EXPERIENCIAS PERSONALES DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
Secreto de familia
Ady (San Luis Potosí. México)
Hola Kruela, hace mucho que no escribía para la habitación del terror, espero que te gusté mi historia.

Mi familia lleva uno de los apellidos más importantes en México, si alguno de nosotros encuentra en todo el país alguien con el mismo apellido, seguro es pariente lejano. Mi historia se trata de esta familia, de un secreto que descubrí cuando yo tenía la edad de 14 años.

Mi padre siempre fue un hombre muy apegado a su familia, pero no a la familia que formó con mi mamá, sino más bien a su familia de nacimiento. Cuando mis padres se casaron fueron a vivir un tiempo a casa de mis abuelos paternos, mi madre me cuenta que hablaban siempre de un dinero enterrado, de herencias y de montones de monedas de oro que guardaba en su interior una casa vieja y abandonada que se encontraba en el mismo estado donde ellos vivían.

Yo nunca supe nada de ese dinero, o de la herencia ni de nada, mi padre nunca vivió con nosotros, él vivió casi toda su vida en los Estados Unidos; como muchos mexicanos había ido en busca del sueño americano y así poder dar una mejor vida a sus hijos y esposa.

Un día mi padre vino a visitarnos, era un domingo del mes de mayo del año 1994; cuando él llegó en la mañana de su largo viaje de casi dos días por carretera, nos pidió a todos que nos vistiéramos y que nos preparáramos porque saldríamos al estado donde él había nacido. Así lo hicimos, y salimos de San Luis Potosí como a eso de las 10 de la mañana. Yo no entendía cuál era la prisa por ir a aquel lugar, pero no me importó pues tenía ganas de ver a mis primos. Llegamos a aquel estado, pero no llegamos a la casa a donde acostumbrábamos llegar, sino más bien esa vez recorrimos un poco más de camino, hasta que paramos en un pueblito muy pequeño que estaba casi abandonado, sólo se veía a lo lejos unas cuantas personas, todo estaba casi en la desolación, quieto, sin ruido, no había ni siquiera algún rastro de animales. Caminamos sobre un puente, debajo había un río grandísimo lleno completamente de lirio, tenía más bien un aspecto pantanoso.

Después de caminar un rato, llegamos por fin a una casa enorme, era muy hermosa, pero estaba sin duda descuidada, se notaba que desde hacía mucho tiempo nadie pasaba una escoba por aquel lugar, las hojas de los árboles formaban una alfombra gigantesca que nos cubría casi hasta las rodillas, había ramas tiradas por doquier, el jardín estaba seco, nadie se había tomado la molestia de regar aquellas flores, y la lluvia no había sido medio suficiente de sobreviviencia.

Al llegar al pasillo que nos conduciría a la entrada de aquella enorme casa, los árboles que estaban al lado de esa vereda, juntaban sus copas en lo más alto formando un arco, el sol se reflejaba en las hojas y las ramas a su vez formaban destellos de luz que se reflejaban en las paredes sucias y descuidadas de aquella gran mansión.

Todo era mágico, yo estaba realmente encantada con aquella belleza, nunca en mi vida yo había visto algo que me gustara tanto como aquello. Cuando entramos a la vieja casona, nos encontramos con la sorpresa de que no estábamos del todo solos. Sentado, sobre uno de los sillones lleno de polvo, estaba un hermano de mi padre, fumando un cigarro y con la pierna cruzada, nos estaba esperando.

En cuanto llegó mi padre, se encerraron en una salita que estaba junto al recibidor, yo no podía creer lo que veía, todo era perfecto, antiguo, todo estaba en su lugar, había polvo y telarañas por dondequiera, pero aún así era un lugar maravilloso, silencioso, tenía un olor muy particular, el piso era completamente de madera, crujía con cada paso que uno daba, como si de pronto la madera se fuera a romper.
 

