin Juan murió, Jacinto mandó a enterrarlo y encontró junto a la cama de Juan el pañuelo.
Jacinto fue a la casa de Magdalena y se encontró a Minerva, su hermana, y cuando le preguntó por Magdalena le dijo que no sabía que desde ya hacía mucho se había ido del lugar aunque en sus ojos se notaba un poco de nerviosismo. El insistió y finalmente Minerva cedió y le dijo que Magdalena estaba en su alcoba pero que no era conveniente molestarla. Jacinto, sin escuchar esto último, se adentró en la casa buscando de puerta en puerta hasta encontrar el cuarto de Magdalena mientras Minerva lo seguía a todos lados para decirle que no siguiera. Este no hacía caso.
Finalmente encontró el cuarto, lo abrió y para susto de todos lo que vio fue a Magdalena en el suelo, desnuda y con un montón de cosas de brujería negra por doquier. Entre lo que vio fue una foto de cada uno, de Jacinto y de Juan, una pañoleta idéntica a la que le dio a Juan y un muñeco que estaba en una cajita a punto de ser quemado por una vela. Todo lo demás eran huesos de pollo y sangre de quién sabe qué cosa, un par de ratas decapitadas y velas negras así como muchas hojas de papel en los que había escrito maldiciones y conjuros, todos revueltos.
Pero eso no era lo feo, lo peor era ver a Magdalena vomitando sangre y con los ojos rojos y un poco volteados. Ella convulsionaba a cada instante y gritaba con más fuerza cada vez. Se apreciaba en todo su cuerpo varías cortaduras y quemaduras. Cuando dejó de convulsionar empezó a arrastrarse y hablar en otro lenguaje que por lo poco que se le entendió era latín. Finalmente de su estómago comenzó a alzarse un chipote y a moverse a todos lados sin detenerse. De pronto como que intentó salirse de su estómago hasta que lo logró, rompiendo todo el estómago y desangrándola. Aquello que de allí salió se veía como la cabeza de un bebé pero toda quemada.
Al término de esto Magdalena murió y Jacinto cobró el sentido de razón y salió de esa casa. Pronto Minerva también lo abandonó todo y se fue después de algún tiempo. Fue derrumbada la casa pero por miedo a algún otro problema con Magdalena, sepultaron todo y ahora es un terreno baldío. Jacinto y Minerva se conocieron y pronto formaron una bella familia de la que hoy provengo yo, nunca quisieron contarlo a nadie pero quedó entre familia y hace no mucho mi abuela (Minerva) me la contó a mí.
Espero les guste la historia y mil felicidades Kruela, tu página está muy bien.
PD: dime lo que opinas de esta historia, te la cuento tal como a mí me la contaron.
Nota de Kruela
Pues que es espeluznante lo que ocurrió. Que hay quien hace brujería ya se sabe, que dé resultado supongo que no siempre con el mismo éxito, pero es evidente que cuando Magdalena le da el pañuelo a Juan y le dice que se lo de a su hermano es porque a quien quería matar era a Jacinto para quedarse con Juan. La brujería suele volverse en contra de quien la usa mal, y éste parece un caso muy claro. |