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Estimada Kruela: me alegro al ver el gran éxito que tiene tu web, realmente te felicito. La historia que voy a relatarte sucedió hace ya algunos ayeres. Creo que fue aproximadamente en el año de 1992 cuando yo tenía la tierna edad de 7.Sucede que fuimos al poblado de J. Rodríguez Clara, en el estado de Veracruz, a visitar a mis tíos que nos había invitado para festejar los 15 años de mi prima Patricia. La casa de mis tíos en aquel entonces era pequeña, por lo que a mi familia y a mí nos acomodaron en una sola habitación. Nos dividimos en dos camas. Mi madre dormía con mi padrastro en una, mientras que yo dormía con mi abuelita en otra.
Aquellas tierras son bastante ricas en historias y leyendas de duendes y brujas, y al ser mi primera visita por esos lares me fascinaba escucharlas de boca de los "amigos" que hice a mi llegada (ya sabes que cuando se es niño resulta mucho más fácil establecer relaciones interpersonales con todo mundo).
Algo que me llamaba mucho la atención es que siempre que nos reuníamos a contar ese tipo de historias mis primos simplemente se mostraban nerviosos, se miraban constantemente y nunca hacían ningún comentario al respecto. Yo pensé que se debía a que esas historias les causaban miedo, pero soportaban el estar ahí con tal de no aislarse del grupo. Se me contó una historia sobre pequeños duendecillos llamados "chaneques" que habitan la zona y que gustan de gastar bromas en las casas de las personas.
Total, que una noche ya nos disponíamos a dormir; mi abuelita siempre tiene la costumbre de dormir con una linterna bajo su almohada, sólo por si algo se llegara a ofrecer. Pues bien, de pronto todos al mismo tiempo tuvimos sensaciones diversas. Yo sentí que alguien se sentaba al borde de la cama donde mi abuelita y yo dormíamos, ella sintió como si un perro se sacudiese y lo más extraño fue cuando mi mamá sintió que le jalaban el dedo de un pie.
Su reacción fue regañarme pues pensó que yo había sido pero mi abuelita le dijo que yo no me había levantado de la cama (mi padrastro no pudo haber sido ya que había salido con mi tío por unos tragos).
Curiosamente la linterna que tenía mi abuelita no prendió a pesar de que cada noche antes de dormir, se aseguraba de que funcionara correctamente.
Al día siguiente durante el desayuno le comentamos el incidente a mis tíos quienes nerviosos nos dijeron que en esa habitación se aparecía un chaneque, el cual ya habían visto en varias ocasiones describiéndolo como un ser humanoide, bajito, con una gran nariz, ojos rojos y brillantes, un gran sombrero y botas, pero que no querían decirnos nada para no asustarnos. Después de esa noche nada volvió a suceder.
Recibe un cordial saludo.
Fernando Bolaños. Ciudad de México.
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