Mi tío y mi papá tardaban mucho en salir, los que estábamos esperando sólo oíamos gritos, luego risas y más gritos, mi mamá y mi hermana se aburrieron de esperar y decidieron salir al jardín y al patio trasero, yo no quise acompañarlas, yo quería seguir viendo las pinturas, las piezas de cerámica, todo era fantástico, cada parte de la casa guardaba un pedazo de historia, la cocina, era grandísima, el comedor tenía en su mesa, como si el tiempo no hubiese pasado nunca, la vajilla lista y puesta sobre ella, los cubiertos perfectamente acomodados a los lados de los platos, y las copas listas para ser llenadas del mas exquisito vino, pareciera como si el tiempo hubiera detenido su marcha dentro de aquella vieja casa. Todo estaba intacto, como si alguien hacía muchos años hubiera salido dejando algo pendiente y ya nunca hubiera regresado.

Cada vez que entraba a una habitación quedaba más encantada con lo que veía, y quería ver más, sentía la necesidad de descubrir más de ese lugar, había fotografías de gente, yo inmediatamente imaginé que eran fotografías de las personas que en un tiempo habían habitado esa casa. Recorrí todas y cada una de las habitaciones de la parte de arriba y todas las de abajo, y entonces al final de la casa donde termina la planta baja, noté que había un pasillo muy estrecho justo a un lado de las escaleras; no era un pasillo oscuro, pero no conducía a ningún lado, solo a mitad del pasillo había una puerta de madera, pensé que era un baño, giré la perilla y la puerta se abrió, pero detrás de ese puerta había otro pasillo más largo, lleno de puertas, pensé entonces que aquel lugar era destinado para los cuartos de los sirvientes, no sentí miedo, ni pavor, estaba más bien emocionada.

Me aventuré a seguir por aquel pasillo, abrí la primer puerta que se encontraba como a 5 metros desde donde yo había entrado, y detrás de esa puerta había unas escaleras que iban hacia abajo, como a un sótano; se veía oscuro y la verdad... no me atreví a seguir. Decidí ver qué había detrás de las otras puertas, todas tenían lo mismo, escaleras, algunas subían y otras bajaban, me parecía raro, fue entonces que recordé algo que me había contado mi mamá cuando yo era pequeña: ella decía que las casas antiguas tenían como un tipo de pasadizos secretos para que las personas pudieran esconder sus bienes y a ellos mismos en tiempos de guerra.

Era realmente emocionante encontrarme en esa parte de la casa, la casa estaba conectada por escaleras que llevaban a ciertos puntos de la mansión, era casi increíble, era como estar en una película, pues para mí ese tipo de cosas sólo pasaba en las cintas extranjeras de ficción. Sí que estaba contenta de estar en aquel lugar. De pronto escuché las voces de mi papá y de mi tío que se acercaban, era seguro que se dirigían a donde yo estaba; guardé silencio un momento y escondida detrás de una de las puertas observé qué era lo que hacían: entraron a la primera puerta que yo había abierto y empezaron a bajar por las escaleras, mi tío llevaba una linterna, y yo -como toda adolescente curiosa- decidí seguirlos, nada malo podía pasar, después de todo mi padre y mi tío iban también.

Al terminar de bajar las escaleras, había una puerta de barrotes y en seguida como un túnel de piedra, mi tío iba diciéndole a mi papá que ahora era el momento de recuperar todo el dinero que se les había robado tiempo atrás, yo seguía sin entender a qué se debía que estuviéramos en esa casa, de cuál dinero hablaban, no tenía la menor idea. Mi padre asintió con la cabeza, y seguimos por ese túnel. Ellos iban como unos 6 metros delante de mí, yo trataba de que no me vieran, pues sabía que si mi padre me pillaba, no podía esperar menos que una buena tunda por desobedecerlo.

Ese túnel era demasiado largo, estaba húmedo y frío, olía mal, como a podrido, al final había una puerta cerrada con una cantidad increíble de candados, mi tío empezó a abrir uno por uno, me pareció una eternidad el tiempo que se tardó, mientras buscaba las llaves que correspondían a cada candado y los abría, mi tío le decía a mi padre, que él quería compartir con él su riqueza, puesto que mi padre era su hermano predilecto, al que más quería.

Mi padre no hablaba, sólo lo escuchaba, y de vez en cuando movía la cabeza para asentir o negar algo, fue de pronto y sin que nadie lo pidiera que mi tío empezó a explicar el motivo de aquel encuentro, recuerdo que dijo algo así: “ahora es tiempo de recuperar lo que hace mucho tiempo nuestra familia perdió, recuerda que llevamos sangre española por nuestras venas, y lo que nuestros ancestros hicieron fue sólo proteger los intereses de nuestro apellido, estas gentes nos robaron primero, nosotros sólo recuperamos nuestro tesoro.”

