|
|
|
|
Esto ocurrió hace unos cuantos años. Por aquel entonces estudiaba 1º de BUP en el instituto de Basauri. Por suerte o por desgracia, coincidí con gente que conocía de anterioridad: dos de mis primas y compañeros del colegio al que asistíamos. Digo lo de "por desgracia" porque salí del colegio donde te trataban como una niña, para entrar en el instituto, donde el trato era más de adulta y la libertad mayor. Libertad... amigos... piras (no ir a clases)... suspensos... me dí el año sabático, lo recuerdo muy bien. Algunas veces hacíamos piras para realizar nuestro hobby preferido: La ouija, y he aquí mi historia:Tengo que reconocer que éramos muy poco profesionales. Nos bastaba con tener un folio, un bolígrafo y una moneda y fabricábamos nuestra propia ouija. A hurtadillas nos encaminábamos todas hacia los baños de chicas, mis dos primas, mi compañera de mesa y yo. Nos sentábamos en el suelo (poniendo la carpeta debajo, por supuesto el azulejo era helador) alrededor de nuestra "ouija" improvisada, y convertíamos nuestra hora de clase de historia, a la que no asistíamos jamás, en un juego inocente y morboso a la vez. No íbamos más allá de preguntar "si le gustábamos al chico tal..." o "si íbamos a suspender muchas asignaturas...", aunque a veces la sesión se caldeaba y nuestros dedos apoyados en la moneda de cinco pesetas se encaminaban, en respuesta a nuestra pregunta de "¿quién eres?", a las letras "S".."A".."T".."A".."N".."A".."S"...
Creo que era más fruto de nuestra imaginación, de nuestras ganas de asistir a algo extraordinario o... no sé... incluso podría pensar que nuestra concentración era muy grande y que el poder mental movía esa dichosa moneda, aunque lo dudo, pero el caso es que nos encantaba nuestro jueguito secreto.
Aquel año murió mi abuelo. Estuvo durante un tiempo ingresado en el hospital. Sus pobre pulmones, quemados tras años de fumar dos paquetes de "Habanos" diarios, le decían que hasta aquí habíamos llegado. En mi vida había visto así a mi madre. Lloraba día y noche, éramos incapaces de consolarla y era tal el dolor que sentía, que la muerte de su padre se convirtió en un tabú y nadie en casa hablaba de ello. Ni a mis hermanos ni a mí nos dejaron ir al funeral y siempre me quedé con la idea de que no le había dicho adiós, ya que mi abuelo y yo nos teníamos un cariño especial, diferente al del resto de nietos.
Falté un par de días a clase (aunque con las piras que hacía, los profesores no me iban a echar mucho de menos) y mis compañeras de ouija continuaron sin mí. Transcurridos los dos días, continué con el tabú de no hablar de la muerte de mi abuelo. Mi compañera, Marian, me dio el parte de lo ocurrido en las sesiones. Me contó esta extraña coincidencia: contactaron con un supuesto espíritu de un señor mayor que tenía dos nietas en el instituto y que sus iniciales eran "A.C." y "M.C." (mis iniciales y las de mi hermana). Aquel señor mayor había tenido una muerte terrible y por eso deambulaba su alma: se había suicidado tirándose por una ventana.
Perpleja, le eché valor para hablar del tema y contesté a Marian:
- No es mi abuelo, él murió en el hospital, estaba muy enfermo.
Creo que en parte me quería convencer a mí misma de que había ocurrido eso, ya que esa muerte en el hospital era una suposición mía, lo cierto es que nadie me había dicho qué había ocurrido y mi familia seguía afectada y sin hablar de ello.Empecé a tener pesadillas y a imaginarme a mi abuelo, con la bata del hospital arrojándose por la ventana. Fue terrible. Aún se me pone la carne de gallina recordando aquello. Con el tiempo todo se fue diluyendo. La tristeza de mi madre, las sesiones espiritistas, las pesadillas... Pasaron los años, unos cuatro, creo, y fuimos a visitar a mi abuela. Subimos hasta el piso 13 (mal número si no crece) donde ella aún vive, y allí pasamos la tarde. Mientras tomábamos algo en la sala de estar, me fijé en los grandes ventanales que iluminaban la estancia. Partían desde un palmo más abajo del techo, hasta unos 20 cms. por encima del suelo, y todo esto hablando de un piso 13. Comenté inocentemente:
- Abuela...¿no te dan miedo esos ventanales? A mí las alturas me dan un miedo terrible...
A lo que ella contestó:
- Claro que me dan miedo. Desde aquella ventana cayó tu abuelo.
Me quedé totalmente paralizada. Sin poder balbucear una sola palabra, empecé a llorar instantáneamente y a recordar aquella sesión espiritista a la que yo no asistí, pero que me facilitó aquello que mis familiares no fueron incapaces de explicarme. Entre lágrimas y sorbidas de mocos, medio expliqué nuestros flirteos con la ouija, pero estoy segura que nadie me creyó.Meses más tarde, mi abuela me explicó que ni ella misma sabía qué ocurrió en realidad. Mientras ella cocinaba, oyó un ruido. Se asomó a la puerta y vio cómo su marido se precipitaba hacia la ventana abierta de par en par. Corrió en su búsqueda y por un momento consiguió asirle del pie, pero no pudo soportar su peso y su vida se le resbaló de las manos. ¿Suicidio o accidente? Eso sólo él, que en paz descanse, lo sabe.
Ese fue el punto y final. Nunca más volví a realizar ningún acto que tuviese que ver con los espíritus. Las alturas me dan aún más miedo si cabe, y las películas de terror me traumatizan durante días.
![]()
Angie
Un diez para esta experiencia.
Ayuda a que no desaparezca la web, pincha aquí
![]()
[VOTAR EXPERIENCIA] ~ ~ ~ [ENVIAR MI EXPERIENCIA]
recuerda poner tu nombre, ciudad y país para el voto

Webs relacionadas ciberanika | Anika Entre Libros | Anika Cine Magazine | Vinilo |© Todos los derechos reservados. No plagiar ni copiar el contenido de la web.