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Hola, mi nombre es, bueno digamos que me llamo Manolo, (para guardar el anonimato) y la increíble historia que voy a contar nos sucedió varias noches de verano, en un campamento, a los pies de la cordillera de los Andes:Ese año (1998) como todos los veranos un grupo de voluntarios de diversos grupos Scout de Chile (unos 150 voluntarios) nos reunimos a partir del 3 de enero hasta la segunda quincena de febrero, en una localidad rural, a los pies de la cordillera de los Andes, para cuidar niños en campamentos de verano. Ese año llegaron desde la ciudad de Osorno (en el sur de Chile, y donde la brujería es un más que un simple rumor...) un grupo simpatiquísimo de jóvenes. En seguida yo y mis compañeros entablamos amistad con ellos. Uno de mis amigos nos sugirió la idea de reirnos sanamente a costa de los sureños, y los invitamos para que esa noche hiciéramos la Ouija. Antes del anochecer buscamos un lugar un poco alejado del campamento, y organizamos un montaje: atamos finas cuerdas a las ramas de un sauce, otras las atamos a algunos matorrales, etc... la idea nos pareció graciosa.
Llegada la noche un grupo compuesto por los sureños y nosotros se dirigió a los pies del frondoso sauce. Previamente yo y 2 amigos más nos adelantamos para escondernos y así tirar de las cuerdas sin que nos vieran. La clave que teníamos era que cuando escucháramos : ..."Quintrala ¿estás aquí?...." nosotros tirábamos enérgicamente de las cuerdas y las ramas se movían.
Todo iba bien hasta que pasados unos 10 minutos de tirar y aflojar nos sorprendió un fuerte viento frío, casi huracanado diría yo, fue entonces cuando observamos que los árboles que estaban en el campamento no se movían, se movían sólo los del lugar donde nos encontrábamos. Los que estaban haciendo la Ouija salieron despavoridos, y yo y los 2 que estábamos escondidos vimos correr delante nuestro una sombra, y no era la sombra de los que corrían delante, era una sombra que salió desde algún matorral y cruzó ante nuestro escondite. Los tres nos miramos y salimos corriendo muertos de miedo. Al llegar al campamento hablamos de lo ocurrido, y todo quedó en una curiosa anécdota.
A los 2 días de haber visto correr la sombra, estábamos 6 personas alrededor de las 12:00 de la noche haciendo "guardia" frente a la plaza central del campamento cuando vimos atravesar una sombra corriendo por la plaza hasta llegar a un árbol que estaba plantado en medio de la plaza. Pensando que era un niño que había escapado salimos sin pensarlo corriendo detrás, pero ¿cuál fue nuestra sorpresa? no había nadie.... Buscamos con nuestras linternas en el árbol y alrededor y no había nadie. Era imposible que alguien hubiese recorrido media plaza hasta el árbol, y que luego recorriera otra media plaza desde el árbol a cualquier lugar sin que lo hubiésemos visto hacer el segundo recorrido... Fue entonces cuando algunos de nosotros empezamos a preocuparnos ¿qué podía ser aquella sombra? ¿qué hacía allí en un campamento?...
Una noche durante la cena hubo un apagón general. Como yo en ese momento no llevaba la linterna encima le pedí a Pepe que me dejara la suya para ir a por mi linterna a la tienda de campaña. Me la dejó, llegué hasta mi mochila, saqué mi linterna y cuando salí de la tienda de campaña (se me ponen los pelos de punta de acordarme) vi a la luz de la luna, claramente apoyado sobre una rama, a Javier mirándome fijamente. Ese ha sido el día que más rápido he corrido. Javier llevaba 8 meses muerto, un trágico accidente nos lo arrebató a sus amigos, a su familia... Javier siempre había sido un chico muy simpático y amigable, habíamos estudiado juntos de pequeños en el colegio, incluso estuve en su funeral, que cayó como un chorro de agua gélida a quienes le conocíamos. Era imposible que un ser tan especial, con el que habíamos compartido mil y un campamento, e incontables aventuras ya no estuviera entre nosotros... Cuando llegaba corriendo al comedor se encendieron las luces, y los que estaban en mi mesa me dijeron:
- Estás pálido, parece que has visto un fantasma...
Yo les contesté con un:
- Sí....
Echaron a reir. Al ver que se reían opté por no contarle nada a nadie, porque entonces sería el blanco de todas las bromas y me tomarían por un mentiroso.Esa noche no dormí , no podía dormir, pero al día siguiente después de darle mil vueltas a la cabeza pensé que nada malo me podía hacer Javier, porque éramos amigos, y él quiso estar con nosotros, sus amigos, en aquel campamento en el que le echábamos de menos.
Muchos fueron los que a lo largo del campamento vieron una sombra a veces corriendo, a veces escabulléndose entre las ramas, etc... pero nadie sabía quién era realmente y yo no quise decir nada. A los 2 meses del campamento organizamos una fiesta entre los que habíamos participado aquel verano, y después de beber algunos vasos de vino y recordar viejos tiempos, Carlos me confesó una cosa: él había visto a Javier en aquel campamento una tarde mientras estaba orinando en un árbol. Miró hacia un lado y vio a Javier observándolo a unos 4 metros de distancia. Fue entonces cuando me di cuenta de que no había sido el único que lo había visto.
Esta historia es verdadera.
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Montserrat González
Está muy padre, sobre todo porque se nota que te movió mucho sentimentalmente.
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