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agosto 2006 |
Hola Kruela:Mi nombre es Diego y soy de Argentina. Quiero contarte mi experiencia, y de antemano te voy a tener que pedir disculpas porque me voy a tener que extender un poco, de otro modo, los acontecimientos serían difíciles de comprender.
En enero de 2005 junto con un amigo a quien llamaremos A, nos dirigimos hacia una radio recientemente inaugurada, de la cual me habían llamado para que ocupara un espacio. Yo iba a conducir mientras que A se encargaría de la producción. Fuimos una tarde a hablar con el dueño, quien aceptó con agrado nuestra propuesta. Mientras charlábamos, comenzó a formarse una tormenta, lo extraño era que si bien las nubes se condensaron sobre la ciudad, no había vientos (una cosa que sucede a veces por esta zona, debido a que el clima está cambiando de sub-tropical a tropical). Sin embargo, se escuchaba cómo la ventana se azotaba, como si hubiera un gran viento. Miré extrañado al operador de turno y le comenté que estaba sucediendo algo muy raro, ya que no había forma alguna de que la ventana se golpeara de tal modo, sobre todo porque estábamos en una planta alta. Él sólo me sonrió y me dijo “la casa está embrujada”. Yo me lo tomé a broma, terminé mi entrevista con el dueño de a radio me fui. Diez días después, comencé con mi programa y fui conociendo al resto de las personas que trabajaban ahí, e incluso entablé amistad con una cuantas. La primer semana, se repetía con insistencia lo de la casa embrujada. A. y yo no creíamos nada, pensábamos que se trataba de una tomada de pelo, especialmente porque los operadores gastaban bromas a las chicas muy seguido. Entre las cosas que nos contaron, a parte de los casi obligatorios sonidos extraños que parecían provenir de ningún sitio, todos coincidían en que al llegar, al entrar y encarar hacia la escalera, sentían por un breve momento una presencia que los esperaba en la cúspide. Y uno de los operadores había dicho que un día, estando él solo, sintió como que lo abrazaban. A y yo seguíamos tomándonos todo a broma y no le dimos importancia, sino hasta la segunda semana.
La segunda semana, estábamos sólo mi operador, A y yo en la radio (cabe aclarar que yo ocupaba el espacio de lunes a viernes de 22 a 24 hs.). Ya era cerca de la medianoche. Yo estaba conduciendo tranquilamente mi programa y tenía a A y al operador a la vista, frente a mí, los veía claramente trabajando a través del vidrio. De pronto, presento al aire un tema (We Rock, del mítico Ronnie James Dio) y me quito los auriculares; en eso, escucho perfectamente una serie de golpes en la puerta del estudio, la cual se encontraba a mi derecha. Miré y no había nada (la puerta en cuestión y esa pared se encontraba vidriada, por cuestiones de comodidad visual). Mis compañeros estaban frente a mí y estábamos solos, imposible que ellos hubieran provocado esos sonidos. Sorprendido, salí y les comenté. Ellos sólo se encogieron de hombros y me dijeron lo evidente: ellos no habían sido. Me tomé todo con la mayor simpatía posible y dije que había sido el espectro que habitaba la radio. De esa anécdota, el espectro quedó bautizado como Ronnie James.
Las cosas siguieron su curso y comenzaron unas cuantas dificultades en la radio, a tal punto que hubo que cambiar de frecuencia. Las cosas sólo empeoraban. Misteriosamente, se rompieron los equipos de transmisión y mientras esta mala racha sucedía, los sonidos extraños no dejaban de suscitarse. Sobre todo, llamadas a la puerta efectuadas por nadie, fueron incontables las veces que oí que llamaban a la puerta y al salir a atender me encontré con la calle desierta. Pensé en lo más lógico: alguien que sólo quiere molestar y por eso llama y sale corriendo. Pero tuve que dejar de pensar esto... en una ocasión en la que iba saliendo con mi compañera M. y, estando yo a tan sólo metro y medio de la puerta, se escuchó claramente como alguien llamaba. Me estiré y abrí, la calle estaba desierta (y el edificio queda a mitad de cuadra) a unos metros, una señora estaba sentada en la puerta de su casa, era imposible que ella hubiese llamado y que hubiera corrido a sentarse ahí antes de que yo abriera la puerta, aún así, M. le preguntó si no había visto a nadie llamar a nuestra puerta, a lo que la mujer respondió que no había visto a nadie pasar por ahí en un buen rato. M y yo nos miramos confundidos y no dijimos nada.
Los problemas de toda índole en la radio siguieron dándose y el espectro Ronnie James siguió manifestándose, cada vez con más y más ímpetu. En una ocasión, incluso creo haberlo visto. Una madrugada, yo estaba en el estudio con N, quien entonces era mi novia, ella estaba sentada en mis piernas, teníamos la puerta que da al recibidor abierta, yo hablaba con N cuando de pronto vi una sombra mezclada con un destello de luz, venía del recibidor a una velocidad increíble y se metía dentro de la cabina, lo más rápido que pude, quité a N de encima mío y corrí a la cabina. No había nada. Para no incomodar a N (que es realmente una persona de lo más religiosa) decidí guardármelo para mí, al menos por el momento.
