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junio 2006 |
Hola Kruela,
Una vez más enviándote una experiencia más. Esto sucedió en 1984, unos 9 días antes de mi octavo cumpleaños.El 19 de noviembre de 1984 fue un día particularmente trágico en la ciudad de México, lugar donde nací y viví hasta los doce años. Este día, unas instalaciones de Pemex (Petróleos Mexicanos) explotaron dejando cientos de muertos en el pueblo de San Juan Ixhuatepec, que en realidad es un suburbio del Estado de México. La madrugada de este día, aún sin saber lo que había ocurrido, recuerdo que mi papá nos despertó a todos para que vierámos el cielo a través de la ventana de nuestra casa. Vivíamos en la planta alta de un edificio dúplex (de dos departamentos), por lo que teníamos una vista más amplia del cielo.
Eran como las cuatro y media o cinco de la mañana, cuando nos despertamos para ver que el cielo era de un color naranja rojizo rodeado de lo que me pareció eran nubes completamente negras (después sabríamos que eran las llamaradas de la explosión) ya que San Juan estaba relativamente cerca de donde vivíamos —a unos veinte o treinta kilómetros— Nos impresionó mucho, pero no sabíamos qué podía ser, y estando absortos en el cielo, de pronto se escuchó que tocaban el timbre.
Como todos estábamos mirando por la ventana hacia el cielo, instintivamente bajamos la mirada porque la entrada del departamento estaba al fin de una escalinata que bajaba por dentro hasta dar al nivel de la calle y por lo tanto, desde esa ventana se veía claramente a cualquier persona que estuviera esperando en la puerta. Dada la hora, nos sobresaltamos, especialmente porque ninguno nos percatamos del momento exacto en que esta persona se paró debajo de la ventana.
Era una mujer joven, yo calculo tendría entre 18 y 25 años de edad, vestía un suéter raído sobre un camisón blanco como los que se usan en los hospitales. Estaba descalza y sucia, pero lo que más recuerdo es su rostro: era tan aterrador que sentí un escalofrío recorriéndome la espalda. Sus rasgos eran los normales, pero la expresión de su rostro semejaba a la de alguien afectada por un evento traumático; ojos abiertos y desorbitados, ojeras profundas, y tez pálida y mortecina. Al percatarse que la mirábamos, la mujer preguntó, con una perturbadora voz de niña chiquita que aún me provoca escalofríos:
“¿Está mi mamá aquí? ¿Mamá?”
Mi papá, manteniéndo la cordura le dijo
- No señorita, aquí no vive su mamá. - lo que ella pareció no escuchar o ignorar y seguía repitiendo de manera robótica:
“¿Mamá?¿Aquí está mi mamá?”
Cuando mi papá le volvió a explicar que ahí no vivía tal persona, se alejó lentamente y se perdió en la calle. Lo primero que pensamos fue que tal vez era una persona que sufrió el trauma de la explosión y que de alguna manera anduvo caminando errante buscando a sus seres queridos, nublada su razón por el efecto del trauma. Sonaba lógico y hasta hoy es la versión que toda la familia aceptamos.
Pero el hecho es que San Juanico estaba a por lo menos 20 kilómetros de donde nosotros vivíamos y cuando esto sucedió la explosión tenía apenas unos minutos de haber ocurrido. ¿Cómo es que ésta persona se trasladó tan rápidamente? Y ¿por qué tocó a nuestra puerta? Tal vez esas sean un par de preguntas que queden sin responder...
Gracias Kruela. Un saludo a ti y a la comunidad hispanohablante que se da cita en tu página.
Rodrigo Suárez
Santiago de Querétaro, México
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