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Hola!
Ante todo deciros que me encanta vuestra página (aunque no la he mirado entera), y que difícilmente podré dormir esta noche gracias a los relatos que aquí contáis.
A mí y a gente cercana a mí nos han ocurrido diferentes sucesos, paranormales o no (quién sabe) y aquí os los voy a contar para que los leáis, si no os aburro antes.
1) Esto le ocurrió a una amiga muy cercana a mí. Estaba su madre en el salón viendo una película y estaba mi amiga -creyendo su madre que estaba durmiendo- fumando en la cocina a oscuras, sin poder dormir. En esto que su madre se levanta y pensando que el ruido de la tele puede molestar a su hija dormida, se acerca a su habitación y le cierra la puerta. Un rato después oye a su hija que le llama desde la habitación (mientras la hija realmente está en la cocina) que le dice que cierre la puerta porque le molesta el ruido. La madre cree haber cerrado la puerta momentos antes, pero aún así vuelve y se la cierra nuevamente. Pasado un rato, vuelve a oir a su hija llamándola para que cierre la puerta, y es entonces cuando se mosquea y al ir a la habitación de la hija, da la luz para preguntarle por qué está abriendo todo el rato la puerta si ella se la está venga a cerrar.
El caso es que al encender la luz, ve la habitacion vacía, con la cama hecha. Este hecho la sorprende tanto que cierra la puerta y empieza a buscar a su hija ansiosamente por toda la casa y al llegar a la cocina se la encuentra fumando y leyendo un libro.
¿Quién entonces ha estado abriendo contínuamente la puerta, si viven solas y mi amiga no ha salido ni un momento de la cocina? Y aún más misterioso, ¿quién ha estado llamando a la madre para que cerrara la puerta? Mi amiga, creyendo que su madre tiene alucinaciones, se acerca a su habitación cerrada. Pero un momento antes de agarrar la manilla de la puerta, madre e hija ven como la manilla se mueve sola, y la puerta se abre silenciosamente. Esa noche la pasan en vela, abrazadas las dos en el salon.
2) Otro día, estaba yo en casa de esta amiga con otra amiga más, y decidimos realizar una sesión de ouija. Nos pusimos a ello, y como al rato empezamos a dudar de la vericidad de este intento de espiritismo, realizamos la siguiente pregunta: "Si hay alguien más aquí con nosotros, que nos muestre una señal". El caso es que esperamos un buen rato y al no recibir respuesta, lo recogimos todo y nos dispusimos a irnos, cuando mi amiga nos hizo un movimiento con la mano para detenernos.
Fijamente estaba mirando unas figuras que estaban en lo alto de la habitación, que nunca nadie tocaba. Eran unas caras africanas que miraban todas al frente. Todas excepto una, que se hayaba vuelta del revés. Mi amiga nos aseguró que esa figura siempre había estado como las demás, mirando al frente. ¿Sería esa la señal que pedimos, y que creímos que no fue escuchada?
3) Esto me sucedió con la misma amiga. Estábamos en clase y viendo el barullo que armábamos el profesor decidió ponerme a mí en una esquina y a ella en otra. El caso es que pasado un rato, toda la clase empezó a armar barullo y yo, aburrida, me puse a dibujar en el cuaderno. En eso que de repente escuché la voz de mi amiga que me llamaba en un susurro. En ese momento no pensé que era imposible escuchar un susurro en aquella clase ruidosa, y levanté la cabeza para ver qué quería. Mi amiga no había estado mirándome, pero en cuanto levanté la cabeza me miró y se le agrandaron los ojos en una expresión de sorpresa. Cuando se acabó la clase se acercó a mí y me dijo que tenía intención de llamarme y que iba a hacerlo seguidamente, pero yo le había escuchado antes de que ella pronunciara palabra y le sorprendió verme mirándola.
4) Estaba mi hermana un día en su instituto e iba andando hacia su clase a por la cazadora, ya que estaban todos en el patio y ella tenía frío. Su clase está al fondo de un largo pasillo, y al terminar de subir las escaleras comenzó a recorrerlo. Vió entonces, a escasos metros de ella, un chico que corría por el pasillo en dirección a la clase de mi hermana, y ella vió cómo se metía en la clase. Pensando que sería algún compañero suyo, no le dió demasiada importancia, pero decidió preguntarle por el examen que acababan de realizar. Terminó de recorrer el pasillo y llegó a su clase, pero cual fue su sorpresa cuando descubrió que la clase estaba completamente vacía.
