EXPERIENCIAS PERSONALES DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
Un ángel de la guarda familiar
Fabio Idrovo (Quito. Ecuador)
Hola, siempre me dedico a recopilar historietas de todos mis amigos y familiares, sobre cosas que ellos no han podido O NO DESEAN EXPLICAR. Esta es una de mis favoritas.

Mi abuelo era un hombre muy trabajador, de esos que saben hacer de todo para vivir. En cierta ocasión tuvo problemas con un tipo muy peligroso, y dado que les hablo de los años 30 en un pueblo sin Dios ni ley, la situación si era un tanto compleja.

Eran las 4 de la madrugada, mi abuelo Domingo (ése era su nombre) se levantó para ir al molino del pueblo, él era muy devoto de las "almas del purgatorio" como solía llamarlas, y siempre hacía una oración buscando su ayuda. Salió, despidiéndose de mi abuela Rosa y empezó a caminar. No muy lejos de casa, vió a lo lejos a este tipo, todo el mundo sabía que eran dos los que habían muerto por su mano. Mi abuelo supo entonces que estaba perdido, seguramente la imagen de sus hijos y de su esposa llegaron a su mente invadiéndolo de angustia...

- Buenos días, Domingo, ¿cómo estás? - escuchó mi abuelo justo sobre su hombro.
- Vaya, casi me matas de susto Roberto -dijo mientras se volteaba con rapidez.
Roberto era el primo de mi abuela, casi de inmediato mi abuelo sintió un alivio que yo no podría describirlo y también un poco de curiosidad malsana, ¿qué estaba haciendo allí Roberto?.

- ¿Adónde vas Domingo?
- Voy al molino, ¿puedes acompañarme?
- Claro que puedo, y si quieres al regreso, te espero fuera para volver a tu casa.
Dios mío, pensó mi abuelo, ¿donde está el otro?, ya no estaba, qué alivio, entre dos tendrían más oportunidad de defenderse.
- Gracias- replicó mi abuelo y se fueron conversando hacia el molino.

A las 6, salió mi abuelo y efectivamente encontró a Roberto en la puerta, regresaron a casa y al despedirse Roberto dijo:
- Por favor Domingo, saluda mucho a mi prima Rosita- se dio la vuelta y se fue.
 

- ¿Cómo estuvo el trabajo?- preguntó mi abuela,
- Lo de siempre Rosita, lo de siempre, por cierto, Roberto me acompañó hasta la entrada, él te manda saludos.

La expresión de mi abuela debió ser casi mortal, ella estaba pálida e incrédulamente preguntó:
- ¿Cuál Roberto?
- Pues tu primo, mujer- respondió mi abuelo.
- Domingo -dijo ella- ¿no recuerdas? Roberto murió hace 3 años.

Tengo otras historias más, espero que les haya gustado.


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