Luego de eso, las cosas se calmaron un par de semanas, así que decidí contarle al dueño de la radio lo que había sucedido esa noche. Entonces, él me contó que al día siguiente de que me pasara eso, habían llevado a una persona para hacer una “curación” de la casa, ya que los problemas eran innumerables (no sólo el espectro, sino cosas concretas y bien propias de esta realidad, pero demasiadas para sucederles todas juntas a una sola persona). El individuo que hiciera la curación dijo que las cosas ocurrían debido a un ataque deliberado contra él (contra el dueño). ¿Un trabajo de magia negra? Quizás, era probable. Pero lo que sí era seguro es que había una (o varias) persona(s) que sentían una fuerte envidia hacia el muchacho en cuestión. Y esa parecía ser la mayor barrera. Y, dado el desarrollo cronológico de los hechos, los envidiosos se salieron con la suya.
Las cosas sólo siguieron empeorando hasta que se llegó a un punto en que debimos rendirnos. Dar la radio por acabada y mudar todas las cosas, guardarlas hasta un momento más propicio para volver a la carga… mientras desarmábamos las cosas y dejábamos el edificio en condiciones para entregar las llaves (ahí alquilábamos) y tras meses de ausencia, Ronnie James comenzó a reaparecer, lentamente. En una ocasión, encontrándome solo en la radio semi vacía, los ruidos se empezaron a hacer insoportables. Yo traté de ignorarlos y puse bien alto la música (estaba escuchando Iron Maiden) y como si de magia se tratara, los ruidos cesaron.
Las cosas siguieron empeorando, los sonidos, cosas que se movían de un lugar a otro sin que nadie supiera cómo (nadie veía las cosas moverse, pero tampoco nadie admitía haberlas movido) etc. Algunas personas incluso tenían pesadillas. Yo era el menos afectado por todo esto. De hecho, sólo tuve miedo en una ocasión. Yo estaba sentado en la escalera, el dueño estaba pintando una pared en lo que solía ser el estudio y mi operador estaba en el living. De pronto, escuché pasos detrás de mí y sentí que alguien me miraba desde mis espaldas. Al principio, pensé que era uno de mis dos amigos. Me extrañó que no me hablaran, pero no me di vuelta tampoco para mirar a quien estuviese ahí. Poco a poco, comencé a inquietarme más y más. Hasta que comencé a temblar. La sangre se me estaba congelando y sentía una respiración fría en mi nuca. Me dije “esto no puede ser”. Me concentré en mi nuca y me di cuenta que no había ninguna respiración, era una cosa dolorosa, casi humillante… me paré poseído por el miedo y confirmé mis temores: no había nadie. Fui a preguntarles a mis amigos si ellos habían estado parados detrás de mí y ambos respondieron negativo. Entonces, les conté lo que me había pasado y les pedí que nos fuéramos. Me pareció lo más sensato. Ser un perfecto cobarde…
Al día siguiente, vencí mi temor y fui nuevamente a la radio, ya faltaba terminar pocas cosas para mudarnos, no podía dejar solos a mis amigos en ese momento. Sólo estábamos el dueño y yo. De pronto, los ruidos y todo lo de siempre se manifestó, nuevamente. Yo me sentía un niño indefenso, temiéndole a un pobre espectro, entonces, mi sangre congelada por el pavor, comenzó a calentarse hasta hervir, crucé la línea que divide el miedo de la ira y sólo quería poner a esa entidad en su lugar, especialmente por la humillación de la noche anterior, en la que, prácticamente, tuve que salir huyendo. De pronto, escuché patadas en la puerta al fondo. Salí a ver qué sucedía y como me lo esperaba, no había nadie. Aún así, las patadas en la puerta se escuchaban. Parecían venir desde dentro, pues esa puerta conecta el interior con el exterior y yo ya estaba fuera. Ahí sí que lo vi todo rojo y empecé a patear la puerta yo también y me llené de exclamaciones que no voy a reproducir acá, por cuestión de respeto y de que por lo que he visto hay algunos niños bastante pequeños que suelen leer estas cosas. Pateé la puerta con furia hasta que me di cuenta de que ya sólo mis golpes se escuchaban. Me calmé y volví con el jefe a contarle lo ocurrido. Luego, la entidad que llamábamos Ronnie James no volvió a manifestarse. Diez días después nos marchamos y ya nunca más volví. De eso hace ya un año. Nunca supe bien qué era lo que sucedía. ¿Había un espectro, realmente? ¿Lo que llamábamos Ronnie James era sólo una faceta del ataque que sufría el dueño de la radio? ¿Se trataba de psicosis colectiva? Misterio. Pero apreciaría mucho alguna opinión al respecto.
Me voy, pero no sin antes felicitarte por tu excelente página Kruela, que es un lindo lugar para que recorra todo aquel que ama el terror. No me creo todas las historias, pero bueh...
Tengo más cosas para contar y cuando vaya teniendo tiempo, iré enviándolas.
Un saludo desde Argentina y ojalá todo esté muy bien en tu vida.Diego.
Nota de KruelaGracias por tus palabras Diego. La verdad es que la casa parecía encantada, como bien te dijeron. Cuando se suceden distintos hechos paranormales y ocurre siempre, es por ello. Patadas en la puerta, frío en la nuca, pasos de nadie, sonidos estruendosos, cosas que se mueven de lugar, pesadillas, presencias... son cantidad suficiente como para pensar que pudiera serlo. Un montoncito de poltergeist que sólo pueden hacerlo los espíritus. Créeme que te comprendo cuando dices que saliste corriendo, pero me gusta que en un momento dado antepusieras el miedo a la ira porque hay dos formas habituales (aparte de las limpiezas) de conseguir que un fantasma se largue y te deje en paz: una es enfrentarle, la otra ignorarle. Espero tus otras historias, te agradeceré que las envíes, y gracias por el detalle de no decir los tacos que soltaste (palabras fuertes) porque efectivamente aquí entran niños de 9, 10 y 11 años.
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