HOLA
KRUELA, ESPERO TE ENCUENTRES BIEN, QUIERO DARTE LAS GRACIAS POR PUBLICAR
MI ANTERIOR RELATO DEL FRAILE, ADEMAS DE FELICITAR Y SALUDAR A TODAS LAS
PERSONAS QUE ACUDEN A ESTE SITIO PARA DELEITARSE CON TUS HISTORIAS, ¿SABES?
LA SIGUIENTE HISTORIA SE DESARROLLA EN LA CIUDAD DE GUANAJUATO, QUE ES
MUY FAMOSA EN MI PAIS, YA QUE FUE UNO DE LOS PRIMEROS SITIOS QUE SE HABITARON
DEBIDO A QUE HAY YACIMIENTOS DE ORO Y PLATA, QUE EN SU EPOCA FUERON MUY
RICOS. BUENO, SIN MAYOR PREAMBULO TE CONTARE ESTA LEYENDA:
(*
NOTA:
Un chinaco es el equivalente
a lo que sería un vaquero norteamericano)
Salvador Mejia
era uno de los hombres más ricos de la región, pues además
de que su familia era de las de mayor tradición y de abolengo de
Guanajuato, éste contaba con una basta fortuna producto de las minas
que había heredado de sus padres, y por si fuera poco era un adicto
a los juegos de azar y a visitar los prostíbulos de la ciudad.
Pasaron los
años y Salvador sintió la necesidad de casarse y tener descendencia,
por lo cual buscó una joven moza a la cual desposar. Su búsqueda
rindió frutos y en una fiesta elegante conoció a Beatriz
quien era la hija de uno de los hombres más respetables de la región,
pero cuya fortuna había venido a menos por las malas inversiones
realizadas por su señor padre. Ni tardo ni perezoso Salvador
comenzó a cortejar a Beatriz, quien no veía con buenos ojos
a Salvador ya que tenía un defecto de nacimiento, un ojo de color
azul y uno verde, pero debido a las circunstancias económicas que
tenía la familia, pues tuvo que acceder.
Durante el
tiempo que duró el cortejo, Beatriz no se resignaba a su suerte
y acudía con cierta regularidad a la iglesia a orar para mitigar
su pena. Cuentan que por esos días y previo a la boda llegó
a la región un joven mestizo de nombre Jose quien era muy apuesto
y gallardo, pero sin fortuna alguna. Este joven acudió a la iglesia
a dar gracias por haber regresado a la tierra de sus padres con bien, y
coincidió con Beatriz. La belleza e ingenuidad de Beatriz más
que intrigarlo lo apasionaron y durante días enteros no podía
apartar el rostro angelical y perfecto de dicha criatura de su mente.
Una vez debidamente
instalado en una posada indagó quién era esa joven, a lo
cual no faltó el indiscreto que le comentó la triste historia
de Beatriz, ante la cual él se conmovió profundamente. Jose
consiguió empleo de capataz en una de las minas de la región
y cierto día se percató del mal trato que recibían
los mineros a manos de los demás capatazes, ante lo cual protestó,
y lo único que consiguió fue una reprimenda muy severa por
parte del patrón que no era otro más que Salvador.
Los días
pasaron y un día Beatriz, al llegar a su casa, encontró a
su padre muerto en el despacho de su casa. Después de enterrarlo
debidamente pensó que el compromiso estaría cancelado,
sin embargo se equivocó ya que Salvador hizo uso de la palabra
empeñada por el padre de Beatriz para consumar el matrimonio a la
fuerza, y ocurrió que durante la noche de bodas Salvador, ahogado
de borracho, abusó de Beatriz, quien cayó en una profunda
depresión ya que ella no se había imaginado que de esa forma
sería su noche de bodas. De esta manera intentó suicidarse
buscando un peñasco cercano a las minas, decidió saltar,
pero fue observada por Jose quien al verla saltar acudió en su rescate.
Afortunadamente sólo había recibido algunos golpes y rasguños.
