DE LA SEDUCCION Y LA PERVERSION EN LA INOCENCIA 
Artículo sobre la seducción y  la perversión infantil, la naturaleza de las "lolitas"
Por María Silvestre 
Tapémonos los ojos, los oídos, la boca. Censurémonos. La valentía queda para unos pocos y no somos unos de esos precisamente tú, el que lees y yo. No, dejemos que piensen por nosotros, que elijan por nosotros, en un mundo donde What a Wonderful World de Louis Armstrong, puede llegar a  perturbar nuestra paz, nuestro mundo del Nunca Jamás, donde las batallas son de mentira y donde el Capitán Garfio es el único terrorista, y además siempre pierde.

La falta de decisión de nuestra sociedad, en la que vivimos una juventud distorsionad, fuera de los límites de lo que físicamente determina la adolescencia o juventud, donde encontramos, adolescentes con aspecto de niñas, niñas con aspecto de mujeres, adolescentes de 40 años, es lo se ha venido a llamar, “Síndrome de infantilismo” o “Complejo de Peter Pan”.

Este aspecto se aborda en algunas de mis obras como el díptico “Con unos años más como ella seré y mientras jugaré a ser como ella”. Sin embargo, el tema más destacado y obsesionante de mi obra son los factores de seducción y perversión que implican la fugacidad de la preadolescencia en las niñas y su complicada manera, tantas veces censurada, de entenderse en la sociedad, el arte o la literatura. Vladimir Nabokov, lo sabía. Cuantas veces  tuvo que defender su Lolita, de ser una celebración de la pedofília o de novela pornográfica.  Lolita no es ciencia-ficción pero si es ficción y si las obras pueden resultar depravadas, no significa que todos sus autores sean o seamos el Marqués de Sade. Como en la literatura, también en el arte se crean ficciones.

La eterna juventud, la eterna seducción de lo imposible. Es otra vida para siempre, en la que la enfermedad, ni la muerte, podrían volver a tocarte, nunca más, en palabras de Lestat, vampiro protagonista de la serie de novelas que conforman las Crónicas vampíricas, de Anne Rice, interpretado en la película Entrevista con el vampiro por Tom Cruise. En ellas, Claudia (interpretada por Kristen Dunst), la niña vampira, es un ser de tremendo patetismo, encarcelada en el vampirismo, en el don de las tinieblas como Louis (otro vampiro creado por Lestat e interpretado por Brad Pitt) las llama, donde residen las almas, si las tienen,  de estos seres místicos inmortales. Claudia es convertida en vampira, como única salida diferente a la de la pobreza o la propia muerte, pero  también privada  de crecer, de abandonar la niñez y convertirse en mujer, con todo lo que ello implica.

Su nacimiento como vampira es tan primigenio, tan original, como el que tuvo con su madre humana y mortal. Pues a diferencia de Louis, ella no tiene recuerdos aparentes de hechos representativos de una vida mortal. Y más que convertirse, nace con la naturaleza más inocente del vampirismo, terriblemente bella, infantil, impulsiva, caprichosa, feroz asesina, chupa sangre, fetichista entre la necrolatría y la necrofilia; es decir, a los ojos humanos, como un monstruo.

Y así viven, Claudia, Louis y Lestat, en las tinieblas de la perversidad. Pero  después de décadas de niñez vampírica a Claudia, la niña eterna, le llega el día en que desea los cambios en su cuerpo que nunca llegarán.  Y sus preguntas obtienen respuestas,... ves a esa anciana, tú nunca llegarás a eso, nunca envejecerás y nunca morirás... le explica Louis, con lo que Claudia concluye ... también significa otra cosa, que yo jamás creceré...  comprendiendo así sobre la perversidad de su naturaleza.
 

