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Al publicar la experiencia anterior, he recordado otra que le ocurrió a una amiga mía, a la que llamaremos P. (para seguir con el método de A. P.)Un día estábamos hablando de cosas paranormales -en realidad hablaba yo y P. escuchaba- cuando noté que ella me miraba ensimismada y con ganas de decir algo. Finalmente opté por dejarla hablar y me contó varias experiencias, entre ellas esta que narro a continuación y que se parece mucho a la anterior publicada.
P. iba de fiesta con su novio y otros amigos. Iban en el coche, ella de copiloto, y el novio conduciendo. (Pensándolo bien... no recuerdo si ya estaban casados, es posible que sí). El caso es que se dirigían a una discoteca costera de la Comunidad Valenciana muy famosa que tiene un nombre muy ambiguo: Chocolate (en España chocolate aparte de la comida es también "costo" o "hachís"). Yendo hacia allí iban, como era de esperar, muy puestos, y no precisamente sólo de alcohol. Lo lógico en aquellos tiempos era ponerse hasta arriba de distintas substancias, era la época anterior a la que se llegó a conocer como la ruta del bakalao (algunos somos ya muy mayores, jeje).
La cuestión es que en un momento dado y a esas horas nocturnas, ellos iban felices en el coche y no se percataron de lo que había delante. Simplemente porque para ellos no había nada delante: es decir, no se veía nada. Sin embargo en un momento dado "algo" cogió el volante, dio un volantazo hacia la izquierda e hizo girar el coche a la fuerza.
En ese instante fue cuando P. y los demás se percataron de que acababan de "rodear" a un hombre -o chico, a esas horas ni se veía- que iba en una moto sin luces, a oscuras, y vestido oscuro también. Lo más fácil hubiera sido atropellarlo dado que no se veía porque no había en él nada que se le distinguiera de una sombra del camino, pero aquel volantazo le salvó la vida al muchacho.
El piloto creyó que fue P. quien movió el volante, pero ella estaba tan asustada como él y como los demás. Nadie, absolutamente nadie del coche, había movido con tal fuerza el volante para evitar atropellar al hombre del arcén, invisible en aquella noche tan oscura.
Yo no supe qué pensar, si era el ángel de la guarda del piloto, o si lo era del hombre (o chico) que conducía la moto, porque lo que está claro es que el ente que lo hiciera era un ángel guardián que evitó una más que posible muerte.
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Kruela
Obviamente puntúo esta experiencia del mismo modo que he puntuado la anterior (y no es la única que aparece en la web y que tiene los mismos detalles), y lo hago porque cuando me lo contó, se me pusieron los pelos de punta. No es lo mismo leer una experiencia que ver cómo te la cuentan y observar en la mirada esa sensación de "no estamos solos"... "aquello era imposible pero sucedió, yo estaba allí".... Además, como supondréis, los efectos de lo que habían tomado desapareció en aquellos momentos. El susto les quitó todo síntoma de ebriedad. Y también la puntúo porque no es lo único que le ocurrió, y lo más gracioso es que ella no recordaba que le hubiera pasado nada, pero conforme me escuchaba a mí le llegaban a la memoria experiencias paranormales que sí había vivido y que las tenía en el olvido.
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