Por fin se abrió la bendita puerta, y efectivamente aquello era un tesoro, lo más increíble que una chica de 14 años podía ver, no entendía lo que pasaba, sólo veía dinero y más dinero, barras de oro, figurillas pequeñas y grandes de oro también, papeles -no sé si eran escrituras o testamentos-, joyas, pinturas..., era algo impresionante, pero lo que borró la sonrisa de mi padre y la mía también fue ver sobre un rincón de aquella habitación 5 esqueletos humanos recostados sobre el piso, uno tras otro, como si alguien los hubiera acomodado o como si ellos mismos se hubiesen puesto así antes de morir.

Mi padre preguntó horrorizado qué significaban aquellos esqueletos, por qué estaban ahí..., mi tío muy tranquilo le contestó que cuando los españoles del mismo apellido nuestro llegaron a México, venían cargados de tesoros y gran cantidad de dinero, buscaron un sitio tranquilo para establecerse, así llegaron al estado donde mi padre y mi madre nacieron. Con el paso del tiempo la riqueza de estas personas iba en aumento, los hombres españoles se casaron con mujeres mexicanas, y las mujeres españolas, con hombres mexicanos, de este modo fue creciendo la familia, y varios decidieron dejar ese estado y establecerse en otros, así el apellido, se fue extendiendo por todo lo ancho del país. Los que se quedaron en el estado de origen construyeron esa casona, tal y como yo la ví, con grandes muros, con pasillos secretos, con sótano y ático, tenían poder y eran inmensamente adinerados, hasta que un día por una cosa de juego y borrachera, perdieron esa casa.

Todo el dinero que tenían se quedó en la bóveda, la familia que pasó a ocupar esa casa, era una familia de clase más o menos acomodada: eran 5 personas, el padre, la madre, dos hijas y un hijo. Cuando empezó la revolución mexicana, los saqueos y las redadas estaban a la orden del día, las personas que habían tenido todo y lo habían perdido todo de la noche a la mañana decidieron recuperar lo que según ellos era suyo, entraron a esa casa en la noche, en medio de la confusión de la guerra, violaron a las mujeres y golpearon a los hombres, los torturaron lo que quisieron y por haber deseado su dinero y por haberlo robado, los encerraron en la bóveda junto con todo el tesoro, y nunca los dejaron salir. Así murieron esas personas, sin alimento, sin agua, sin ver la luz del sol, nunca nadie se preocupó por buscar a la familia, nadie se interesó en saber de ellos, no me quiero imaginar lo que han de haber sufrido.

Desde esa noche, la casa permaneció cerrada y casi en el olvido, de vez en cuando alguien iba y visitaba la casa, sólo por momentos. El dinero no lo sacaron inmediatamente, decidieron dejarlo ahí, para no levantar sospechas, por un tiempo. Se olvidaron de la casa, del dinero, de todo, la casa volvió a ser de los antiguos dueños asesinos, y todo casi todo el pueblo también paso a ser propiedad de ellos.

Pasó el tiempo, y antes de morir cada jefe de cada familia decidió que el dinero fuera sacado por los primogénitos de cada familia de su tercera generación, con la condición de que hubieran nacido y vivido por lo menos hasta la edad de 25 años en ese mismo estado.

Y así fue, durante mucho tiempo se había planeado con detenimiento cómo sacar el dinero, y qué se haría con la casa y con las cosas que había dentro de ella, pero siempre por una razón u otra no se podía llevar acabo lo que planeaban. Así, un día entre todos los primogénitos que en total eran 10 entre los que se iba a repartir la herencia, decidieron que mi tío, por ser el que menos actividades tenía, sacara el dinero y después los buscara para decidir qué hacer con él y cómo repartirlo.

