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septiembre 2006 |
Hola Kruela:
Esta historia es real, se originó en Calería, perteneciente al municipio de San Andrés Tuxtla, en el estado de Veracruz, México.Eran las 11 y media de la noche de una noche de un sábado del verano del 2002, yo regresaba de la ciudad de Catemaco a casa cuando me sucedió esto. Catemaco es una pequeña ciudad que tiene fama de ser la capital mundial de la brujería, santería, hechicería, chamanería, satanismo y obviamente charlatanería, pues al haber gente que realmente tiene nexos con seres de lo oscuro también abundan quienes aprovechan la fama de la zona para lucrar con ilusos que vienen de toda la república y de otros países a hacerse las famosas "limpias". En realidad toda la región de los Tuxtlas (Santiago Tuxtla, San Andrés Tuxtla y Catemaco) es considerada como devota a estas cosas, la verdad es que no me enorgullece que sobresalgamos por esto, creo que el que la gente practique tanto la maldad mediante magia negra y blanca es lo que ocasiona que muchas veces ocurran cosas extrañas, que comúnmente se escuche a "la llorona" o que frecuentemente se escuchen historias de desapariciones aparentemente por raptos llevados a cabo por "chaneques".
Bueno, volviendo al tema, regresaba con mi tío Ambrosio en una camioneta despues de una visita a la ciudad de Catemaco, él se ofreció a llevarme a casa, pero como vivimos en lados opuestos al pueblo opté porque me dejara en la plaza central (o parque como le llamamos acá) e irme caminando a casa, que está a 300 metros de la plaza. Era una noche calurosa, había poca gente porque en mi pueblo no había alumbrado público (pues cada pueblo paga el alumbrado público por cuenta propia y las autoridades del pueblo no habían pagado la deuda a la compañía de electricidad).
Cuando ya me dirigía a casa me llamaron dos amigos (Eduardo Agustín y Andrés). Eduardo Agustín radica en el DF e hizo un viaje relámpago al pueblo aprovechando que lo mandaron comisionado a la ciudad de Veracruz. Los saludé y me platicaron que estaban allí porque en casa de Eduardo les había sucedido algo extraño: al llegar al portón de la cochera había una botella de vidrio y cuando pasaron cerca de ella ésta saltó elevándose dos metros y cayó sin romperse, pero no se alarmaron mucho, les pareció un fenómeno extraño. Lo peor ocurrió a continuación: La casa de Eduardo tenía años sin estar habitada, porque él, sus padres y hermanos se mudaron a la ciudad de México D.F. por cuestiones de trabajo, por lo cual dejaron cancelado todo contrato de agua y energía eléctrica, no había cables que estuvieran conectados a ningún poste de luz, no había paneles solares, no había nada que pudiera dar energía a la casa. Entraron a la casa y había una luz encendida en una de las habitaciones, eso era IMPOSIBLE!., y por lo mismo no les creí. Pensé que querían espantarme y pues, a mí nunca me habían pasado cosas paranormales de ese tipo, y a las cosas que me contaban siempre trataba de encontrarle explicación científica.
Después de platicar y discutir sobre el tema les dije que me iba a casa, pero a fuerzas tenía que pasar por la casa de Eduardo puesto que era el camino más corto. Ellos optaron por irse a casa, y estando cerca vi que en realidad había luz encendida, por lo cual quise verificar que no hubiera truco y les dije sin ningún temor: "Vamos a entrar". Nos dirigimos al portón de la cochera y vi la botella de la que me hablaron, yacía tirada en la calle empedrada, aún con algo de líquido, por lo cual empecé a creer lo que me habían contado.
Entramos al patio, Andrés abrió la puerta que da al patio pero yo fui el primero en entrar a la casa pues yo aún no estaba asustado, ellos me siguieron, entramos y escuché voces tenues en la recámara donde había luz, quise encender la luz de la sala, para no tropezar con algun objeto, pero para mi sorpresa, a la hora que toqué el botón de encendido se apagó la luz de la recámara, se hizo un silencio absoluto y una ráfaga de aire frío recorrió la sala. No pude evitar que toda mi piel se erizara, mi corazón se aceleró, a mis amigos se le erizaron los vellos. No aguanté ese ambiente y les dije: "Salgamos".
Salimos, mi amigo olvidó quitar las llaves, salimos corriendo y la puerta se azotó por si sola. Ya más tranquilos y tomando valor nos animamos a entrar una vez más, esta vez ninguna de las puertas quiso abrir, la llave que dejó anteriormente mi amigo no se movía para ninguno de los dos lados. Observamos por la ventana si había alguien en la recámara y no encontramos nada, yo ya no tuve valor para irme a casa, decidimos regresar a la plaza, y yo tenía miedo de irme a la mía, quería ganar tiempo y esperar que amaneciera, eran ya la 1 de la madrugada. Estuvimos platicando un rato más, y cerca de las 4 A. M, pasó un amigo vecino mío de nombre Vidal que regresaba de una fiesta, y decidí irme a casa junto con él pues vive en frente de donde vivo. Le conté lo sucedido y sólo me creyó porque vio que cuando pasábamos la luz se encendió, yo me aterré, sentía náuseas, contuve las ganas de vomitar, en mi mente oré y seguí camino a casa. Tardé varias semanas sin olvidar eso, ya no quería salir en las noches pero poco a poco lo fui superando.
Hay otras dos historias relacionadas con esa misma casa, pero se las contaré luego. Adios.
Nota de KruelaEspero que te animes a contarlas Manuel. Gracias por enviar esta.
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