|
|
|
|
Bueno, esta historia me ocurrió hará ya unos ocho años. Yo tenía por aquel entonces dieciseis. Se puede decir que era un chico corriente, acababa de conseguir mi primer trabajo, de media jornada, y como era verano pasaba mucho tiempo fuera de casa con mis amigos.Un día una chica nos enseñó cómo funcionaba la Ouija y cómo hacernos una. Algo muy normal con esa edad, casi todo el mundo tiene un contacto más o menos serio con el espiritismo en la adolescencia. Pero lo nuestro no se quedo ahí, en un simple juego que haces el día más aburrido de tu vida, con más ganas de hacer el ganso que de tener un contacto real. No, a nosotros nos cautivó desde el primer día. En cuestión de una semana estábamos entre cinco y ocho horas haciendo la Ouija, llegando a tener frecuentemente problemas por llegar tarde a nuestras casas, a pesar de tener muchísimas horas libres. En poco tiempo se convirtió en una actividad exclusiva. Dejamos incluso de salir los fines de semana, únicamente consumíamos cannabis y hacíamos espiritismo, ambas cosas juntas, pero que nadie se crea que nos hacía alucinar, ni mucho menos, quizás sí ser más receptivos, no lo sé, era algo que ya hacíamos antes de empezar con las sesiones y no creo que tenga mayor importancia. Nosotros estabámos en club que se conoce mucho la gente, ya nos trataban como bichos raros, a veces teníamos hasta público en las sesiones y a menudo nos pedían participar en estas aunque rara vez les dejamos.
Mientras esto pasaba tuvimos imnumerables contactos que dieron pie a muchísimos sucesos extraños que no voy a nombrar por su extensión pero que nos convencieron de la veracidad de la Ouija. Como seguíamos fascinados con ello hacíamos lo posible por conocer más sobre el fenómeno de la ouija y en nuestras sesiones cambiamos la manera de actuar. Si empezamos concentrándonos de la forma natural, (imaginando que estamos en un pasillo oscuro con una luz al fondo a la que nos vamos acercando lentamente), y esperando cualquier tipo de contacto, fuimos haciendo todo el proceso cada vez de forma más y más rebuscada hasta llegar al último día que hicimos la ouija.
Este día lo pasamos muy nerviosos, discutiendo entre nosotros sobre la mejor manera de llevar a cabo la siguiente idea: habíamos decidido invocar un espíritu maligno y pedirle que poseyera a uno de nosotros. Todos nos pusimos de acuerdo en hacerlo, pero nadie se atrevía a ser el poseído. Al final, contra todo pronóstico, Santi, el más joven del grupo, se ofreció voluntario. Nos aliviamos mucho porque estábamos barajando la posibilidad de sortearlo y lo aceptamos agradecidos.
Una vez escogido el receptor empezamos con el ritual. En primer lugar la concentración: todos cogidos de la mano imaginando un molino con Jesucristo crucificado en las aspas que entraban una y otra vez en un río de sangre. La excitación al hacer la pregunta "¿hay alguien ahí?" era enorme, me costaba mantener el dedo en la moneda. De pronto la moneda se movió en forma de ocho, o de infinito, una y otra vez, cada vez más rapido, más rápido. Yo, muy alterado, le pregunté:
- ¿Quién eres?
Y él me dijo:
"no me habeis llamado para saber mi nombre"Siguió haciendo ochos y ochos, Nacho le preguntó:
- ¿Vas a poseerle?
El dijo:
"uniros las manos y lo haré".
Entonces dejamos la moneda y unimos nuestras manos, todos visiblemente nerviosos fijamos la vista en Santi esperando alguna reacción. No pasó nada, y Santi nos miraba con cara de cordero degollado, pero ya no había vuelta atrás.Pusimos nuevamente las manos en la moneda a la vez que alguien decía
- ¿Sigues ahí?
Nuevamente siguió haciendo ochos. Le dijimos:
- ¿Puedes hacerlo?
Él dijo
"no me acepta".Roberto sugirió que todos juntos de la mano deberíamos decir "entra en él", repetidas veces mientras Santi debía decir, "entra en mí", a la vez que estar relajado. Todos estuvimos de acuerdo porque el espíritu seguía empeñado en hacer ochos y no nos daba ninguna información por más que le interrogamos.
"Entra en mí, entra en mí", repetía Santi una y otra vez con un tono un poco más alto que el nuestro mientras decíamos, "entra en él". Estábamos con las cabezas agachadas, mirando al suelo, repitiendo la frase y concentrando todos nuestros pensamientos en que aquel espíritu le poseyera, cuando los dos más cercanos a Santi, Nacho y yo, empezamos a sentir cómo Santi nos apretaba la mano con más y más fuerza, hasta hacernos daño, aunque era bastante un enclenque. Nosotros levantamos la mirada hasta cruzarnos con la suya. No podía creer lo que estaba viendo, Santi nos sonreía pero con una expresión que no era suya, que nunca podría conseguir con sus gestos normales, tenía la cara deforme, estilizada, diferente, no sé, no era él.