La llevó
a la posada donde un médico la atendió. La noticia corrió
como la pólvora y llegó a los oidos de Salvador quien
encolerizado llegó a la posada, a la cual penetré golpeando
e insultando a todos los presentes. Al ver a Jose y reconocerlo por su
anterior actitud con los trabajadores lo golpeó en el rostro
con el fuete que usaba para su caballo, dejándole una marca.
Intentó hacerlo nuevamente pero esta vez Jose le detuvo la mano
y con voz firme le dijo:
- ¡Hágalo
de nuevo y se muere!
Dicho esto lo obligó a bajar la mano y a retirarse con su esposa
convaleciente quien durante todo el camino a casa no dejaba de olvidar
las palabras de este joven trabajador que había osado enfrentar
al señor y amo de la región.
Días
más tarde hubo una explosión en una de las minas, y entre
los heridos estaba Jose, quien fue atendido, pero tuvieron que amputarle
la mano izquierda. Aprovechando las continuas juergas de su marido,
Beatriz visitaba en silencio y por las noches a Jose, de quien se enamoró
perdidamente y a quien se entregaba en cuerpo y alma. Al ver el cambio
de actitud de su esposa al verla tan alegre, Salvador decidió realizar
un viaje a la capital, pero se enteró por otro capataz de la
traición de su esposa, por lo cual optó por asesinar a Jose
y para ello contrató a varios rufianes de la región
quienes una noche oscura entraron a la posada y dieron muerte a Beatriz
e hirieron gravemente a Jose. Más tarde Salvador se enteró
de la noticia a la cual no le dio mayor importancia, ya que pensaba que
Jose no llegaría muy lejos.
Días
después en la mina comenzaban a correrse los rumores de que se
aparecía un chinaco vestido de negro, a quien además
le faltaba la mano izquierda y evitaba que los trabajadores siguieran laborando.
Salvador decidió enviar a uno de sus capatazes de confianza, pero
éste nunca regresó; así pues envió a otro y
el resultado fue el mismo. Intrigado, convenció a los individuos
que participaron en el asesinato de Beatriz, para que estos fueran a investigar,
ninguno regresó. Salvador, encolerizado, se adentró en la
mina, donde descubrió exactamente en lo más profundo de la
mina los cadáveres de las personas que osaron adentrarse. Se encaminó
temeroso rumbo a la salida de la mina, cuando de repente se topó
con el famoso chinaco.
Tenía
el rostro putrefacto, pero con una cicatriz en lo que antes fue su rostro
y además le faltaba una mano, pero en la otra llevaba un machete
con el cual cortó la mano izquierda de Salvador, quien con el muñón
sangrante salió despavorido de la mina ante la mirada atónita
de sus trabajadores. Al recuperar el aliento y salir del shock en
el que se encontraba mandó dinamitar la entrada a la mina, lo cual
realizaron sus trabajadores. La mina quedó clausurada, sin embargo
al transcurso de los años Salvador contrajo nuevamente nupcias con
una joven prostituta del pueblo, de la cual tuvo un hijo, y una noche al
irse a la cama a descansar encontró en su alcoba a su hijo muerto
en la habitación, y en un rincón a su esposa llorando. Mientras
se cubría el rostro, al tomarla en sus brazos e interrogarla la
miró a la cara y descubrió una cicatriz que le atravesaba
el rostro. Esto lo hizo salir corriendo a su despacho, en donde se
encontraba su arma. Al tomarla y darse la media vuelta descubrió
a ese ente que lo miraba fijamente. Salvador intentó moverse,
pero sus piernas le impedían moverse y descargó toda la carga
de su pistola, el silencio reinó.
A la mañana
siguiente fue encontrado con una cicatriz que le atravesaba el rostro,
cuentan que hasta la fecha en los alrededores de la mina se suele aparecer
por las noches la figura espectral de un chinaco vagando en busca del descanso
de su alma, yo por las dudas no paso por ahí cuando estoy de
visita en esa ciudad.