EXPERIENCIAS PERSONALES DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
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Mi perra la vió
Ana (Madrid. España)
julio 2006
Hola.
He encontrado esta página y me he animado a compartir con vosotros mi experiencia.

Hace unos años, estuve viviendo en un piso alquilado en Palma de Mallorca. Me había costado encontrar algo que alquilar, así que me puse con toda mi ilusión a limpiar y acondicionar mi piso. Por aquel entonces vivía sola a excepción de Gina, una perrita cruce de Alaskan Malamute con la que compartía todos mis ratos libres. Recuerdo haber recogido casi todo lo del anterior dueño o dueña (no sabía casi nada acerca del piso) en una habitación y cerré esa habitación. No me sentía bien al entrar ahí, así que decidí olvidarme de ella y hacer como que no existía.

Mi habitación estaba al entrar a mano izquierda, siguiendo un largo pasillo, junto al pequeño baño. Había una gran cama y un armario empotrado que me tenía francamente mosqueada. Durante el día, el armario permanecía cerrado y en orden, pero, por la mañana, cuando encendía la luz, el armario aparecía siempre con las puertas abiertas de par en par. Revisé las puertas, parecía que encajaban bien, pero al día siguiente, la misma historia.

Un día decidí invitar a una de mis compañeras de trabajo a tomar un café, pero cuando le di las indicaciones de dónde encontrar el piso, me sorprendió oirla decir que conocía el piso, porque había pertenido a su abuela, la cual había fallecido hacía poco tiempo. Bien, no he sido nunca una mujer demasiado dada al miedo y, por otra parte, era mi casa, tenía que vivir en ella, con o sin compañía... ¡qué remedio!

Mi perra pasaba sola casi todo el día, salvo el pequeño rato que yo venía a comer. Aquel día, como siempre, hice mi comida y Gina se situó junto a la puerta de la cocina, junto a una pequeña terraza, pero dentro conmigo. Como siempre, le hablaba de vez en cuando y ella movía su rabito.

Recuerdo que cogí la fregona y me puse a fregar desde la puerta de la terraza hacia detrás, con lo cual el pasillo quedaba a mi espalda. De repente, miré a la perra y la vi temblar, con los ojos fijos en la puerta detrás mío. Aún hoy siento mi vello erizarse al recordarlo. Fueron segundos, o minutos, no lo sé. No pude mirar atrás, pero sentía la presencia, y la "veía" en los ojos de mi perra aterrorizada. Era como un triángulo de horror que no tuve el valor de romper, solo intenté "unirme" a mi perra, aguantar juntas hasta que lo que estaba a pocos centímetros de mi espalda se fuese.

Y se fue, entonces me acerqué a Gina y la abracé. Nunca comenté esto con nadie, sólo muchos años después con el que hoy es mi marido. Y ahora con vosotros, claro. Un saludo.

Ana (MADRID) ESPAÑA.
 

Nota de Kruela

Gracias por animarte a compartirla con nosotros, Ana.

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