Yo, según vi eso, me levanté del suelo gritando y me fui corriendo. Nacho y Gonzalo hicieron lo mismo, sólo Roberto se quedó con Santi. Mientras corría escuchaba gritos, insultos y unas carcajadas maliciosas que en ningún caso podían salir de mi amigo de catorce años.
Pasado un buen rato los tres que nos habíamos ido, nos armamos de valor y volvimos al lugar. Roberto estaba con Santi hablando y nosotros una vez que reconocimos su expresión normal, le preguntamos por lo sucedido, a lo que nos respondió que no se acordaba de nada, tenía un vago recuerdo de unas oir risas pero creía que eran nuestras. Le contamos todo lo sucedido y no se lo podía creer, le afectó mucho. Bueno, nos afectó a todos. Esa noche Roberto, que era el que mejor lo llevaba, nos acompañó uno a uno a todos a nuestras casas. No nos atrevíamos ni a andar solos, teníamos que estar constantemente hablando de lo que fuera para no pensar más en la experiencia.
Una vez llegué a mi casa estaba horrorizado, negándome a mí mismo lo sucedido, pero sin ningún efecto, estaba convencido de lo que había visto aunque eso me atormentara. No tenía ningún hambre, ni sueño, pero tenía ganas de que se hiciera de día y salir a la calle y ver el sol. Así que decidí irme a acostar. Me metí en la cama y me empecé a marear, cuando me di cuenta que el crucifijo de mi habitación estaba boca abajo.
Ya no estaba asustado, estaba muchísimo más acojonado de lo que he estado en mi vida, tanto es así que empecé a rezar un Padre Nuestro. Al hacerlo las sábanas me empezaron a quemar, cada vez más. Yo pensaba, "joder, no pueden estar quemando, es mi paranoia", pero me quemaban. Ya no sabía qué hacer, estaba a punto de llorar. Por puro instinto me levanté y me fui al salón dejando dadas todas las luces que iba encendiendo y me puse a ver la tele como un zombi, intentando no pensar en nada. Mi abuela se despertó y me preguntó qué hacía a esas horas viendo la tele, yo no tenía ninguna intención de contarle la historia, ni fuerzas para discutir, pero por nada del mundo pensaba volver a la habitación, así que aguanté sus broncas y me quedé hasta que se hizo de día.
Después de esto mi grupo se separó y por supuesto dejé de hacer la Ouija. Yo me quedé muy afectado, tanto que se lo conté a mis padres y estos me hicieron a hablar con una tía monja que me quitó el miedo del cuerpo y la obsesión con el tema, asegurándome que Jesús me quería y no dejaría que me pasase nada malo y cosas de ese estilo, que aunque siempre me habían parecido chorradas me sirvieron de gran ayuda. Ahora lo tengo más que superado y no me importaría volver a tener una sesión, eso sí con más cuidado.
![]()
Tita (Monterrey, México)
Dani,
¡¡Qué impresionante historia la tuya!! ¡¡Me ha encantado!! ¿Sabes? Tengo muchas ganas de hacer Ouija en estos últimos días, sólo una vez la he hecho con unas amigas, pero nunca nos respondió nada ni se movió el indicador... así que no nos pareció divertido ni nos pareció que la Ouija fuera verdad. Realmente, a mí me gustaría hacer Ouija nuevamente y comprobar que es cierto, tu historia es fantástica y sí te creo. Saludos desde Monterrey, México!! tita*Marilyn (México)
Voto por esta experiencia porque me pareció que es muy real, y para que la gente que juega a la ouija lo haga con más cuidado.Gustavo Escudero
Hola Dany, estuvo chidísima tu historia, en verdad me gustó, yo sí he jugado a la Ouija en el pasado, de hecho compré una cuando tenía 15 años, se movía conmigo pero muy leve; con unas amigas, con ellas se movía bien cañón, le preguntabas algo y rápido contestaba, de hecho esa vez yo intenté con una de ellas y la tabla dijo: q-u-e-s-e-v-a-y-a-n-e-l-l-o-s, decía esta persona que se hacía llamar David de Guadalajara en México. Mi voto es de 10.
Ayuda a que no desaparezca la web, pincha aquí
![]()
[VOTAR EXPERIENCIA] ~ ~ ~ [ENVIAR MI EXPERIENCIA]
recuerda poner tu nombre, ciudad y país para el voto

Webs relacionadas ciberanika | Anika Entre Libros | Anika Cine Magazine | Vinilo |© Todos los derechos reservados. No plagiar ni copiar el contenido de la web.