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Experiencia nº 2442
EXPERIENCIAS PERSONALES DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
El gato guardián
Iker (Vitoria. España)
mayo 2006
Hola Kruela, animado por mi novia he decidido ir mandándote las historias sobre hechos que nos han ido pasando.

El gato guardián

Esta historia me sucedió cuando tenía 14 o15 años; mis padres y yo pasamos el verano en un chalet que nos habían dejado unos amigos. El chalet estaba situado en las afueras de Torrevieja, en una una de esas urbanizaciones repletas de chalets. El chalet de estos amigos era  el último de una callecita sin salida.

Uno de los días salí a comprar algo para la cena, al llegar a la calle perpendicular a la de la vivienda oí unos pasos a gran velocidad junto con un tintineo de un cascabel, al girar la cabeza vi a mi gato corriendo hacia mí y cuando estaba a medio metro se volteó y empezó a  moverse de un lado a otro, pero sin separarse de mí, era como si estuviese encarándose con otro animal, pero ahí no había ninguno.

Estuvo haciendo eso algo menos de un minuto, de repente se paró en seco y se quedó mirando fijamente en dirección a la casa, concretamente hacia el muro que delimita la calle, unos segundos después se desmoronó en el suelo.

Al cogerlo en brazos noté que su corazón palpitaba de manera frenética y su respiración era más bien un jadeo, así que lo llevé a casa y lo deposité en un sofá, y volví a salir a la calle para hacer las compras.

Cuando regresé al poco rato, al empezar la calle salió una vecina sudamericana (no sé el país) y me contó que había presenciado lo ocurrido y que el comportamiento de mi gato era idéntico al de su perra “Nova”, me contó que Nova más de una vez salía corriendo a la calle y empezaba correr en círculos como si persiguiese algo, pero que nunca había nada, y que otras veces se quedaba mirando fijamente a través de las verjas del jardín como si siguiese con la mirada a algo o a alguien.

Me contó que en su país había una leyenda que contaba que un ser llamado “Cadejo” (creo que era algo así) que tenía aspecto de un animal pequeño cuando estaba alejado, pero que según se iba acercando se volvía más grande y siniestro, atacaba a la gente que caminaba sola por las calles.

Ella estaba convencida de que lo que nuestras mascotas hacían era ahuyentar a un ser de ese tipo, que merodeaba por esa zona.

En el resto de las vacaciones no volví a ver a mi gato comportarse así de nuevo, pero esta vivencia me hizo fijarme más en mi gato, y ahora cada vez que se queda quieto mirando al infinito no puedo evitar pensar que quizás esté notando algo que yo no alcanzo a sentir.

IKER
  Nota de Kruela

Gracias, a ti y a tu novia por animarte a enviar historias.



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