EXPERIENCIAS PERSONALES DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
Brasil II, en mi propia piel
Annie (Madrid. España)
Segunda parte del anterior, también en Rio y con Manuel y su familia como protagonistas...

Si habéis leído la historia anterior, el actual también se desarrolla en la ciudad de Río de Janeiro, aunque ya en una casa distinta.

Hace algún tiempo decidí pasar las vacaciones en casa de mi tío, en Rio, disfrutando de aquel maravilloso clima y ese increíble país. Lo que ocurrió no sé si es paranormal, pero al menos sí resultó bastante curioso.  Mi tío y su ya esposa vivían en el piso duodécimo de un barrio residencial de la ciudad. Era un dúplex de unos 250 metros cuadrados, con una pequeña escalera de caracol que comunicaba la planta baja con las habitaciones, en el piso superior.

Una noche, debido al calor, yo no lograba dormirme y, desvelada, daba vueltas en la cama sin parar. Mi habitación era muy amplia y ocupaba el final del pasillo, no muy largo. Junto a mi cuarto, se encontraba el de mi abuela, una señora de casi noventa años que sin duda dormía plácidamente, y junto a éste, el del matrimonio. El silencio era total, salvo por el ruido de los coches que pasaban por la calle, cuando de pronto empecé a escuchar pasos en el pasillo.

Aquello no me sorprendió en un principio, aunque más que pasos parecían carreras algo aceleradas. A veces se acercaban más, se detenían y volvían a alejarse, escuchando claramente cómo bajaban la escalera para volverla a subir en pocos segundos. Mi primer pensamiento fue que se trataba de mi tía, que era sonámbula, lo que no dejaba de violentarme un poco, pues los sonámbulos me causan un cierto repelús. Intenté no prestar más atención a aquel arrastrar de pies y no sé cuándo exactamente desapareció, pues debí de quedarme dormida. Lo gracioso del asunto, hasta ahora muy normal, ocurrió al día siguiente.

Cuando estábamos desayunando, mi tía me comentó...
- Anda, que anoche, ¡vaya paseos te diste! Te escuché ir y venir por el pasillo e incluso bajar la escalera, ¡qué valor!
(Añadiré que mi tía es muy miedosa y por la noche no solía bajar al piso inferior)
- ¿Cómo dices? ¡Pero si yo pensaba que eras tú sonámbula y por eso ni me atreví a levantarme! - le repliqué.

Comentamos el hecho durante un rato, riéndonos incluso y bromeando con la idea de la visita de un supuesto fantasma, ya que: ella no había sido, pues también escuchó las pisadas. Mi tío, tampoco, pues dormía junto a ella. Y mi abuela... en fin, es demasiado mayor para corretear y jamás ha padecido sonambulismo. Así que, si yo tampoco fui... ¿quién recorrió el pasillo aquella noche?.


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