EXPERIENCIAS PERSONALES DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
Remordimientos
Ady (San Luis Potosí. México)
Todo comenzó poco antes de que mi tía muriera. De pronto, empezaron a suceder cosas graciosas en la casa (o al menos eso fue lo que pensé ). Un día en la mañana mi esposo estaba buscando su gorra para irse al trabajo pues estaba lloviendo, la buscamos por todas partes y no la pudimos encontrar. Al cabo de un rato, me puse a doblar nuestra ropa y acomodarla en el closet. Puse unas playeras de mi esposo en el estand y dejé la puerta abierta del closet para ir por más.... y cuando me di la vuelta para volver a guardar más ropa... la gorra de mi esposo estaba justo ahí sobre la que yo acababa de dejar. No le tomé mucha importancia... ni siquiera me causó la más mínima curiosidad. Algunos días después, un miércoles, para ser precisa, mi marido estaba durmiendo en la recámara - pues le había tocado trabajar un turno en la noche-, yo estaba sola en la planta de abajo y me dediqué a guardar juguetes de mi hija que tenía por ahí regados. Salí al patio y me di cuenta de que el boiler o calentador de agua estaba prendido. Se me hizo un poco raro, pues mi marido no había bajado para nada, y como dije anteriormente, yo estaba sola en la planta baja. De todas maneras... y con el afán de no asustarme creí que mi esposo había bajado en algún momento en que yo estaba distraída. Subí con él, y me costó mucho trabajo despertarlo... cuando abrió los ojos, le dije que el agua ya estaba caliente, que ya podía meterse a bañar... y me quedé callada, pues me respondió que él no iba a bañarse hasta en la noche pues tenía mucho sueño y estaba cansado. Todavía, queriendo encontrar una respuesta lógica... le pregunté si él había bajado... y me contestó que NO, que ni siquiera se había levantado para ir al baño.
 

Ese día, mi hermano llegó de improvisto y me comentó que nuestra tía estaba muy enferma en el hospital... que ya no daban esperanzas de recuperación, ya sólo estaban esperando a que sucediera lo inevitable. Yo me sentí muy triste, ¿quién no recibe una noticia de esta índole con tristeza?

Ella tenía diabetes, no recuerdo exactamente cuándo se le desarrolló la enfermedad, pero me acuerdo que fue hace muchos años. Primero empezó a tener problemas con la vista... se trató, fue con médicos aquí y allá... siempre trató de luchar. Al cabo de un tiempo perdió la vista totalmente: quedó ciega. Luego, a raíz de su ceguera, sufrió una caída que la lastimó severamente, debo decir que mi mamá estuvo con ella en cada momento, a veces era difícil para ella visitarla, pero su apoyo estuvo ahí. Mi tía dejó de caminar... y a partir de ese momento, pasó todos los años crueles y despiadados de su enfermedad en una cama, sin moverse, sin salir, sin nada. Perdió la noción de los días... de las cosas. No sabía si era de noche o día, si llovía, si había sol, si era verano o navidad. Por su falta de movimiento, le tuvieron que amputar un pie... el corte fue desde la rodilla.

Mi mamá hablaba de vez en cuando por teléfono con ella. Al principio era como si nada hubiese pasado, mi tía reía, platicaba de sus cosas, se animaba cuando sabía que mi mamá estaba al teléfono. Pero, de pronto, las pláticas fueron distintas, mi tía... olvidaba las cosas, decía que iba a tal o cual lugar... cuando ya ni siquiera podía sentarse en su propia cama. Aseguraba que veía las cosas y hasta describía el color y de qué estaban hechas. ¡Dios mío! ¡qué duro debe ser perder la vista! ¡mi tía se formó su mundo!,... un mundo que no existía, pero que sin duda la ayudó a llevar su carga más ligeramente.

Hasta el momento en que mi hermano llegó a darme la noticia, pensé entonces que esas cosas que antes me parecieron graciosas... eran debidas a mi tía. Dos noches después de recibir la noticia, exactamente el viernes cuando las luces de la casa ya estaban apagadas, mi marido y yo escuchamos ruidos en el recibidor de la casa, como si alguien estuviese moviendo las cosas que teníamos ahí. Bajé a ver de qué se trataba y por supuesto que no vi nada ni a nadie. Pero sentí que de nuevo se trataba de mi tía.

El domingo al mediodía mi mamá y yo estábamos sentadas a la mesa, platicando precisamente de la salud de mi tía, ese día, desde la mañana, habíamos estado recibiendo llamadas de parientes que nos avisaban el estado en que se encontraba. Cerramos los ojos para pedir por ella en silencio y de pronto la puerta de la entrada se abrió muy despacio se quedó así unos 10 segundos y se volvió a cerrar. En ese momento nos llamaron para avisarnos que mi tía había fallecido.

Al otro día, fuimos al funeral. Creo que jamás olvidaré como fue que vi a mi tía en el ataúd... era como si a un esqueleto lo hubieran forrado con piel. Esa enfermedad la había consumido por completo. Lloré mucho, me sentí mal... ¿por qué no hice más por ella? ¿por qué no la visité mas? ¿por qué no la llamé con más frecuencia? Yo la quise mucho, ¡cómo no!, si me pasé todos los años de mi infancia y parte de mi adolescencia conviviendo con ella...

Esa noche, después de su entierro, pensé que se había quedado sola en aquella inmensa maraña de tumbas... llovía y pensé que tendría frío, que se sentiría abandonada... con cada cosa que pensaba mi dolor crecía. Cerré los ojos, para rezar por ella y tratar de sentir alivio... pero la vi ahí al pie de mi cama, mirándome de esa forma amorosa en que siempre lo hizo... me sentí miserable, y aunque me dio miedo, hubiera dado todo por poder abrazarla. Abrí los ojos, y confirmé que no había nadie más en la habitación.

Desde entonces, cuando no me puedo dormir, al cerrar los ojos, puedo ver a mi tía sentada a los pies de mi cama. No me da miedo, sé que nunca me lastimaría ni me haría daño... pero siento mucha tristeza.

Quisiera dejar de verla, quizá hay algo que no la deje descansar en paz, pero no sé qué hacer... o cómo actuar. Sólo sé que la muerte de mi tía me ha dejado una gran lección... nunca debo dejar para el final, el decirle a alguien lo mucho que lo quiero y lo importante que es para mí... después... puedo sentir remordimientos, por no hacerlo a tiempo... cuando pude.
 

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G. P. (Monterrey, Nuevo León. México)
Hola Ady... es muy conmovedora tu historia, es cierto que cuando uno pierde a un ser querido, se pregunta muchas cosas: ¿Por qué no hice? ¿Por qué no le dije? ¿Por qué?... pero ahora ya no hay respuesta. Yo perdí físicamente a mi hermano hace 1 año 9 meses, y aunque sé que siempre estará conmigo, SIEMPRE me pregunto lo mismo: ¿Por qué no pasé más tiempo con él? ¿Por qué no lo ayudé como él quería? Pero así es la vida, no hay resignación, porque jamás habrá resignación ante tal pérdida física, pero ánimo y recibe un beso y un abrazo desde Monterrey. Voto por tu historia. G.P.
 

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