Pero sigamos preguntando. ¿Cuál es la naturaleza pues, del vampiro?. Su por qué. Al parecer estos, de los que hablamos, son vampiros perdidos en la ignorancia de su verdad. Donde las reflexiones sobre la naturaleza del bien y del mal, no obtienen respuesta.  Louis le recrimina a Lestat haberle condenado al infierno, a lo que él le contesta no conocerlo. Tampoco el vampiro Armand (interpretado por Antonio Banderas), al que Louis conocerá en París, le contestará a las preguntas. Nada, ningún secreto, ninguna revelación de condene o salve sus almas. En conclusión, Lestat, sólo sabe actuar según su naturaleza, haz lo que tu naturaleza te dicte (...) la maldad es sólo un punto de vista, Dios mata indiscriminadamente y nosotros también. Por que ninguna criatura de Dios es como nosotros, ninguna se parece tanto a él, como nosotros. Al fin y al cabo es su naturaleza. Lo que ven a través de sus ojos no es la realidad mortal, no se puede explicar, es como preguntarle al cielo que ve, ningún humano puede saberlo explica Louis a su entrevistador.

Es inevitable comparar a los vampiros con los dioses olímpicos. Estos últimos  son poseedores de una conducta repleta de perversiones, chantajistas, mentirosos, pederastas, violadores, zoofílicos y seductores,  son dioses/as jóvenes por defecto, niños como Claudia o jóvenes como Louis y Lestat. Todos ello, dioses y vampiros, carecen de infancia y vejez,  y la temeridad guía sus vidas debido a una falta de conciencia sobre la muerte, en todos los sentidos.

Lo que nos cautiva y horroriza de estos seres torturados, es la seducción de su naturaleza misteriosa, más que la perversión en sí misma. Por que ¿dónde está el misterio?. Baudrillard diferencia, la seducción de la perversión en este punto clave, en el secreto no desvelado y ese misterio nos hace preguntar y preguntarnos por su esencia. El misterio nos plantea preguntar sobre él y no hay nada más seductor que aquello a lo que no le encontramos respuesta.

Las preguntas de Claudia, están movidas, por la seducción y por un grado de conciencia humana que parece surgir al comparase con los mortales, y de manera brutal, su conciencia infantil vampírica  se transforma en la de una  anciana mortal en cuerpo de muñeca inmortal, invariable. En ese conflicto, sobre su naturaleza  su edad y su cuerpo, nace un deseo diferente al de la sangre y es el de codiciar lo que no se puede poseer.  Desea tener el cuerpo desarrollado de la joven criolla de los muelles de Nueva Orleáns. Su deseo es saciado en un principio, quitándole la vida, desposeyéndola de su aliento vital, desangrándola como al resto de sus víctimas. Pero ello no es suficiente, así que la lleva a su casa y sobre su cama la acomoda junto a sus muñecas de porcelana, convirtiéndola en su fetiche pútrido. Si no puede ser como ella, solo le queda poseer a su muñeca muerta. He aquí el fetichismo necrófilo que anteriormente señalé. Este es el caso también de Búfalo Bill, el asesino sistemático de El silencio de los corderos, el cual ante la imposibilidad de obtener un cuerpo de mujer, decide fabricarse uno con la piel de sus víctimas, proyectando sus deseos frustrados y transformándolos en una satisfacción sucedánea.

Estos seres eternos, atemporales, sólo existen en el País de Nunca Jamás. Al fin y al cabo, son mundos de la imaginación, en los que sólo se pueden encontrar aquellos capacitados para morir mortalmente  y vivir inmortalmente. Conscientes o no de lo que quieren o no quieren ser, inconscientemente perversos, demoledoramente perturbadores, juegan con la moralidad humana haciéndola dudosa o variable y tentando a todo aquel que se atreve a destaparse los ojos, y mirar, escuchar y abrir la boca para preguntar sobre ese secreto, del cual no va a encontrar respuesta.
 

 BAUDRILLARD, J. De la seducción. Col. Teorema. Cátedra. Madrid. 2000
 
 
"Las niñas de Lawn Road" (pintura)
 
 
"Plastic Lolita
(fotografía)

 

pintura y fotografía 
(c) María Silvestre

 
SILVESTRE, María. "De la seducción y la perversión en la inocencia". Texto al catálogo de la exposición individual  de pintura y fotografía La inocencia censurada. Galería Edgar Neville. Alfafar. Valencia. 2002.
© Kruela (Ciberanika.com)


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