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Hola, mi nombre es Oscar Domínguez, mi hermana menor ha escrito un relato sobre mi vida personal (El rostro-249) lo cual le agradezco. No deseo retomar ese relato ya que me parece está basado y bastante bien apegado a la realidad. A continuación quisiera platicarte algo a ti y a tus asustados lectores:Todo sucedió en un viaje que hice estando yo viviendo en un pueblo ubicado en las faldas del volcán "Pico de Orizaba", la carretera era de terracería y los indicios de la civilización que conocemos se iban quedando poco a poco más atrás. En una de las muchas curvas que formaban mi camino me topé de pronto con una visión extraña dadas las circunstancias de soledad y abandono del lugar: en medio prácticamente de la nada se erguía una construcción, quiera dios que hubiera salido de ese lugar pero mi fascinación por lo extraño me hizo acercarme más aún.
Me abrí paso a través de la maleza que lo cubría todo y logré llegar hasta el pie de la vetusta casa. Era de un estilo desconocido para mí, pero reflejaba una antigüedad increíble, estaba construida de piedra sólida y algunas de sus paredes parecían haber sido hechas de un mismo bloque, sus techos eran muy elevados y algunos se habían venido abajo por el implacable paso del tiempo, además se encontraba en un estado de total abandono y daba indicios de que fue arrasada por un increíble incendio.
Como no tenía ninguna puerta que me lo impidiera decidí entrar en ella. Sólo al dar el primer paso dentro, pude sentir un aire de malignidad, como si ocultos ojos se hubieran posado de repente en mi persona. Mi impulso de salir corriendo se aplacó al ver desde dentro lo enorme que era esa mansión. Recorrí los pasillos y habitaciones sin un rumbo fijo y fui a dar a un entrepatio, las derruidas bardas del lugar parecían tener marcas grabadas con extraños símbolos que se veían por doquier pero sin una sola palabra que se pudiera leer en nuestro idioma o en ninguno que conozca hasta hoy día. En uno de los rincones se hallaba una fuente de unos 4 metros de largo, no logré encontrar la manera en que el agua surtía dicha fuente, carecía (toda la casona) de tuberías, tomas de corriente eléctrica y cualquier indicio de que hubiera sido alguna vez habitada por alguien. Volviendo a la fuente, el agua fluía directamente de un ídolo de roca que representaba un monje con túnica que impedía ver su rostro; en la base de la fuente se encontraba una inscripción con números romanos que se leía: MDCCXCII.
Me quedé un poco intrigado por el año que era y el tiempo en que nos encontramos pero la fascinación por el lugar me dominaba. En el extremo contrario de la fuente había una puerta que daba hacia el mismo suelo de la terraza, era de metal sólido como acero o hierro. Con dificultad enorme pude levantar la puerta y ante mis ojos se abrió un abismo oscuro como si me encontrase frente a las puertas del infierno, pequeños peldaños de piedra eran el camino a tomar en un decenso que desearía no haber realizado nunca. El tiempo que me tomó y el esfuerzo que realicé fue enorme, sin nombrar las veces que estuve a punto de caer y asegurar mi muerte.
Por fin mis pies tocaron fondo, mi vista jamás se acostumbró a la oscuridad que dominaba el lugar, busqué entre mis bolsillos y encontré mi encendedor a gas con el que encendía mis cigarrillos, me sirvió para encontrar poco después un candelabro que pude prender. El fuego reveló lo que me rodeaba: una salón cuadrado de dimensiones colosales tapizado de símbolos como los del exterior pero mejor conservados. El miedo se apoderó otra vez de mí, imaginaba los diabólicos ritos que seguramente se llevaron a cabo siglos atrás. En varios sitios y en todas las paredes se veían aros de hierro como para sujetar a las víctimas de sus extraños sacrificios.
Mi mente se nubló al percibir en uno de los rincones, restos que parecían ser de un ser humano. Mi deseo de permanecer ahí se desvaneció por completo y decidí salir del horrible lugar pero al acercarme a la rudimentaria escalera tropecé con un objeto cuadrado, como una caja de unos cuarenta centímetros de diámetro, tenía incrustaciones de marfil y hueso, los símbolos raros cubrían el objeto. Mis nervios estaban al límite y lo tiré lo más lejos que pude, éste al golpear el suelo estalló en pedazos: mis ojos no daban crédito a lo que veían..., una sombra enorme cubrió el lugar y claramente se formó ante mí algo que representaba toda la maldad del infinito reunida en un solo ser, cobró la forma del monje representado en la fuente y con movimientos lentos se volvió hacia donde me encontraba.
Mis nervios hechos trizas se sacudieron y me hicieron dar un grito de verdadero horror, mis piernas se pusieron en movimiento y antes de darme cuenta me encontraba recorriendo los pasillos de la casa para salir a mi salvación. Esto es algo de lo que recuerdo de mi experiencia, hoy en día cada vez que miro al volcán mi sangre hierve de horror y de espanto y mi espíritu tiembla.
Nota de KruelaBienvenido a la web Oscar, tu hermana, Aby, es muy querida aquí.
Tu experiencia es tremenda. ¿No sabes si esa construcción ha sido fotografiada? sería fantástico tener una foto de allí, la publicaría junto a tu experiencia.Ayuda a que no desaparezca la web, pincha aquí
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Chris Redfield
Muy buen relato, pa un 10. Igual digo, espero y haya fotos disponibles de la casa.Lidia Saraí
Tu experiencia fue realmente terrorífica... Espero que sólo tengas esas sensaciones cuando miras al volcán.Rafael López Vázquez (Xalapa, Veracruz. México)
Wuao, verdaderamente está impactante tu experiencia, me llama la atención que se encuentra en la zona del Pico de Orizaba, dices que en las faldas ¿verdad?. La fecha es 1792, más de 200 años tiene ese lugar. Puede que Sectas Europeas hayan utilizado la mansión, además, lo que hicieron lo mantuvieron en secreto y guardaron esa sombra maligna en la pieza de marfil.Viviendo en Orizaba escuché una historia de unos chicos que fueron a una casa en Córdoba, Ver. y entraron en una casa antigua, encontraron una puerta en una parte especial de la casa, en el suelo; bajaron por la puerta y se encontraron en el sótano un pequeño cubo de marfil; lo abrieron y había un labrado de chivo en su interior. Dejaron todo en su lugar, regresaron rato después con una cámara para tomar pruebas y el abrir el cubo salieron cientos de cucarachas que los hicieron huir.
Coiciden las piezas de marfil, pero sea lo que sea, si la quebraste entonces, liberaste a la sombra y de seguro permanece en el cuarto bajo las escaleras; de terror quien se atreva a ir y bajar.
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