Mi tío buscó a mi papá para que le ayudara, prometiéndole a cambio una buena parte del dinero. No fue hasta ese año de 1994, que mi padre decidió viajar casi dos días para ver de qué se trataba todo aquel plan. Nunca olvidaré la cara de rabia de mi padre, cuando mi tío terminó de contarle la razón por la que esos esqueletos estaban ahí. Mi padre le dijo que se sentía avergonzado de tener un hermano como él, que se sintiera conforme con obtener dinero que era producto de un asesinato múltiple. En ese momento supe que era tiempo de retirarme de donde yo estaba, subí las escaleras, crucé el pasillo y seguí caminando hasta llegar a la puerta, me encaminé hasta la reja de la entrada y no podía apartar de mi mente lo que yo había descubierto, me sentí por un momento apenada por portar un apellido tan sucio, pero de pronto recordé la actitud de mi padre y entonces pensé que por él, bien valía la pena tenerlo con orgullo.

Mi padre salió de la casa muy enojado, se le veía en la cara, nos regresamos a casa y en todo el camino no pronunció ninguna palabra, yo tampoco. Mi mamá venía molesta diciéndole que si no estaba a gusto que entonces para qué nos había llevado con él. Mi mamá ni siquiera sabía lo que había pasado y ella iba imaginándose cosas tontas, cosas de mujeres.
 

Mi padre no habló con mi tío en muchos años, eso corto la relación tan estrecha que durante más de 50 años habían tenido. Tiempo después, supimos que habían derribado la vieja casa, y que habían sacado todo lo que tenía dentro. Mi tío regresó a Estados Unidos e inmediatamente puso un negocio propio. Mi papá y yo sabíamos cómo lo había logrado, todos los demás pensaban que había sido por méritos propios, pero él mismo sabe que no fue así.

Mi padre ya murió hace algunos años, a veces pienso qué hubiera pasado si mi padre hubiera aceptado ese trato, no sé si mi concepto de él hubiese cambiado. Yo nunca tuve la oportunidad de estar con él como yo quisiera, perdimos mucho tiempo, pero lo que hizo ese día me ha enseñado a ser una mujer completa y honesta conmigo misma, quizá, nunca pude decirle cuánto lo amaba, pero la enseñanza que me dejó ha sido punto de partida de mi vida. Sé que no fuimos tan adinerados como mi padre hubiera querido, pero al menos nunca nos faltó nada, y de vez en cuando, tuvimos la oportunidad de darnos uno que otro gusto, y todo eso sin tener que atribuirlo a muertes o asesinatos o a hechos desagradables.

Ady (San Luis Potosí, México)
 

Nota de Kruela

Felicidades por ese padre tan honesto que tuviste, Ady. :*
 

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Sandra Richer (Monterrey. México)
¡Hola Ady! Con todo respeto y no te ofendas pero tu experiencia parece una novela de historia mexicana. No entiendo cómo es que tú dices que tienes uno de los apellidos "más importantes" de México, y entonces dices que no tienes una herencia o algo por el estilo (no eres persona adinerada y aún más que tu papá QEPD se haya tenido que ir a U.S.A para hacer dinero o seguir el "sueño americano") Apellidos más importantes de México, como son por ejemplo los dueños de VITRO, CEMEX, GAMESA, HYLSA, MASECA, etc. (que por no meterme en problemas no menciono directamente sus apellidos) no creo que tengan que seguir un sueño americano. ¡Pero en fin! espero no me tomes a mal mi comentario, te doy mi voto porque está muy bien argumentada tu historia... me queda otra pregunta, ¿por qué siendo tan honrados no denunciaron el asesinato que cometió tu tío? ¡Saludos y un beso Ady!
Sandra Richer, Monterrey, México.
P.D.FELICIDADES por tu pagina Kruela.

Nota de Kruela: Los apellidos importantes de una nación o región no tienen por qué siempre ser los actuales. De hecho algunos fueron importantísimos y terminaron cayendo en desgracia, con lo cual dejan de ser uno de esos apellidos importantes actuales y tienen que buscarse las lentejas fuera del país. Es mi opinión :) y quien te lo dice tiene un apellido que en cierta época fue muy importante en su ciudad y fuera de ella -hasta tal punto que la muerte del cabeza de la gran familia apareció en periódicos porque se trató de un asesinato para quitarle el poder, y toda la familia estaba repartida en los mejores puestos de las instituciones más importantes- (pero no tiene por qué serlo siempre, el apellido conocido, digo). Mi tio me mostró los viejos periódicos de aquel asesinato de mi -no recuerdo si era bisabuelo o tatarabuelo- y me quedé de piedra viendo lo conocido que era.

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