EXPERIENCIAS PERSONALES DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
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Posesión en un retiro espiritual
Alberto Peña (México)
septiembre 2006
Kruela, antes de iniciar mi relato quiero agradecer el espacio que ofreces para platicar un poco acerca de los eventos que no podemos explicar. He estado horas en las noches leyendo las diversas historias y me da gusto poder ver algunas que han sido clave en mi juventud, tales como la de la Calle de Aramberri, la de la Casa de los Tubos, todas en Monterrey, Nuevo León.

La historia que te quiero contar es cuando pude ver mi primera posesión.

Desafortunadamente no fue mi única experiencia, pero sí la más impactante debido a mi corta edad. Cuando era adolescente, inocente y católico, contribuía en los retiros espirituales que la Iglesia Católica, antes de que me fuera prohibido participar en ellos.

La estructura de estos retiros no la puedo platicar debido a que es material considerado como privado, pero consistían en un fin de semana en el que los adolescentes salían de sus hogares y eran alojados en una casa que alguien de la comunidad podía proveer. O en algunos casos, aquella que fuera de un precio accesible para los organizadores. Este fue el caso de la situación que te voy a narrar.

El retiro espiritual fue en un rancho algo alejado de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, en México. En la antiguo camino a Allende hay una serie de pequeños pueblos que tienen nombres que uno no podría recordar. Fue ahí donde se consiguió el rancho. Ninguno de los organizadores sabía dónde estaba y asistimos al lugar sin conocimiento previo de a qué nos enfrentábamos. Desde que llegamos el viernes tuve una sensación de intranquilidad pero debido a la emoción de ser organizador del retiro pude ignorar lo que pasaba. Además, en ese entonces todavía no desarrollaba las facultades que ahora me permiten detectar muchas cosas que suceden en el ambiente.

El retiro salió como planeado, el viernes transcurrió sin eventualidades y el sábado todo mundo fue feliz. Hasta que llegó la noche. Esta es una narración acerca del punto de vista católico de cómo suceden las cosas.

El sábado en la noche es cuando la estructura del retiro pide que se realice el sacramento de la reconciliación. Un sacerdote católico practica el ritual llamado Imposición de Manos. Este ritual es cuando el sacerdote realiza una confesión y te perdona los pecados. Después, pone sus manos encima de tu cabeza sin tocarte y el alma de la persona momentáneamente sale del cuerpo para ser purificada por el Espíritu Santo. En muchas ocasiones la persona pierde control de su cuerpo físico y termina inerte en el piso hasta que el alma regresa.

Es en ese momento en el que ciertos dones se derraman en la persona. Estos dones pueden variar mucho, desde el don de la alegría, el de interpretación o el don de lenguas (que es básicamente el don de decir oraciones y plegarias a Dios en lenguas muertas). Ciertas personas que reciben el don de lenguas y es muy impactante porque hablan idiomas que nunca ha escuchado en su vida. Pero todo es parte del ritual y se agradece a Dios tantas bendiciones.

El ritual debe de ser realizado en un lugar que haya sido santificado o purificado previamente para que no sucedan incidentes. El cuerpo de la persona está en riesgo de ser poseído por un tercero si no se tiene cuidado en el lugar en que se realiza el ritual.

Esto fue lo que pasó en el retiro.

Todos los participantes fueron parte del ritual uno por uno. Todo transcurría como esperado, hasta que una de las muchachas empezó a experimentar el don de lenguas. Los organizadores estaban emocionados porque es una bendición muy especial. El sacerdote terminó con cada uno, dio gracias y se retiró del lugar. Pero la muchacha no dejaba de hablar en lenguas.

Los coordinadores empezaron a hacer cantos de gratitud a Dios por lo experimentado. Pero la muchacha no dejaba de hablar en lenguas. Se notaba que esto le estaba preocupando y la sensación placentera se había perdido. Sus ojos empezaron a mostrar el temor de que no controlaba lo que estaba pasando y todos los participantes del retiro se estaban dando cuenta. El miedo se propagó de inmediato.

La tuvimos que llevar a la capilla improvisada donde se tenía el Santísimo guardado. Fuimos cinco los coordinadores que empezamos a hacer oración para que lo que ella tenía desapareciera. Fue cuando la voz de la muchacha cambió. Ya no era ella la que hablaba en lenguas, sino era la voz intermitente de un hombre el que hablaba.

Empezamos a rezar el rosario y todos desde la distancia, sin tocarla, pusimos las manos sobre su cabeza. La muchacha peleaba por decir los Aves Marías, pero su voz se perdía y entraba la voz agresiva y aguardentosa de un hombre que no la dejaba en paz. Las lágrimas de la muchacha corrían porque no podía dejar de hablar.

En ese momento cerré los ojos y le pedí a Dios que nos ayudara. Fue cuando sentí que mis manos se quemaban cuando las apuntaba hacia la cabeza de la muchacha. Pero proseguí, el calor era soportable. Una compañera que estaba haciendo oración por el esfuerzo se desvaneció y con ella mis fuerzas menguaban también. Ella era la más fuerte del grupo en el poder de la oración, pero la más débil físicamente. La tuvieron que sacar de la capilla.

No me atrevía a abrir los ojos. Y fue cuando volteé a ver a mi amiga tendida en el piso cuando pude ver en la ventana, tres figuras, muy difuminadas de hombres. Sonreían, pero no por apoyo hacia nosotros, sino por gusto de ver cómo no podíamos hacer nada. Cuando quise hablar me di cuenta de que las figuras eran turbias y no podía verlas con claridad. Aún no sé si estaba alucinando o realmente estaban ahí. Ninguno de mis compañeros me dijo en el momento que las vieron. Sólo mi amiga que se desvaneció recuerda haberlas visto, justo antes de desmayarse.

Uno escucha que en los casos de posesiones la voz de la gente cambia. Es impresionante oír los gruñidos de un hombre, gruñidos más cercanos a un perro que a un hombre emanar de una figura femenina tan menuda. Todavía recuerdo la voz y me pone a temblar un poco. Estuvimos un par de horas más hasta que conseguimos expulsar a lo que poseía a la muchacha. Todos estábamos exhaustos y vencidos, pero lo logramos.

Después de terminado el retiro, investigamos el origen de la casa. Fue rentada después de que fue compraba por uno de los miembros de la comunidad parroquial. Esa casa estuvo abandonada por muchos años y era refugio de drogadictos. Fue testigo de muchos pleitos de pandilleros y en ocasiones esas peleas terminaban con sangre. El sacerdote y equipo encargado fue poco cauteloso al momento de purificar el lugar.

Esa experiencia fue la que más miedo me dio en el momento. He podido presenciar una gran cantidad de eventos paranormales, pero ahora sé que muchas cosas las podemos controlar y nos podemos defender, pero esta primera experiencia fue hace más de una década y yo era todavía un adolescente.

Espero haya sido de su agrado y no miento ni exagero al momento de contarles. No puedo dar detalles porque no me corresponde hablar de gente que estuvo involucrada.
 

Nota de Kruela

Alberto, para ser un retiro espiritual católico tiene un tufo a secta que escandaliza. Me alegra que te retiraran de allí, no veo sano nada de lo que he leído. Te agradezco muchísimo que, sin llegar a dar más detalles, hayas podido explicarnos cómo sucedió todo. Es escalofriante, pero también lo es que se hagan este tipo de rituales.

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