EXPERIENCIAS PERSONALES DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
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El pequeño demonio
Carolina.
Esta historia que les voy a contar es real.
La persona que me la contó goza de mi total confianza, su nombre, por razones obvias, es falso.

Pedro estaba acongojado, más bien, deprimido. A causa de ello, el médico de la familia, recomendó a sus padres que se tomaran unas vacaciones. Pero los padres de Pedro trabajan sin cesar, el lujo de poder tomarse unas vacaciones era algo que no estaba en sus planes, ambos poseían una panadería en Capital Federal en donde muchas confiterías de la zona compraban su pan. Por ello decidieron que fuera Pedro el único en disfrutarlas.

El hermano más grande de su padre vivía en el campo junto con su esposa, al lado de sus tíos, sin hijos, confiaban en que Pedro podría llegar a mejorar. Durante su estancia en el campo de su tío, Pedro fue feliz. Aprendió a montar, a pescar, a arar el campo, a ordeñar vacas y a cortar leña. Pero de todas ellas, su única pasión era montar. Su tío era quien lo acompañaba. Después de cenar era la costumbre favorita de ambos, juntos podían pasear largo rato mientras charlaban.

Pero dentro de las bondades del bosque, Pedro descubrió con sorpresa, que su tío siempre lo obligaba a retroceder en un mismo punto. Una noche, en que una vez más su tío hacia girar el caballo en el mismo lugar, Pedro interrumpió su charla y le preguntó intrigado:

- ¿Por qué nunca vamos más allá?
- ¿Te referís a por qué siempre doblamos en este mismo lugar?
- Sí.
- Hijo mío, adentrarse al bosque es peligroso, guarda secretos que ninguna persona debe descubrir.
Y eso fue todo, pero a  Pedro no le bastó, decidió que alguna noche estando solo, descubriría qué había allí.

Pasaron varias semanas y el tío de Pedro enfermó gravemente, el médico le diagnosticó pulmonía. Su tía pasaba casi todo el día en el hospital, al lado de ella, Pedro no se movía. Ya en el segundo día de guardia, su tía le pidió que volviera a la casa, los animales debían ser alimentados y las plantas regadas. Así lo hizo y sin transporte para poder llegar hasta la casa, Pedro caminó cincuenta cuadras, al llegar al hogar ya era casi de noche.

Después de darle de comer a los animales, se preparó la cena y decidió que al fin, debía adentrarse al bosque junto con su caballo, esta vez, solo. Debía aprovechar que ya nadie le diría hasta dónde podría llegar, descubriría de una vez por todas lo tan misterioso que allí se hallaba.

Cuando hubo pasado el límite, aquel punto imaginario que su tío trazaba y que lo obligaba a retroceder, Pedro siguió andando. Pero allí no había nada, ningún indicio de algo fuera de lo normal, ni un solo ruido, nada porque alarmarse. Decidió salir de allí, ya era tarde y el sueño lo estaba venciendo, regresaría y se acostaría de inmediato. A la mañana temprano iría a ver a su tío al hospital. El caballo recibió la orden de girar, Pedro torció el cuerpo en el mismo sentido, pero cuando ya casi estaba por marcharse algo lo hizo cambiar de parecer.

Un llanto de un bebé se escuchaba claramente desde algún lugar del bosque.

Pedro trató de agudizar sus oídos, el llanto parecía venir del lado opuesto, detrás de sus espaldas, o eso era lo que le parecía escuchar. Se dirigió hacia allí lentamente, temeroso de que sólo aquello fuera un producto de su imaginación, o lo peor, la triste realidad de que alguien hubiera abandonado a un niño y estuviera mal herido. Pero no era una alucinación, realmente algo estaba allí, algo que no podía llegar a descubrir de tan lejos, al parecer un recién nacido se hallaba sobre una manta blanca debajo de un árbol. Al ir acercándose Pedro descubrió que en verdad allí había un bebé, uno de carne y hueso y que lloraba desconsoladamente. Bajó de su caballo y lo tomó entre sus brazos. Era hermoso, la cosa más linda que jamás había visto, de pelo enrulado y bellos ojos verdes que lo observaba hipnotizado. El bebé abrió la boca, de sus pequeños labios florecieron  unos enormes colmillos blancos, semejantes a los de un animal. Pedro emitió un grito ahogado, lo que estaba viendo no podía ser real, aquello no le estaba sucediendo, cuando lo escuchó hablar todos los pelos de su cuerpo se erizaron. Una  sonido sobrenatural salió de su boca.

- Tu tío va  a morir

Lanzó aquel monstruo fuera de su pecho, el pequeño demonio se incorporó hábilmente. Pedro corrió hacia su caballo, que ya se había percatado del peligro, estaba tan nervioso al igual que él. Subió arriba del animal y al mismo tiempo que se incorporaba en su lomo, miró de reojo hacia donde se hallaba la bestia. Corría hacia ellos desesperadamente.

Pedro no quería mirar hacia atrás, sólo lo escuchaba, el enviado de Lucifer parecía estar enfadado, corriendo al igual que un ser humano seguía sus pasos a todo terreno profiriéndole  toda clase de barbaridades. Llegó finalmente a la casa, con algo de ventaja a su favor bajó del caballo y abrió la puerta de la casa. En el instante en que la cerraba el demonio se precipitó sobre la misma haciendo mucho ruido, luego lo escuchó caer. Pensaba en que tal vez estuviera mal herido, o mejor aún, muerto, la cosa del infierno se había callado y un silencio total reinaba afuera. Pero Pedro permaneció toda la noche en la casa, el mal formado bicho no se había muerto, estaba tocando a su puerta incesantemente. De vez en cuando también le hablaba:

- Tu tío está con nosotros ¿quieres darle un mensaje?

Quedó algo dormido, cuando tomó conciencia del peligro se incorporó rápidamente. Había amanecido y al parecer la bestia se había alejado. Pedro abrió la puerta, sus manos temblaban sobre el picaporte. Afuera no había nadie, ni el caballo.

Corrió las cincuenta cuadras hasta el hospital, en el pasillo donde su tío se hallaba internado su tía brillaba por la ausencia.
Pasó una enfermera, Pedro le preguntó por el paradero de su tío.
- Lo siento pequeño, falleció ayer a la noche.

Carolina.

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Ana (Costa Rica)
Uh ¡¡¡qué historia más aterradora de verdad!!!

Otto Calito (Guatemala)
Voto por esta historia. Realmente está para ponerte los pelos de punta. Acá en Guatemala también ha sucedido este tipo de casos en el cual siempre en la orilla de los caminos sólo hay un bebé llorando, y cuando alguien lo toma en sus brazos pensando que abandonaron al bebé, éste se transforma en algo horrible y demoníaco. Saludos.

Kristy
Bueno, la verdad es que me dió escalofrío. Pero es curioso, cuando dice "Tu tío está con nosotros ¿quieres darle un mensaje?" me recuerda a la película del Exorcista, primera parte, cuando el cura está con la niña poseída y el Demonio le dice esa misma frase, pero claro está, cambiando la palabra "tío" por "madre". Está muy bien la historia, la verdad.
 


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