EXPERIENCIAS PERSONALES DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
Sesión espiritista con la ouija y la moneda
Angel Muñoz (Bilbao. España)
A continuación os voy a relatar lo que me sucedió un día: el primero en el que hacía la ouija.

Estábamos en clase unas 10 personas. Todos teníamos alrededor de 16 años. En la clase de religión estuvimos haciendo una especie de debate sobre la ouija, espíritus y todo eso. Nos picamos tanto que decidimos hacer la ouija. Cogimos un papel y pusimos el alfabeto con los números del 0 al 9, un Si, un No y un círculo donde colocaríamos el master, que en este caso sería una moneda de duro de las de antes.

Había un montón de gente en clase dando vueltas por ahí, así que no había ni pizca de concentración. El caso es que nos pusimos a hacerla cuatro personas con más gente mirando. Había mucho cachondeo en el ambiente. Pusimos la moneda en el centro. Estuvimos esperando un buen rato. Pero allí no ocurría nada.

La gente se iba yendo hacia el aula donde les tocaba dar clase en la siguiente hora. Cada vez quedábamos menos. De los que la estábamos haciendo también se tenía que ir gente así que cogieron y se largaron. Cuando levantamos la moneda había una marca del diámetro de ésta sobre el papel. Creímos que fue pura casualidad.

Nos quedamos en el aula donde estábamos de nuevo unas 10 personas. Nos impactaba que un profesor tan puntual llegase tarde. Supusimos que no venía y cerramos la puerta para que no viniese el de guardia. Nos picó tanto la curiosidad que decidimos volver a hacerla pero ahora mejor. La anterior la rompimos y la moneda la tiramos por la ventana.

Cogimos un folio y escribimos las letras en la parte de arriba, la inferior y el margen derecho del folio. Los números en la parte izquierda. Luego volvimos a poner un si y un no, y el famoso círculo del master que esta vez lo ocuparía una moneda de 100 pesetas de las de antes.

Bajamos todas las persianas y nos pusimos al lado de una ventana. Yo estaba sentado de tal forma que detrás me quedaba la pared, y casi no había espacio para mover la silla. Luego se pusieron enfrente mío y a mis lados sentados en una mesa los otros participantes. Éramos 4 en total que la estábamos haciendo, de los cuales dos personas creíamos y las otras dos no creían. El resto de gente que estaba mirando tampoco creía mucho que se pueda decir.

Enfrente mío tenía a Javi. A mi izquierda a Nuria y a mi derecha a Juan. Pusimos los cuatro el dedo encima de la moneda y dije:
- Si hay alguien ahí, que dé alguna señal

La moneda no se movía. Pasados dos minutos alguien empezó a moverla. Y yo dije que quién la movía. Nadie por lo visto lo hacía. Pero iba muy lenta, y no iba a ningún sitio. El caso es que la gente ya empezaba a preguntar cosas. Pero iba muy lenta.

Como yo sabía que alguien la estaba moviendo, propuse un “juego”. Cada “jugador” debería mirar al de enfrente; así el “tablero” quedaría fuera de nuestra vista. Nos miramos de dos en dos y le dije a uno de los que estaban mirando que dijese un número. Dijo el 5. Y yo dije:
- Si hay alguien ahí que se vaya al número 5

La moneda parecía que se movía, pero estaba quieta. Pero de repente notamos que se movía algo más rápido que antes. Se iba hacia la parte superior del folio donde estaban las letras. Los números estaban en la izquierda así que si alguien la estaba moviendo lo hacía muy mal.

Pero se frenó en una letra.
Todos miramos ahora para abajo. La letra era la E. No tenía sentido que alguien la hubiese movido hacia allí. Hasta que Javi dijo:
- La E es la quinta letra del abecedario

Nos quedamos paralizados. No había ido directamente al número, sino que hablaba en clave.

Ahora la gente sí que empezaba a preguntar cosas, y ponían caras raras viendo que se las adivinaba. Y llegó mi turno. Hasta que no te toca a ti no sabes si es real o no lo que le está pasando al resto de amigos. Pero era real.

La pregunta que formulé era muy difícil de responder si no sabías la respuesta. De hecho muy poca gente conocía la respuesta.

Yo soy pianista, y las obras de los músicos de dividen en opus. Pues bien pregunté cuál era el opus de un nocturno de Chopin que yo tocaba. La gente me miraba como si hubiera preguntado a saber qué.

La obra de Chopin es muy extensa y el nocturno no es uno de los más conocidos. Daba por hecho que nadie lo sabía. Es más, seguramente pianistas de prestigio tampoco lo sepan ya que además de que Chopin tiene 15 nocturnos compuestos, ¿quién sabía los opus de Chopin?

Bueno, creo que he dejado bastante claro que era casi imposible que nadie supiese la respuesta. Yo lancé la pregunta. Y la moneda se movía. He de decir que el opus es el 72.

Empezó a moverse hacia los números. Y se fue al 7. Yo, con miedo en el cuerpo dije:
- ¿Quién es el que la está moviendo?, porque ha fallado.

Yo intentaba por todos los medios que si alguien la movía desistiese del intento. Pero nadie respondió y la moneda siguió moviéndose, esta vez hacía la B. Y si utilizamos el código anterior, ese es el número 2.

Me lo había dicho. Y nadie lo podía saber.
Yo quería abandonar el juego. Pero al preguntar si me podía ir la moneda iba hacia el NO.
Yo la intentaba arrastrar hacia el SÍ, pero era imposible.
Así que si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma. Y así fue. Levanté el dedo y me fui de clase. Por cierto que al estar tan pegado a la pared casi no me podía mover y a poco más me caigo al suelo al salir corriendo.

Pues cuando salí los de mi clase gritaban:
- ¡No te vayas!

Yo giré la cabeza hacía la ouija y la moneda se movía de una manera vertiginosa. Era imposible que alguien la estuviese moviendo. Y se iba a los números. Números que iban siendo retransmitidos. Y si los unías daban el número de mi DNI.

Al instante, otro de los que estábamos haciendo la ouija se levantó y salió corriendo de clase igual que yo.
Los otros decidieron cerrar la sesión. Y les dejó salir.
 

Esta es mi única experiencia con la ouija. Y tengo ganas de volver a hacerla. Pero como médium de la experiencia. No la quiero hacer como un juego, sino como instrumento de contacto con seres del otro lado.

Poseo una serie de poderes que me revelan que puedo ser capaz de dirigir una sesión tranquilamente, aunque no creo que la haga.

Espero que les haya gustado mi experiencia. Y recuerden, yo tuve suerte y no me pasó nada. El espíritu sería de los blancos, me imagino. Así que si practicáis la ouija no hacerla como un juego, sino como algo más serio, ya que las historias que cuenta la gente son reales aunque no las creáis. Tenerlo por seguro.

Un saludo a todos desde Bilbao, España.


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