Me
gustaría compartir una de muchas leyendas que mi papá me
contó.
No sé
si haya otras versiones, pero la que yo sé dice así.
Cuentan que
en un pueblo en el estado de Hidalgo, hace muchos años, época
en la que existían grandes haciendas en las que los habitantes de
la región vendían su vida trabajando en ellas, existía
un matrimonio de campesinos. La señora creía bastante
en que el día de muertos sus familiares venían del más
allá y compartían lo que les ponía en su altar,
pero su marido era una persona que nunca creía en eso, decía
que eran inventos de los comerciantes para vender más.
Cuentan
que días cercanos al 2 de noviembre la señora le pidió
dinero a su marido para poner su altar de muertos, pero el señor,
necio en sus creeencias, le dijo que él no gastaba su dinero en
eso, que si ella quería buscara de donde quisiera.
Por lo que
la señora decidió ir al monte y cortar unos ocotes, para
prenderlos, simulando unas veladoras, y cortó del campo unos quelites
que guisó con tomates. La señora colocó su altar y
se fue a dormir, pero el señor ya harto de la duda prefirió
espiar para ver si era verdad que sus parientes del más allá
llegarían.
Cuentan que
ya entrada la noche después de estar espiando por la ventana un
buen rato vio y escuchó que las calles se iluminaban y que venía
mucha gente, como una procesión de personas, que nunca había
visto. Al frente venían personas que cargaban comida exquisita,
llevaban veladoras grandes, calabaza, mole, y muchos guisos más.
Conforme avanzaba
la fila venían personas con comidas de menor esplendor y hasta atrás
el señor logró ver a sus parientes que con trabajo venían
alumbrándose con unos ocotes y comiendo unos pocos quelites.
El señor
quedó traumado desl susto. Dicen que al día siguiente
sólo logró decirle a su mujer que agarrara el dinero necesario
para poner su altar y cayó muerto al parecer de susto.
Espero que
les haya gustado y les mando una felicitación por su página.