Miró bajo las mesas, detrás del armario, detrás de la puerta, pensando que le estaban gastando una broma, pero no había absolutamente nadie. ¿Dónde se había metido el chico que había entrado instantes antes que ella, si no había más salidas que la puerta por la que había entrado ella? ¿y quién era ese chico?
5) A esta última historia le tengo un gran cariño, aunque puede que no de un miedo espeluznante; mi abuelo murió el año pasado, justo un día antes de lo de las Torres Gemelas. Nunca ningún familiar cercano se me había muerto y me costó aceptarlo, aunque lo tomé como un hecho natural. No quise ver el cadáver ni presenciar su incineración porque no me sentía preparada, y aunque a mi padre no le sentó bien, supe que mi abuelo lo comprendería. El caso es que más o menos un par de días después, me dí cuenta de que había ocasiones en las que podía perfectamente oler su colonia (me he acordado al leer la historia de la abuela y su perfume de lilas). Le conté a mi hermana este hecho y ella me confesó que también lo había olido. Resultaba de lo más extraño porque mi abuelo no pisaba mi casa hace mucho tiempo, y mi padre no usaba esa colonia.
Pues días más tarde me salí a la terraza a fumarme un cigarrillo y por fin pude llorar. Solté esas lágrimas que había estado guardando durante días, y me descargué de un modo u otro. Pero al secarme los ojos y levantar la mirada, creí ver en el tejado de la casa de al lado a mi abuelo, en bata de hospital (tal como lo ví la última vez) saludándome.
Era tan absurda la escena que me eché a reir y después de secarme los ojos y serenarme un poco, volví a mirar. Ahí estaba mi abuelo, lejos pero visible, sentado al borde de una chimenea, mirándome enfundado en su bata de hospital. Incluso podía ver como el viento levantaba un poco la bata por debajo. Le miré un larguísimo rato y le dije en voz baja todo lo que nunca le dije. Aun todavía no sé lo que ví, ni si mi imaginación creó esa imagen. Quizá tenía tantas ganas de volverlo a ver que mi mente lo reflejó para que yo lo viera. Ni lo sé ni me importa, porque esa visión me ayudó a desahogarme y a decirle a mi abuelo cuánto le quería (cosa que nunca le dije) y cuánto le echaba de menos. Y estoy segura de que el me oyó, y me comprendió.
Estas son algunas de mis historias. Tengo más que contar, pero o son demasiado terribles para recordármelas (que esta noche quiero dormiiiiir) o implican a personas que lo pasaron realmente mal y no quiero tocar, dada la gravedad y el misterio de sus vivencias. Quizá algún día os las cuente, quien sabe!
Hasta entonces, que viváis a tope vuestros días y que seáis felices,
Aguuuur
Muaks, Kalista
PD: No sé si podríais resolverme una duda que tengo, veréis: hace tiempo que no practico con la ouija, pero antes lo solía hacer a menudo. El caso es que mis amigas y yo teníamos que ser mínimo tres para poder mover el vaso o la moneda, mientras que mi hermana lo hacía ella sola. Ella odiaba la ouija y le daba bastante miedo, pero un buen día decidió intentarlo sola, conmigo observándola y no necesitó de nadie para moverlo. Este hecho la asustó y decidió no volver a practicar la ouija, y lo que me gustaría saber es si es normal que una sola persona pueda hacer eso sola, y más sin estar concentrada.
Gracias por vuestra atención!!!!!
Nota de KruelaLo primero Kalista, gracias por tus historias, y ojalá te animes a contar más porque me he sentido fascinada con algunas de ellas. Lo segundo es referente a tu hermana. Hay personas hipersensibles, por ejemplo, en la hipnosis hay gente más predispuesta que otra. Aquí ocurriría lo mismo. Tu hermana es más sensible, por eso puede hacerlo sola, no obstante dale un consejo: que no lo haga. La ouija, sola, es más peligrosa.
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